LOS dos partidos de la oposición, PP e IU, han leído correctamente la maniobra de la concertación social al afirmar que el presidente Areces sólo trata de tapar su debilidad parlamentaria con la firma de un pacto con empresarios y sindicatos. La urgencia en iniciar las reuniones de trabajo con los agentes sociales carecería de sentido si el diálogo en la Junta General del Principado tuviera alguna probabilidad de prosperar. El único acuerdo sencillo en esta legislatura fue la elección de la Mesa de la Junta, realizado cuando la negociación entre PSOE e IU progresaba adecuadamente. Si el Parlamento se hubiese constituido unos días más tarde, la presidenta de la Junta no sería María Jesús Álvarez. Para el que tenga dudas sobre ello que recuerde lo que pasó hace casi veinte años con el famoso Pacto de la Jirafa, que Gaspar Llamazares presentó como un acuerdo de contenido «higiénico». El tiempo se encargará de demostrar lo difícil que le va a ser al Gobierno sacar adelante iniciativas en la Junta, más allá de proposiciones genéricas sin el rango de ley.
El Partido Popular afirma que no cierra las puertas para llegar a un acuerdo sobre los presupuestos del Principado, siempre que suponga un giro radical sobre la trayectoria presupuestaria de los gobiernos de Areces. Se trata de una declaración inteligente, porque evita la etiqueta de 'partido del rechazo'. Lo que pasa es que ese discurso no se lo cree ni uno solo de los diputados del Partido Popular. A dos o tres meses de las elecciones generales, la organización regional del PP que le dé un balón de oxígeno a un gobierno del PSOE, la echa Rajoy del partido. Y con independencia de la coyuntura electoral, el PP asturiano es la alternativa al bloque de la izquierda, así que no le toca jugar ese papel sino el de la crítica. Una cosa es consensuar la reforma estatutaria, una operación institucional, y otra dar viabilidad a los presupuestos ordinarios del Principado, que es una responsabilidad gubernamental.
La legalidad democrática no permite a ningún gobierno sortear al Parlamento, así que el presidente tendrá que pasar todo tipo de iniciativas por la Cámara. Pero como Areces no es un ingenuo, busca dar la batalla parlamentaria en las mejores condiciones. De ahí, el aval social.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados