TESTIGO IMPERTINENTE
César Antonio Molina, nuevo ministro de Cultura, tiene más amigos que cargos para repartir.
La novedad del verano es el crucero de los escritores, una especie de 'Gran Hermano' cultural.
Josep Piqué es un catalán de derechas, y eso no se lo han perdonado los catalanes ni la derecha.
Los escritores no suelen hacer el agosto, pero lo intentan. Estoy hablando en general, aunque también podría hacerlo en particular. Por ejemplo: no consta que Alfredo Bryce Echenique haya sido tentado por ninguna universidad de verano para dirigir un taller literario sobre el arte de «cortar y pegar», especialidad en la que el autor de La vida exagerada de Martín Romaña va sobrado. La literatura es un oficio, y tanto empeño hay que poner en hilar palabras como en pegarlas disimuladamente. Vaya pues mi respeto para todos.
Hablando de universidades de verano: no están de capa caída pero lo parece. Su proliferación (brotan como setas) les ha hecho perder gas y fuerza mediática. Hubo un tiempo en que los cursos de verano de la Complutense eran un continuo paseíllo de celebridades. Llegaban a Barajas y se iban directos a El Escorial sin pasar siquiera por el Palace. Cuando Paco Umbral descubrió los cursos de El Escorial se quitó de la Menéndez Pelayo. Santander pillaba a trasmano (entendámonos: a trasmano de Madrid, no de Santander) y según el escritor, en la Magdalena entraba el mar por las persianas y dejaba catarros a la orilla de la cama.
Este año, la cultura inicia agosto con ministro nuevo. Bonita manera de fastidiar las vacaciones. César Antonio Molina está poniendo el Ministerio patas arriba y no hay día que no sorprenda con un nombramiento. Se espera que su pulsión renovadora descanse al menos un fin de semana, así el personal tendrá tiempo para digerir (y comentar) uno de los cambios más protestados: el cese de José Antonio Campos como director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (uf, resuello) y el nombramiento de Juan Marset, hasta ahora delegado municipal de cultura del Ayuntamiento de Sevilla. Un cambio no deseado. Los Flotats y compañía están que echan las muelas.
Ahora las miradas se dirigen a Rosa Regás, directora de la Biblioteca Nacional. Probablemente, ella tampoco resistirá el embate innovador del ministro, que tiene más amigos que cargos para repartir. Mientras hace tiempo y espera, Regás se ha apuntado al crucero de los escritores, una especie de Gran Hermano cultural que se presenta como novedad del verano. La aventura literaria se llevará a cabo en un barco de nombre extranjero (Mir) y surcará los mares de España con el patrocinio del Xacobeo. El que paga, manda, así que los escritores no sólo serán compensados por su participación, sino que obtendrán muchas indulgencias plenarias. La travesía, que lleva por nombre La Traslatio Xacobeo-literaria, evoca la leyenda del traslado de los restos del Apóstol Santiago por el Mediterráneo y el Atlántico. No me imagino yo a Manuel Francisco Reina y a Espido Freire dando cabezazos ante el santo, pero todo es cuestión de ponerse. A lo mejor hasta le cogen gusto.
Participantes, un manojo: los citados Rosa Regás, Espido Freire y Manuel Francisco Reina, amén de Fernando Marías, Gustavo Martín Garzo, Juan Manuel de Prada, Fanny Rubio, Marta Rivera de la Cruz, Luisa Castro, Almudena de Arteaga, etcétera. Viajarán por etapas, y los últimos serán los primeros porque llegarán andando hasta los pies del Apóstol.
En el Mir (un buque escuela ruso) se desarrollarán los debates, pero como no todo va a ser cultura, las actividades lúdicas ocuparán parte de la travesía. A falta de casino y concurso de disfraces, habrá música para el espíritu y gimnasia para el cuerpo. También se enseñará a hacer nudos (lo que yo daría por ver a Prada con la picha hecha un lío). Los figuras podrán hacer ejercicios de estiramiento o trepar airosamente por el mástil. En este sentido, las esperanzas están puestas en Martín Garzo, aunque no se descarta que Fanny Rubio corone el palo mayor emulando a Pinito del Oro. Los organizadores han tenido el buen gusto (pero la poca vista) de no reunir a escritores incompatibles. Lástima. Con lo excitante que sería enfrentar a Javier Marías con Sánchez Dragó o a Trapiello con Gimferrer. Incluso a Pérez Reverte consigo mismo. La vanidad es el mayor espectáculo del mundo.
El llanero solitario
MUCHA QUINA.
Piqué es un catalán de derechas, y eso no se lo han perdonado los catalanes ni la derecha. El final estaba cantado. Tras cuatro años como líder del pepé en Cataluña -tiempo durante el cual ha ingerido continuas sobredosis de quina-, al ex ministro sólo le quedaban dos opciones: o fingirse héroe, o quedar de mártir. Y ha sido lo segundo, aunque el núcleo duro de su partido invierta la carga de la prueba pretendiendo convertirlo en traidor y hereje. Como si no hubiera ya bastantes problemas en Génova. También son ganas.
Josep Piqué fue, hasta el jueves, un costalero de aquel «viaje al centro» en el que Aznar ejerció el papel de Macarena. La operación estaba insuflada de buenas intenciones, pero naufragó y los «armados» de la Macarena sustituyeron enseguida a los costaleros. Piqué, relegado a llanero solitario, hacía filigranas para quedar bien con todos, un papel que requería más cinismo que ideología. Siguiendo con los símiles, lo suyo no era una singladura política: era un vía crucis auténtico. Estos días, en la sede barcelonesa del pepé se ha producido la desbandada. Nada por aquí, nada por allá. Muy pocos militantes acuden a darle el pésame o a mostrar su solidaridad. Ahora , todos han pedido la vez para postrarse ante los hermanos Fernández Díaz.
Piqué se ha refugiado en Puigcerdá, a ver si el cambio de aires le sienta. Allí practica la bicicleta de montaña, un deporte suavísimo comparado con el que le ha tocado practicar hasta ahora: subir a Génova con chinitas en los zapatos. Aunque no hay que fiarse de los políticos. Cualquier noche de éstas, Piqué sufre una ingesta masiva de «santa espina» y amanece de Esquerra Republicana.
© Mundinteractivos, S.A.

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