SEÑALES DE HUMO
A Piqué lo han hostigado desde la cúpula del PP en Madrid con una inquina y mala fe dignas de mejor causa
Y resultó que Piqué tiene su orgullo y al final, después de tantas malas pasadas, de tantas humillaciones y tantos insultos, ha tirado la toalla, dejando ciertamente plantado a Rajoy, un Rajoy que, por lo demás, ha acumulado méritos más que suficientes para que le sucediera lo que le acaba de suceder. Así es como, Piqué, sin duda el más brillante y preparado de los hombres que el PP o sus formaciones antecesoras han tenido en Cataluña, también caía. Puede alegarse que, a diferencia de otros, a él no lo han echado, pero eso, la verdad, depende de cómo se mire, pues lo han hostigado con una inquina y mala fe dignas de mejor causa.
El PP catalán sigue revelándose como una auténtica máquina de triturar líderes, algo que, contra lo que pueda parecer, no es una maldición, ni siquiera mala suerte. Es producto de un funcionamiento férreamente centralizado y que niega cualquier autonomía organizativa, económico-financiera o estratégica a sus sucursales territoriales.
Un partido que no sólo es alérgico a la diferencia, sino que además tiene -porque cree que es rentable; porque le sale de dentro- la tormenta anticatalana entre sus armas electorales preferidas, algo que sabotea permanentemente cualquier trabajo serio que el responsable catalán de turno pretenda acometer.
La historia no ha dejado de repetirse obsesivamente.
El 13 de octubre de 2002, con motivo del encumbramiento de Piqué como presidente del PPC, un servidor escribía en estas mismas páginas: «Las sucesivas direcciones catalanas intentaron que Madrid les otorgara su confianza y las dejara de ver como si de una mera franquicia se tratara. Pero todos fracasaron. Igual que les ocurrió a los demás, si Piqué no dispone de mayor autonomía para diseñar y gestionar su proyecto, le será imposible hacer que el partido escale posiciones. No obstante, si no es capaz de ofrecer resultados, difícilmente la dirección central dará mayor autonomía al PPC. Es un pez que se muerde la cola».
Se lo intenté explicar hace unos días en Madrid a un confeso y muy destacado dirigente aznarista mientras cenábamos en un restaurante. La ocasión se presentó al confesar él su añoranza de Vidal-Quadras. Luego de hablarle del pez que se muerde la cola, añadí que, en mi opinión, con Vidal-Quadras o algún personaje por el estilo tal vez obtendrían buenos resultados electorales a corto plazo, pero al precio de tocar techo muy pronto. Con Piqué y una estrategia de centralidad y normalización del PP en Cataluña habría que ubicarse mentalmente en el medio y el largo plazo, pero con la ventaja de tener por delante un recorrido electoral mucho mayor.
A Josep Piqué le han impuesto una estrategia agresiva, exacerbadamente españolista, muy conservadora, que, amén de ser una mercancía difícil de vender en Cataluña, no es con lo que él se siente más cómodo. En resumen: el de Vilanova es un pianista al que han obligado a tocar el violín o, quizá más ajustadamente, la zambomba. Por otra parte, resulta un auténtico sarcasmo que Acebes, quien con sus engaños sobre el 11-M fue uno de los causantes de los horribles resultados que el PP registró en Cataluña tres días después de la tragedia, haya protagonizado el asedio contra Piqué. Más aún si tenemos en cuenta que, en el 2000, con el dimitido Piqué de cartel, los populares catalanes sacaron los mejores resultados de su historia en unos comicios legislativos españoles.
© Mundinteractivos, S.A.

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