Obituario: RODRIGO URIA MERUÉNDANO

Era socio de uno de los bufetes con mayor influencia de España, amante del arte y presidía el Patronato del Prado

El abogado Rodrigo Uría, socio y presidente del prestigioso bufete Uría & Menéndez (el primero de España) y presidente del Real Patronato del Museo del Prado, falleció ayer a los 66 años repentinamente. Un infarto le sorprendió cuando se encontraba en Dubrovnik (Croacia). Paradojas de la vida, Uría fue unos de los instigadores y autor de la estructura jurídica de la Fundación Pro Cnic, en la que figuran las empresas más importantes del país (entre ellas: el Santander, BBVA, La Caixa, Telefónica, Endesa o Repsol), que se encarga de la financiación del Centro de Investigaciones Cardiovasculares, dirigido por el científico Valentí Fuster. Fumador empedernido, había conseguido dejar el tabaco justo hace un par de años, «con parches y gracias a la Ley Salgado», según sus propias palabras.

Mundano, simpático y terriblemente hábil, este especialista en derecho societario llegó a ser uno de los hombres de negocios con mayor influencia y mejor relacionados del país. Se lleva los secretos bien guardados a lo largo de 40 años de profesión, en operaciones tan significativas en el mundo económico como la fusión entre el Santander y el Central Hispano, la compra de Barclays del Banco de Valladolid y la irrupción de Acciona en la guerra de Opa por Endesa, así como la operación definitiva con la italiana Enel. Y también en el del arte, como la adquisición de la colección Thyssen o la recuperación para el Patrimonio Nacional de algún cuadro de Goya, como La Marquesa de Santa Cruz, con Javier Solana de ministro de Cultura. Preguntado por este diario hace unos años sobre cuántos secretos era capaz de atesorar, su respuesta no dejó dudas: «Bastantes, bastantes».

Uría confesó en más de una ocasión su pasado rebelde (forjado en el colegio El Pilar de Madrid) y sus pensamientos políticos próximos al izquierdismo radical, que fue moderando con el tiempo y con sus responsabilidades profesionales. «Soy independiente, pero cuando me preguntan dónde me coloco en el espectro político, respondo que a la izquierda, o al centro de la izquierda; lo que no soy ni seré nunca es una persona conservadora, pero no soy apolítico, sí parapolítico».

En su juventud destacó como líder estudiantil contra el régimen franquista y dio más de un disgusto a su padre (del mismo nombre y autor de los textos de derecho mercantil que han estudiado muchas generaciones de abogados). Según decía, llegó a la Universidad con la intención de hacer la revolución. Fue fundador de la FUDE y militante de las Juventudes Socialistas. Sus actividades políticas estudiantiles acabaron cuando la NBC norteamericana le entrevistó en un reportaje sobre la España de los años 60. Las declaraciones de Uría se emitieron junto a las del propio Franco, Fraga, Ullastres y Tierno Galván. Se había despachado a gusto contra el Opus Dei. Fue represaliado y acabó en un batallón de milicias universitarias de El Aaiún, en el Sáhara.

Tras esta experiencia, empezó a trabajar en un bufete de abogados en Nueva York y «allí me di cuenta de que la libertad era, aparte de todo lo que habíamos pensado, la libertad de escoger». Dejó de militar en el PSOE en 1976, cuando entró en el despacho y tuvo claro que esta profesión «es totalmente incompatible con la militancia política».

En 1979 desembarcó oficialmente en el despacho que su padre había fundado junto al ex ministro Aurelio Menéndez. Entonces, el bufete contaba con cinco abogados y ahora lo conforman 714 personas repartidas por todo el mundo. Quienes trabajaron codo con codo con él dicen que su obsesión era «fichar a los mejores abogados».

Una de las grandes constantes a lo largo de su vida, además de su predisposición a «ir de bares», era su facilidad para provocar, sobre todo cuando actuaba de orador. Así, cuando en 2003 recibió en Londres el premio de la editorial Chambers & Partners como reconocimiento a toda una vida dedicada al mundo del Derecho, tras agradecer la presencia del público, se dirigió a su esposa para manifestarle su gratitud por ser «una excepcional compañera sexual». El millar de asistentes se quedó boquiabierto, pero reaccionó con una ovación de más de minuto.

Además de la abogacía, su pasión fue el arte. «En nuestra profesión, si uno no es una persona medianamente culta, le miran como a un técnico, cuya herramienta es el Derecho que, claro, tampoco está muy allá. Hay que leer, hay que ver un poco la televisión para estar al día y hay que tener opiniones formadas y conocer la propia cultura. Dedicó, según sus palabras, «siete años a asesorar gratuitamente al Estado para traer la colección Thyssen. Yo tengo una colección de arte modesta porque en esta profesión, ejercida decentemente, se gana menos dinero de lo que la gente piensa»..

Rodrigo Uría, abogado, nació en Madrid en 1926 y falleció el 17 de julio de 2007 en Dubrovnik (Croacia).

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