LA CRISIS DE LOS POPULARES
La dimisión de Josep Piqué
Qué hace alguien como tú en un partido como éste? Josep Piqué tenía la respuesta a punto para una pregunta que en los últimos tiempos oía a menudo. Más complacido que otra cosa, el presidente del PP en Catalunya admitía el desconcierto que podía causar la presencia de un político moderado y centrista como él en el actual PP y solía asegurar que en su partido hay muchas más personas que responden a ese perfil y que su obsesión era, precisamente, que se conociera cómo son. En ese empeño, Piqué se ha dejado la piel y ha protagonizado algunos encontronazos sonados con la dirección popular, en particular con el secretario general, Ángel Acebes, y el portavoz en el Congreso, Eduardo Zaplana, que le llevaron al borde de la dimisión ya en enero del 2006 por diferencias en torno al Estatut. Mariano Rajoy pudo reconducir la crisis en esa ocasión y frenar la renuncia de Piqué, pero ayer ya no. El golpe de timón dado por Acebes esta semana en la estructura del partido en Catalunya, que ha propiciado que Piqué viera públicamente cuestionada su estrategia, le ha llevado a presentar su dimisión irrevocable ante el presidente del PP, con el que habló en varios momentos del día de ayer, con resultado infructuoso.
Con el epílogo de su renuncia, Piqué cierra un capítulo de su vida política que se inició en el 2003, cuando José María Aznar le envió a Catalunya para ponerse al frente de la dirección del PP y dar un impulso al partido. Piqué encabezó la candidatura a las autonómicas de ese año y se propuso situar al PP como una opción de centro moderado que pudiera contribuir electoralmente a la victoria en las generales de marzo del 2004. Ése era el encargo de Aznar y el propósito de Piqué. Pero, de forma inesperada, el PP pasó a la oposición y Mariano Rajoy no se vio con la fuerza suficiente en el partido para prescindir de dirigentes como Acebes y Zaplana, vinculados en el colectivo imaginario con la mala gestión de la crisis de los atentados del 11-M que hizo el PP.
A partir de ese momento, las relaciones de Josep Piqué con la dirección del PP fueron cada vez más problemáticas. El discurso moderado del PP en Catalunya chirriaba con la estrategia de la dirección nacional de utilizar el Estatut como arma arrojadiza contra el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Hasta el punto de que el PP catalán no pudo incorporarse a la ponencia parlamentaria que redactaba el Estatut, en la que participaban los demás partidos, hasta pasado el verano del 2004. Un año después, saltaron las primeras chispas entre Josep Piqué y la dirección nacional del partido, a raíz de unas controvertidas declaraciones del líder del PP en Catalunya en las que cuestionaba que Acebes y Zaplana fueran la única voz del partido. "Son dos hombres de gran valía - dijo Piqué-, pero se les identifica con una etapa muy concreta que nos conecta con el pasado". Al día siguiente, tuvo que pedir disculpas.
El debate del Estatut propició una radicalización del discurso del PP que ponía en una difícil situación al partido en Catalunya. En enero del 2006, el Gobierno y CiU cerraron el texto del nuevo Estatut. Piqué llegó a asegurar que compartía algunos puntos, en concreto el acuerdo en torno al término nación - "es nuestra propuesta desde el primer día"- y el incremento de recursos financieros - "algo que desde el PP venimos solicitando desde hace mucho tiempo"-, declaraciones que no gustaron en la calle Génova. Acebes salió en tromba, asegurando que el acuerdo "traiciona la igualdad y solidaridad entre los españoles" y "rompe el pacto constitucional" , y "si alguien ha hecho declaraciones que se contradigan con la posición del PP se ha equivocado". La tensión entre Acebes y Piqué volvía a ponerse de manifiesto y Rajoy tuvo que emplearse a fondo para frenar in extremis la dimisión del presidente en Catalunya. Lo logró, pero la distancia se intuía ya insalvable.
La de Piqué era, pues, en cierto modo, una dimisión anunciada. Pero sus relaciones con la dirección del PP no han sido siempre complicadas. De hecho, fue el fichaje estrella de Aznar cuando ganó sus primeras elecciones, en 1996. Su perfil moderado complació de tal manera al entonces líder del PP que sin ser militante lo incorporó a su primer gobierno como ministro de Industria, y dos años después lo nombró portavoz en sustitución del controvertido Miguel Ángel Rodríguez. Eficaz, independiente, buen orador, Piqué reunía las características que Aznar buscaba para transmitir el mensaje de modernidad y tolerancia que quería imprimir a su gobierno, y pronto se convirtió en uno de los hombres imprescindibles para el presidente. En 1999 se afilió al PP y fue designado candidato por Barcelona en las generales del 2000, que el PP ganó por mayoría absoluta. Aznar lo nombró ministro de Asuntos Exteriores y cuando su estrella empezó a apagarse, de Ciencia y Tecnología, cargo que abandonó cuando Aznar le mandó de vuelta a Catalunya, en el 2003. Entonces, como hoy, Piqué se definía como un liberal pragmático, condición que consideraba "compatible con el centro reformista" que impulsaba Aznar.

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