LA POLÉMICA INTERNACIONAL: EL RACISMO COMO ENEMIGO DE LA SEGURIDAD.

La mayor arma contra el terrorismo es la información. Si los musulmanes europeos perciben hostilidad de los no musulmanes, serán más reacios a compartir esa información vital.

Los dos aliados más importantes de Occidente en su guerra contra el terrorismo son Arabia Saudí y Pakistán. Según Los Angeles Times, un 45% de los terroristas suicidas de Irak son saudíes. Pakistán es, por supuesto, donde se ha refugiado Osama bin Laden. Los servicios de espionaje de EEUU dicen, según información de The New York Times, que Al Qaeda se encuentra en su momento más fuerte desde el 11-S. Los neoconservadores norteamericanos denominan islamofascismo a esta agitación creciente en países musulmanes y, por lo que parece, todo lo que hacen ellos y el Gobierno de Bush para combatirla provoca que las cosas vayan a peor, a mucho peor.

Los neocon consideran a Osama bin Laden y a los musulmanes de Europa parte de un mismo ataque a nuestra civilización y han acuñado además la palabra Eurabia para describir su idea de una Europa decadente, invadida, dominada a no tardar por unos musulmanes que ellos ven como violentos, primitivos y espantosamente fértiles. Sin embargo, la realidad es que los musulmanes que hay en Europa no forman parte de ninguna conjura; se encuentran aquí por culpa de la prolongada presencia colonial europea en el Magreb, el sur de Asia y Africa y por la inagotable necesidad europea de mano de obra barata. Gideon Rachman (judío para más señas) ha escrito en el Financial Times sobre el concepto de Eurabia: «Me parece un poco burdo describir así a muchos de mis vecinos de Londres. Mi cartero, el peluquero y el dueño de la tienda de ultramarinos son todos musulmanes. También lo son las niñas que juegan al fútbol en la escuela de mis hijas. Hasta donde yo sé, ninguna de estas personas tiene intención de destruir desde dentro la civilización occidental».

Si este punto de vista parece multiculturalista y relativista, también resulta extremadamente práctico. Como escribió T.E. Lawrence (el de Arabia), «las rebeliones pueden llevarse a cabo con un 2% de la población activo como fuerza de choque y un 98% de simpatizantes pasivos». La mayor arma contra el terrorismo es la información. Es vital para la seguridad de Europa saber quién puede ser un terrorista... y esa información se encuentra en las propias comunidades musulmanas. Si los musulmanes europeos perciben una hostilidad racista en los no musulmanes, del tipo del que lleva implícita la tesis de Eurabia, sufrirá la calidad y cantidad de la comunicación entre las respectivas comunidades y los musulmanes pacíficos (ese 98% de Lawrence y de Rachman) se mostrarán lógicamente reacios a compartir información vital sobre miembros potencialmente violentos de su comunidad (el 2% de Lawrence), lo que a su vez implicará que se produzcan más atentados, lo que a su vez generará aún más hostilidad y, por tanto, aún será menor la información que faciliten... Un círculo vicioso como pocos. En consecuencia, justo después de Al Qaeda, el enemigo más peligroso para la seguridad europea es el racismo.

© Mundinteractivos, S.A.