El PNV se mueve de nuevo en el filo de la navaja, de Cayetano González en El Mundo
El enfrentamiento abierto entre Imaz e Ibarretxe recuerda al de Arzulluz y Garaikoetxea que acabó en escisión en 1986
Cuando el pasado domingo, el presidente del Euskadi Buru Batzar del PNV, Josu Jon Imaz, pegaba un puñetazo encima de la mesa, en forma de artículo de prensa, en el que le decía tan clara como contundentemente al lehendakari Ibarretxe que se fuera olvidando de llevar a cabo un referéndum en el País Vasco mientras persistiera la violencia de ETA, temblaron todas las estructuras de un partido que, el próximo día 31, cumplirá 112 años de existencia.
Muchos cargos públicos y bastantes militantes del PNV no pudieron evitar, al ser conscientes del órdago que Imaz le lanzaba a Ibarretxe, rememorar la última escisión sufrida por el partido, en septiembre de 1986, y de la que nació Eusko Alkartasuna -formación política liderada entonces por Carlos Garaikoetxea y actualmente por Begoña Errazti-.¿Está el PNV de 2007 en la misma situación de entonces? ¿Las diferencias y las personalidades de Imaz e Ibarretxe son comparables a las de Arzalluz y Garaikoetxea, verdaderos protagonistas de la crisis de hace 21 años? ¿Hay peligro de una nueva escisión en el partido mayoritario de Euskadi? Éstos son algunos de los interrogantes que cabe plantearse ante lo que es más que un hecho: la estrategia política del actual presidente del PNV no coincide con la del lehendakari. Históricamente, en el PNV, esas diferencias entre la bicefalia siempre se han resuelto a favor del presidente del partido. ¿Pasará en esta ocasión lo mismo?Afirmar que el PNV está al borde de una nueva escisión sería mucho afirmar, pero minimizar la evidente crisis que está abierta en su seno tampoco solucionaría nada. Electoralmente, el PNV no solamente no ha crecido, sino que ha retrocedido en las últimas elecciones municipales, lo que no significa que eso se haya traducido en pérdida de poder, porque a la espera de lo que suceda la próxima semana en la Diputación Foral de Alava, el PNV mantiene el mando en las Diputaciones de Vizcaya y Guipúzcoa, en la Presidencia de las Juntas Generales de Vizcaya y en un buen e importante número de ayuntamientos del País Vasco.
Aunque como dice el refrán, todas las comparaciones son odiosas, resulta evidente que Ibarretxe no es ni mucho menos Garaikoetxea. No tiene ni su peso político ni su carisma como líder. También es verdad que el político navarro fue el primer lehendakari después de la Transición política, recién aprobado el Estatuto de Autonomía de Guernica, con una sociedad vasca que necesitaba entonces de un fuerte liderazgo político e institucional, y Garaikoetxea supo ejercerlo. Dos décadas después, esa misma sociedad vasca ve las cosas de la política de otra manera, con más distancia, con más escepticismo, fruto en gran parte del cansancio y hastío que produce la presencia todavía de ETA y de todo lo que la banda representa.
En cuanto a Imaz, tampoco es comparable a Xabier Arzalluz. Pertenece a otra generación -él fue presidente de EGI, las juventudes del PNV, cuando Arzalluz lo era de todo el partido- ha viajado más, ha sido europarlamentario, ha sido consejero del Gobierno Vasco y, en definitiva, su trayectoria personal y política es muy diferente al otrora poderoso dirigente nacionalista. Imaz tiene también un talante distinto a Arzalluz: es más amable, menos arisco, más conciliador, pero que nadie se engañe, es igual de nacionalista y si no, no estaría presidiendo el PNV.Lo que sucedió en la escisión que sufrió el PNV en 1986 es que en la dirección del partido se empezaron a asustar del imparable crecimiento de la figura política de Garaikoetxea, liberado entonces de la disciplina del partido. Esa preocupación se acentuó cuando se empezó a debatir internamente la denominada Ley de Territorios Históricos (LTH), que regulaba las competencias y las relaciones que debían de existir entre el Gobierno Vasco y las diputaciones forales de Alava, Vizcaya y Guipúzcoa.
Garaikoetxea era partidario de potenciar y fortalecer, de centralizar el poder en el Gobierno Vasco. Por el contrario, la dirección de su partido -acogiéndose a lo que había sido una tradición histórica- se inclinaba más en primar las competencias de las diputaciones forales -todas en sus manos en aquellos momentos- en detrimento del Gobierno de Vitoria. La discusión sobre la LTH fue el ropaje con el que se envolvió algo que latía en el fondo de muchos dirigentes del PNV. Con Garaikoetxea, ¿habremos creado un monstruo que se nos está yendo de las manos?, amén del enfrentamiento personal que existía entre el entonces lehendakari y el máximo dirigente del partido, Xabier Arzalluz. Se tomó una decisión arriesgada: aprovechar las diferencias existentes sobre cómo debía organizarse internamente Euskadi para ponerle las cosas muy difíciles a Garaikoetxea. Y tanto se estiró la cuerda, que al final se rompió.
