Uno de los chistes interactivos más bestias que habrán circulado es éste: Un tipo llega de Rusia y le dice a un amigo: "En Moscú meten en la cárcel a los que van en bicicleta y a los judíos". A lo que el amigo replica: "¿Por qué a los ciclistas?". Y lo gordo del caso estriba en que el disparate suele funcionar, he contado a veces y como mía la primera parte de la historieta, y en general la respuesta del interlocutor ha sido la del amigo del chiste. O sea, que permanece un poso cultural antijudío en nuestro sistema convencional de valores, agravado por el problema de Oriente Medio. Y a quien se extrañe de ello le basta para convencerse de la existencia de esa índole de fenómenos pensar en el PP.

Y digo bien, el Partido Popular. Aunque ya no pueda ser considerado exactamente español, pues manifiesta una creciente e irracional aversión a un tercio de España. Es como si en un equipo de fútbol o en un ejército la mitad de sus efectivos jugaran o dispararan contra sus compañeros. Se les expulsaría, claro, o se les condenaría a perpetua. Y esto es lo que hace el PP al presentar sus recursos contra el Estatut de Catalunya por motivos dice que constitucionales, cuando se declara a favor de otra media docena de estatutos, desde el andaluz al balear pasando por el valenciano, de articulado semejante. Sobre todo el que se refiere al traspaso de facultades tributarias.

O sea, que actúa así simplemente por tratarse de algo catalán. Lo que, además, será anticonstitucional, ¿es que los de Torrelodones por serlo son menos que los de Motilla del Palancar, también por serlo? Aunque no se crea que el PP circula sólo momentáneamente desnortado, pero que puede corregir el rumbo. No, pues se trata de otro arrumbamiento, e inherente en la más conspicua y erizada derecha española. Recuérdese aquella famosa frase de uno de sus líderes, fascista mussoliniano durante la República, y ministro que había sido del dictador Primo de Rivera, José Calvo Sotelo: "Prefiero una España roja antes que rota", dijo. Pero atención: no se refería a cuestiones de unidad nacional,sino a otra relacionada con la Hacienda pública, como hace ahora el PP, a la pela,vamos. Porque la derecha sabe que para dominar a España necesita más el dinero y su control que el yugo y las flechas de Isabel la Católica. La maldición, sin embargo, quiso que fuera la España roja y no la rota la que acabara con la vida de Calvo Sotelo, pues lo asesinaron unos policías republicanos el fatídico julio de 1936.

Yno juzgo a Rajoy ni a Calvo Sotelo, me limito a constar lo que uno hizo y hace el otro. Cuyas actuaciones fueron y son así también porque una gente las votó y vota.