Los poetas, como el coronel, ya no tienen quien les escriba. Remotos parecen el intercambio epistolar entre Joan Maragall y Miguel de Unamuno, las visitas de Pío Baroja al Ateneu Barcelonès o la presencia de Joan de Sagarra en las tertulias madrileñas. ¿Y ahora? "Los poetas no se escriben ahora, porque unos hablan en una lengua y otros en otra". Fue el ejemplo al que recurrió el escritor Valentí Puig para ilustrar la situación de Catalunya en la España del siglo XXI, en el marco de la segunda jornada de un seminario del mismo nombre organizado por la Universidad Rey Juan Carlos, dirigido por el diputado de Convergència i Unió en el Congreso Jordi Xuclà, y copatrocinado por La Vanguardia.
Tres fueron las recetas propuestas para esa "relación a mejorar" a la que apela la coletilla del título de este curso de verano, que finalizará el viernes. Tantas como ponentes participaron en la jornada de ayer. Y si Puig abogó por practicar una conllevancia - indispensable término orteguiano- posibilista marcada por el respeto, el periodista Enric Juliana, subdirector y delegado en Madrid de La Vanguardia,apostó, principalmente, por una rectificación de la política catalana para contrarrestar la "frivolidad" que en ella se ha instalado. Mientras la fórmula del director de Comunicación del Grupo Godó, Màrius Carol, pasa por una relación mucho más leal, más fluida y de ida y vuelta. "Dar un paso más, de la conllevancia a la complacencia", explicó Carol.
Se habló de desapego, distanciamiento, enfriamiento. Incluso de crisis espiritual y anímica. Y todo ello referido a Catalunya. "Algo está ocurriendo, algo que, nos tememos, no es lo mejor", dijo Puig. El capital simbólico del catalanismo, agregó el escritor, se ha depreciado mucho en los últimos tiempos. Lo que no implica, según Puig, que Catalunya no tenga su futuro en sus manos. Tendrá, dijo, el destino que se quiera dar a sí misma. "Estamos haciendo un poco difícil esto de ser catalán, a veces incluso pesado", remachó Carol.
Este desapego de Catalunya, sin embargo, no es sólo respecto de España, sino también a nivel interno. La variedad de recetas para mejorar esas relaciones convergió en este punto en una crítica contundente al proceso de reforma del Estatut. En él se acentuó, según Juliana, esa frivolidad que ahora marca la vida política catalana. Y su único motor, a juicio de Puig, no fue otro que el oportunismo. "Catalunya se hubiera quitado bastantes problemas de encima con un pacto de estado en infraestructuras", afirmó, por su parte, el director de comunicación del Grupo Godó.
Pero, como recordó Puig, en todas las peleas familiares - "y esto no deja de serlo"- las responsabilidades suelen repartirse a partes iguales. Por ello, que el leitmotiv del seminario, esa mejora de las relaciones bilaterales, sea algo más que la coletilla del título de un curso de verano, precisa, en parte, de la generosidad de España, según los ponentes. "De la misma manera que Catalunya ha sido generosa con España en otros momentos", dijo Carol.
Esta premisa también se puede aplicar, según Juliana, a la política lingüística, ya que, dada su proyección actual, el castellano no tiene nada que temer frente al catalán, una lengua que se resiste a morir". "Al fin y al cabo, la generosidad es una virtud de los fuertes", zanjó.
Plagado de anécdotas y de más de una encendida intervención del auditorio, por la jornada de ayer transitaron - en espíritu- algunos de los personajes clave de esas relaciones entre Catalunya y España. Desde Jordi Pujol a Felipe González. De Salvador Espriu a Azorín. De Francesc Macià a Manuel Azaña. Y, siempre, de Catalunya a España. Y viceversa.

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