Un polÃtico para nada incombustible, de Francesc de Carreras en La Vanguardia
EL ESPECTADOR
Hay polÃticos incombustibles. Se trata de aquellos profesionales que no saben hacer otra cosa que estar en polÃtica: concejales, parlamentarios, miembros del aparato del partido, cargos intermedios del gobierno, o ministros y consellers. Donde sea que les manden ahà están ellos: siempre prestos al sacrificio, sin importarles los cambios de cúpulas, las distintas estrategias y tácticas, los tiempos, los años, los siglos. Suelen acabar como senadores, parlamentarios europeos o miembros de los consejos de radio y televisión, que quizá están sólo para eso.
Josep Piqué no es uno de ellos: tiene vida -vida profesional, se entiende- más allá de la polÃtica. Hombre muy inteligente, extraordinario analista de la coyuntura polÃtica, técnicamente más que sobrado, brillante parlamentario. Una rara avis.
¿Recuerdan su mirada en algunas sesiones del Parlament, cuando las cámaras de televisión le sorprendÃan, sentado en su escaño, escuchando las intervenciones de los demás diputados? Su rostro traslucÃa una especie de sorpresa y desdén por lo que se estaba diciendo, de aburrimiento ante un debate que no le interesaba, de una cierta altivez ante las majaderÃas que escuchaba. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, parecÃa estar pensando.
La polÃtica no es el mundo de la inteligencia, aunque en polÃtica hay sin duda personas inteligentes e, incluso, muy inteligentes. En polÃtica se necesitan también personas mediocres pero voluntariosas y entregadas. Los partidos necesitan correosos medios volantes inasequibles al desaliento. Un lÃder de partido -un polÃtico completo- debe ser inteligente pero también debe tener estas otras virtudes: saber atender a los cuadros intermedios, formar equipos, estar en contacto con las agrupaciones, hablar con los militantes. Piqué carecÃa de esta última virtud: no hacÃa ni caso a su ejecutiva, no consultaba a su grupo parlamentario, nunca pisaba un local del partido, ni "perdÃa el tiempo" hablando con afiliados y simpatizantes. Se dedicaba sólo a la alta polÃtica. Grave error para ser un gran lÃder.
Pero hablando de errores, el gran error lo ha cometido la dirección del PP dejando escapar a Piqué. Primero Matas, ahora Piqué. ¿Sabrán incorporar a Rato? Costa ha sido, sin duda, un buen fichaje. La cadena de estropicios que está cometiendo el PP desde que Rajoy insufló vida y esperanza al PSOE, cuando ya tenÃa a Zapatero contra las cuerdas, es de manual de ciencia polÃtica.
Asombra, además, que la dimisión de Piqué les haya cogido por sorpresa. Si lo hubieran tenido preparado, ahora el presidente del PP de Catalunya no serÃa el correoso Daniel Sirera. ¿No sabÃan que Piqué es un polÃtico para nada incombustible, que tiene vida más allá de la polÃtica?

SÃndrome sueco dijo
Carreras tiene su prestigio, no ya polÃtico sino personal, por los caminos, se ha manchado tanto, que sus encÃclicas no son creÃbles. Ha estado URDIENDO a la sombra de C`s desde el 1-N, por lo menos, aunque los más enterados hablan de su intento de traición ya en el mismo Bellaterra.
De todas formas, ha empezado a dar la cara defendiendo al C`s mafioso cuando se denunciaron sus desmanes, eso le confiere el halo de jurista impresentable, obviando la justicia y la ecuanimidad.
Es un agente del socialismo catalán, pero en POSITIVO, sin mácula nacionata, o eso pretende el profesor.
Carreras ha demostrado que es un traidor a los ciudadanos, por mucho que lo quiera disimular, como tantos otros en España, por ejemplo Peces Barbas, buen émulo de él.
Adios, Carreras, y corre que te pillan.
24 Julio 2007 | 03:00 PM