No sé si quien eligió la frase de Ortega y Gasset que figuraba ayer encima de la mancheta de EL MUNDO, -«las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos, pero el que decide es nuestro carácter»- estaba pensando en lo que ha pasado en las negociaciones de los socialistas navarros con los nacionalistas de Nafarroa Bai para formar gobierno en la Comunidad Foral. Estoy seguro que no, pero la susodicha frase venía como anillo al dedo para describir lo sucedido y, sobre todo, es de directa aplicación al candidato del PSN, Fernando Puras.

Que este señor no haya dimitido y no esté a estas horas en su casa es de las cosas, una más, que contribuye de forma directa al desprestigio de la política y de los políticos y, por ende, a la creciente desafección que muchos ciudadanos sienten hacia la cosa pública. Porque lo de Puras es para nota. Primero, fue un candidato impuesto por Ferraz, por Pepiño Blanco, en detrimento del que hubiera sido el candidato natural, el secretario general del PSN, Carlos Chivite. La elección madrileña de Puras estaba justificada en un hecho que el tiempo ha confirmado: su inclinación natural a entenderse mejor y a negociar con los nacionalistas de Nafarroa Bai, antes que con los regionalistas de Unión del Pueblo Navarro.

En segundo lugar, Puras manifestó de forma rotunda durante la campaña electoral que nunca se postularía como candidato a la Presidencia del Gobierno de Navarra si quedaba en tercera posición, es decir por detrás de UPN y de Nafarroa Bai. Tras abrirse las urnas en la noche del pasado 27 de mayo, se confirmó que, efectivamente, había quedado en esa tercera posición no deseada, a gran distancia de UPN y por detrás de la coalición nacionalista, lo cual no fue óbice para que al día siguiente nuestro hombre se estuviera postulando para la Presidencia de Navarra.

Durante mes y medio ha estado negociando abiertamente, sin tapujos, con quienes quieren que Navarra deje de ser Navarra; ha hecho ofrecimiento de carteras -siempre él en la Presidencia- a diestro y siniestro, ha orillado y rechazado cualquier tipo de gobierno de coalición con la fuerza más votada y todo para que al final, desde Madrid -como con razón decía Patxi Zabaleta la tarde del lunes- le hayan tenido que parar los pies, por algo tan liviano para Zapatero y Blanco, a ocho meses de las elecciones generales, como la factura electoral que una coalición con los nacionalistas le podía pasar al PSOE en el resto de España.

No contento con todo este fiasco, Puras no tuvo otra ocurrencia, tras la ruptura de las negociaciones con Nafarroa Bai, que proponer un gobierno, no ya de concentración, sino más bien de mogollón, donde estarían todos los partidos, eso sí, presidido por su augusta persona. Es verdad que la única ventaja que conllevaría ese gobierno de mogollón es que se podría cerrar el Parlamento Foral, porque al no haber ningún grupo en la oposición, ¿para que hacer gasto?No sé si Navarra se merece lo que está pasando. Algo sí, porque resulta difícil creer que una buena parte de los votantes socialistas no intuyera lo que iban a hacer los dirigentes de su partido con sus votos. Pero de lo que no tengo ninguna duda es de que ni Navarra ni ninguna otra Comunidad se merecen políticos como Fernando Puras, puesto a dedo por Madrid, perdedor en las elecciones, negociador empedernido con los nacionalistas, que no sabe respetar el resultado electoral y que, además, se autoproclama candidato del gobierno del mogollón. Como para salir corriendo.

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