OBSERVATORIO
El sector energético español es la habitación de los líos. Los últimos bailes en torno a la propiedad de Endesa ya habían dejado muy desdibujada la política oficial del Gobierno: ¿Defiende los campeones nacionales, como declaró Zapatero cuando la alemana E. ON enseñó las orejas con su opa sobre Endesa? ¿Ha cambiado de opinión y ahora comulga con la doctrina de Bruselas contraria a discriminar entre propiedad pública y privada? Para elevar aún más la cota de desconcierto, el minsitro de Industria, Joan Clos, se descolgó el pasado viernes con una resolución sobre el gasoducto Medgaz que satisface al Gobierno de Argelia, propietario de las reservas de gas, y cuestiona las decisiones del regulador español, en este caso la Comisión Nacional de la Energía (CNE), sin que se sepa exactamente la causa de tan extraña decisión.
En el caso de las empresas, las cosas tampoco están más claras. Primero, los constructores, convertidos en accionistas de referencia, o aspirantes, en la mayoría de ellas. ACS en Unión Fenosa e Iberdrola. Sacyr en Repsol y Acciona en Endesa. El futuro dirá si el balance de ello es o no positivo, pero el objetivo de crear un sector energético serio no necesariamente tiene que estar en la lista de prioridades del sector de la construcción.
Tampoco se sabe a qué apuestan las propias empresas energéticas. ¿Tiene sentido empresarial la carrera de Iberdola por el tamaño? ¿Es una garantía de futuro para Endesa el pacto entre Enel y Acciona? ¿Tienen Repsol y Gas Natural planes de futuro conjuntos o por separado?
Y luego están los invitados al banquete, no se sabe si invitados por alguien o presentados por sí mismos. El último en presentarse ha sido el grupo francés Suez, accionista de Gas Natural y, a través de su vicepresidente, en Iberdrola. Tras el desembarco italiano, ¿qué opina el Gobierno de este nuevo movimiento? No se trata de oponerse, simplemente de saber si alguien con responsabilidades públicas tiene claro lo que está pasando.
No cabe la menor duda de que el periodo preelectoral en el que ha entrado el país, y que probablemente se prolongará, con la formación del nuevo Gobierno, hasta bien entrado el año próximo, acentúa la presunción de que nada se va a hacer mientras tanto.
No se trata de resolver en estos meses ninguna urgencia histórica. Pero da la impresión de que muchos se están moviendo sin que el Gobierno parezca tener las cosas demasiado claras. Corre pues el peligro de acabar perdiendo cosas, o empresas, más por dejación que por decisión. Al mismo tiempo, no parece que en el ministerio encargado del tema. en este caso el de Industria, se tengan demasiado claras las cosas. La política es, como mínimo, errática.

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