El 21 de diciembre de 1984, Garaikoetxea dimitió como lehendakari siendo sustituido por el entonces diputado general de Guipúzcoa, José Antonio Ardanza. 21 meses después nacía en Vitoria Eusko Alkartasuna. Era la tercera escisión que sufría el PNV en su historia. Pero esta última fue la más traumática. Familias políticamente rotas y divididas, con padres que seguían en el PNV y los hijos pasaban a EA y viceversa. Viejas amistades que dejaban de existir.
La consecuencia política más grave de aquella escisión fue la pérdida de la hegemonía por parte del PNV. Hasta entonces, gobernaba en solitario gran parte de las instituciones vascas, porque tenía mayoría absoluta. A partir de la ruptura, tuvo que empezar a hacerlo en coalición. En el Gobierno Vasco, por ejemplo, estuvo 12 años gobernando con el PSE y, en los últimos nueve, con EA o IU.La situación actual, ¿es comparable a la de entonces? ¿Se podría llegar, caso de mantenerse el pulso entre Imaz e Ibarretxe, a una nueva escisión? En primer lugar, habría que decir que el PNV es un partido impredecible y cualquier cosa puede pasar. Imaz ha entendido que entre las dos almas que históricamente le han adjudicado a su partido -la del pragmatismo autonomista y la del radicalismo independentista- los tiempos que corren tanto en Europa como en España como en la propia Euskadi aconsejan apostar por la primera, lo que llevaría aparejado atemperar el discurso independentista y volver a entenderse con quien gobierna en Madrid.
Para que ese entendimiento sea factible, planteamientos tan radicales como los que ha pretendido Ibarretxe con su manido Plan, o con su empeño de llevar a cabo un referéndum, aunque persistiera la violencia de ETA, son claramente un obstáculo. Y eso es lo que Imaz ha querido atajar con su contundente pronunciamiento público de hace siete días.
Además, en cuanto a la política de pactos en Euskadi, Imaz emite señales que indican su escaso entusiasmo por el actual tripartito que conforma su partido con EA e IU.Si por él fuera, volvería a entenderse con el PSE e incluso no descartaría apoyar al PP en Madrid, si este partido ganara las próximas elecciones generales. Ya lo ha dicho en público, y en privado, a Rajoy. Por contra, la apuesta de Ibarretxe y de Egibar es seguir con el actual tripartito, y si Batasuna fuera legal o su tapadera ANV estuviera en el Parlamento Vasco, tampoco le harían ascos a colaborar con ellos.
La cuestión que está por ver es si el actual lehendakari afloja en su postura o se decide a tensar la cuerda, con el riesgo de que se acabe rompiendo, como ocurrió en 1986.
Así las cosas, hay dos fechas claves en el futuro inmediato que servirán para constatar hasta dónde puede llegar la crisis más que larvada que sufre el PNV. La primera fecha será el último viernes de septiembre, que es cuando tradicionalmente se celebra el Debate de Política General en el Parlamento Vasco. Será entonces cuando Ibarretxe confirme o no si mantiene su promesa de llevar a cabo el referéndum antes de mayo de 2009, que es cuando acabaría la actual legislatura vasca.
La segunda fecha clave será diciembre de este año, cuando culmine la elección del nuevo Euskadi Buru Batzar y de su presidente. Nada hace pensar a día de hoy que no se vuelva a reproducir la batalla entre Egibar e Imaz. La correlación de fuerzas está muy igualada y, por tanto, cualquier resultado es posible. Si gana Imaz, muchas cosas pueden cambiar en el devenir de la política vasca. Algo que también se puede decir, aunque en otra dirección, si el que resulta vencedor es Egibar. Y gane quien gane, o pierda quien pierda, ¿hay riesgo de una nueva escisión en el PNV? Para poder despejar esta incógnita es cuestión de esperar muy pocos meses.
Intimamente ligada a la resolución de la crisis está la cuestión de quién será el candidato del PNV a lehendakari en las elecciones de mayo de 2009. Si Ibarretxe pierde el pulso lo más lógico es que se vaya a su casa. Y si lo gana, dependerá exclusivamente de él seguir. Sin duda, Egibar le apoyaría para que repitiera. En cualquier caso, si hay un problema que no tiene el PNV es el de banquillo. Candidatos hay para ser el próximo inquilino de Ajuria-Enea.
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