AQUI NO HAY PLAYA

Quizá porque una cosa lleva a la otra, Madrid se va desinflando por las grietas del verano. Sucede en estas fechas que las noticias escasean y se compran de segunda mano hasta los rumores de la portería, con tal de poner en lo alto de julio un titular. El verano no tiene costumbre de ofertar exclusivas y la ciclostil del Congreso ha cerrado por vacaciones. Es el momento en el que toda la prostitución andante de la Casa de Campo viene, por obligación, a remediar esta sequía. Las izas se han declarado cariñosamente en combate y surgen, como un ejército desplazado, con el tanga guerrero. Llevaban años festejando su tristeza, su trampa y su forzada miseria por las sendas del bosque hasta que una vez más concejales y otros pesos gallo de la política lanzan una batida de guardias y se llevan el problema diez metros más allá, siguiendo el cauce del río.

Cierran la mercadería multirracial, pero nadie soluciona el problema. Desde la trinchera de esta mesa de periódico hemos visto caer alcaldes, uno tras otro, y de sus políticas medianeras, cuando uno hace recuento, sólo quedan en pie dos o tres chirimbolos de la calle y las mismas putas de siempre mas un puñado de novatas ungidas por la mano sucia de los estraperlistas. Hay una tendencia histórica a enfrentarse a la prostitución como plaga y no como problema. Cada vez hay más putas porque en el censo hay más mafia. Y esto no se ataja prohibiendo la mala lencería, sino empapelando al esclavista. Todo lo demás es política huera, injusticia social, infamia.

Esta profesión no encierra romanticismo, ni conserva aquella literatura del burdelón garbancero donde iba Galdós a ponerle los cuernos a Fortunata y Jacinta. Hablamos de una nueva forma de esclavitud, la que empuja a traficar con el cuerpo y la propia indigencia a estas cariátides de carmín con precio, con frío y con asco. Su charca es la indiferencia de politicastros, que corren turno con firmas muy solemnes que antes de que la tinta seque ya está caduca. El capitalismo también es esto, aunque suene a psicofonía de rojazo con el sueño atrasado. Lo dicho, el capitalismo es el saqueo de la pobreza, de la ignorancia y del miedo por vía oral, que sale más barato. Hay quien para salvar la noche tiene que deasabrochar braguetas con la boca. Y generalmente no están ahí, en la esquina y con la rebeca estrecha, por capricho, sino porque no hay más huevos que dejarse el himen en la aldea por si algún día regresa una viva a contar que en Madrid se triunfa fumando en las aceras. La solución, señor concejal, no está en cambiarle los terrenos a estas ninfas que viven con el verduguillo del sida a un tris de las ingles, sino en acabar con los maromos que controlan el negocio, facilitar atención sanitaria, devolverlas la dignidad. Lo de siempre, qué le voy a contar. Lo demás será un gatillazo. Y eso ya lo hemos visto antes.

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