La jota navarra: Miguel Sanz se queda solo en el baile, de Antonio Casado en El Confidencial
Tenemos jota navarra para treinta días más, por decisión de la presidenta del Parlamento, Elena Torres. Unas vueltas más para rematar con un desenlace decidido hace mes y medio en Madrid. En Moncloa, claro. Los socialistas, de la mano de Puras, han llevado las cosas donde Rodríguez Zapatero quería llevarlas, al cargar el fardo de la gobernabilidad sobre las espaldas de UPN (PP). La pelota queda ahora en el pié de Miguel Sanz (UPN). Ha de jugarla y sólo tiene dos opciones. Una es gobernar en precario, en minoría, casi bajo protectorado de los socialistas. Y otra, quedarse donde está para forzar la repetición de las elecciones.
Es como elegir entre la horca y la guillotina. Las dos opciones son malas para UPN, pero este era el punto al que quería llegar el estado mayor de Zapatero después de marear la perdiz durante las últimas cuatro o cinco semanas de coqueteos con los nacionalistas de Nafarroa Bai. La convergencia PSN-NB era imposible, contraria a los intereses de Zapatero a escala nacional. Pero había que escenificarla. Por un lado, para hacerle pagar la demagogia a UPN-PP, que se pasó la campaña acusando a los socialistas de pactar en secreto el futuro de Navarra con los terroristas de ETA. Y por otro, para complacer a la militancia navarra, mayoritariamente favorable a un acuerdo con Nafarroa Bai (56 %) y poco partidaria de pactar con UPN (24%).
¿Y qué hará ahora Miguel Sanz, solo ante el peligro? De momento, pedirle a su gente de Madrid, la del PP, Rajoy y compañía, que se escondan, que no le ayuden, que cuanto más callados, mejor. Es lo primero que ha hecho. Y en cuanto a su agenda de contactos, tratará de aprovechar la prórroga decretada ayer por Elena Torres para persuadir a los socialistas de gobernar juntos. Sabe que es inútil. En su defecto, les pedirá un compromiso con la estabilidad. Si lo obtiene, será de aquella manera.
Así las cosas, una vez superado el rubicón de las elecciones generales, el PSOE podrá decidir lo que más le convenga, con la confianza de que su previsible victoria en las urnas de marzo le aconsejará presentar una moción de censura pactada con Nafarroa Bai. Entonces sí, para derribar a Sanz y formar el "tripartito" que ahora no ha podido ser porque la causa nacional de Zapatero se ha impuesto a la causa regional de Fernando Puras.
Como Miguel Sanz conoce perfectamente las claves del cálculo socialista, tratará de poner sobre la mesa de la negociación algún elemento capaz de modificarlas ¿La Diputación Foral de Alava, por ejemplo? Pudiera ser, pero no sólo. Siempre dispondrá de una última baza: la repetición de la jugada. Si los socialistas no responden a sus ritos de apareamiento, sólo le quedaría el recurso heroico de no presentar su candidatura y forzar una nueva convocatoria.
Si el gobierno en minoría es malo para UPN, como queda dicho, las elecciones repetidas casi es peor. Tendría un enorme coste político para quien apareciese responsable de volver a hacer pasar a los navarros por las urnas. Y está claro que el responsable sería Sanz, como líder de la fuerza política ganadora de las elecciones de mayo.
