De Gaulle era un francés que se apellidaba como tal. Sarkozy, que quiere seguir sus pasos, es un francés no de origen. Si el general era un prototipo de las Galias, Sarkozy procede de las llanuras húngaras. De Gaulle era alto, muy parsimonioso y solemne. Sarkozy es de escasa mediana talla, nada ceremonial, movido y rápido. Doctrinalmente quiere adaptarse al pensamiento de De Gaulle, pero su presencia podría recordar a otro inconmensurable francés nacido fuera de Francia y en su juventud partidario de la independencia de Córcega, su isla.
Dejando de lado comparaciones, siempre forzadas, hay que ver a Sarkozy tal como es. No es un improvisador, pues al ejecutar tan rápidamente parte de su programa pone en práctica maduros proyectos. Recuérdese que la tarde del mismo día de su toma de posesión estaba ya en Berlín entrevistándose con la señora Merkel para desatascar el carro de Europa. Como el movimiento se demuestra andando, a los dos días pasaba por Madrid y por otras capitales europeas.
De Gaulle era mucho más protocolario y, por consiguiente, más lento, esperaba los encuentros en París más que correr detrás de ellos. Uno de los últimos viajes de Sarkozy, de los que nos enteramos una vez realizados, ha sido el de Argelia y Túnez. En uno y otro lugar ha hablado de la Unión Mediterránea, proyecto y convenio entre la España sureña y el norte de África, que pide a gritos al establecimiento de un ampliado espacio de proyección europea. Cierto que Sarkozy en Argelia ha hablado, como también en Madrid, de cooperación antiterrorista. En Argelia ha habido últimamente grupos islámicos amenazadores.
Los europeos no quieren perseguir a los de Al Qaeda en sus reductos, sino defenderse en sus propios territorios puesto que, además, es en ellos donde han surgido ataques como los de Madrid y Londres. El 11-S del 2001 los terroristas de las Torres Gemelas y el Pentágono salieron de las bases de Al Qaeda situadas en Afganistán. Bush quiso contraatacar desembarcando en Afganistán removiendo, con ello, una situación que al pasar a Iraq se convirtió en la gran tragedia actual.
Sarkozy sabe que la política también es espectáculo y días atrás habló desde Épinal. En esa ciudad, famosa por sus estampas, De Gaulle en 1946 atacó la Constitución de la IV República sumida en una gran crisis debido a la partitocracia. Apostó por otra fórmula que pudo aplicar a sus anchas cuando en 1958 fue llamado para sacar a Francia de un atolladero político agravado por la guerra de Argelia. Un éxito, entre otras razones porque al convertir al presidente de la república, que era meramente representativo, en ejecutivo - casi presidencialista- pudo apagar aquella guerra tras imponerse a muchos franceses, especialmente a los radicados en Argelia, así como a parte del ejército.
La política también es espectáculo y Sarkozy supo dar la sorpresa del marco desfile del 14 de Julio por los Campos Elíseos. Junto al ejército francés desfilaron destacamentos de los países de la UE. Era una manera de señalar el propósito de organizar la defensa europea, cuyo proyecto desgraciadamente truncó, bajo presión parlamentaria, el a la sazón presidente Mendès-France, en 1956.
Esta manera de llevar a la práctica con extrema velocidad lo que se tenía como programa ha sorprendido a propios y extraños porque normalmente lo que ocurre es, si no todo lo contrario, mucha lentitud en poner en marcha lo programado. Quizá incluso se ha pasado Sarkozy en velocidad, a juicio de la Comisión Europea y de su portavoz para la política exterior, Javier Solana, que han considerado que antes de ir a Argelia y Túnez debería haberse coordinado con ellos. Francia, adormecida o en declive, se ha despertado con Sarkozy y no debe extrañar un apresuramiento momentáneo, que sin duda se acompasará.
Aparte de los temas de política exterior, Sarkozy se ha aplicado especialmente en cuestiones interiores, como la productividad económica, la revisión fiscal, la reglamentación de la inmigración, de la enseñanza y de las universidades. Ha gustado el anuncio de reducción de impuestos, que debe permitir a las empresas tener más empleados y no descapitalizarse con impuestos como los sucesorios. Con menos impuestos hay más trabajo y más producción y, por consiguiente, aumentan las recaudaciones impositivas.
Espectacular también fue la recepción que dio Sarkozy el mismo día de la fiesta nacional francesa, en el palacio del Elíseo. En lugar de figuras del tout Paris,buena parte de los dos mil invitados fueron personas víctimas de accidentes o que luchan heroicamente contra deficiencias múltiples. No faltaron las sillas de ruedas. Hubo muy buen ambiente, alegría y fuegos artificiales. Lo no artificial fue la recepción.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados