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17 Julio 2007

Energías verdes por el cambio climático, de Consuelo Calle en Expansión

Las consecuencias del efecto invernadero preocupan mucho en Australia, incluso a nivel popular. Por eso, el Gobierno quiere impulsar el desarrollo de las energías renovables, donde Acciona está creciendo con fuerza.

El cambio climático es un asunto que preocupa -y mucho- a los australianos porque sufren como ningún otro continente los problemas de la sequía y los arbitrarios cambios meteorológicos ocasionados por el efecto invernadero. No es extraño, por tanto, que el cambio climático sea un asunto clave en la campaña electoral para la cita en las urnas antes de fin de año.

En el fondo, subyace la necesidad de hacer una mejor gestión del agua y de potenciar las energías renovables. El sector más contaminante de Australia es la energía, responsable del 69% de las emisiones de CO2. No hay que olvidar que el carbón es su principal fuente energética: representa casi la mitad de la producción. De ahí que, además de introducir técnicas más limpias en la extracción de este mineral, el país apueste por aumentar el peso de las energías renovables, ahora apenas el 2% de la producción, aunque el Gobierno se ha propuesto duplicar su peso de aquí a 2010.

Ahí está Acciona, presente en Australia desde 2004, con su filial EHN, dos parques eólicos ya en marcha y muchos proyectos y ambiciones en cartera. “Nosotros somos líderes en renovables y el nombre de Acciona ya es conocido aquí”, dice Brett Thomas, director general de Acciona en Australia. En 2005, intentó sin éxito comprar la australiana Pacific Hydro, pero un fondo de pensiones se cruzó en su camino con una contraopa más cara y Acciona se retiró. “Pacific Hydro casaba muy bien con nosotros, sobre todo, por sus activos en Chile, pero no pudo ser porque el precio se disparó demasiado”, recuerda Thomas. “Ahora, no buscamos compras porque tenemos proyectos suficientes en perspectiva como para doblar nuestra capacidad instalada hasta los 400 megavatios en los próximos años”, explica. En centrales hidroeléctricas, no hay muchas oportunidades porque las principales plantas ya están desarrolladas, pero en otras energías renovables esperamos nuevos proyectos”, dice.

Energía solar y nuclear

La energía solar también es una industria en crecimiento en Australia. El Gobierno tiene en marcha cuatro proyectos piloto para desarrollar ciudades solares en Adelaide, Townsville, Blacktown y Alice Springs, con la instalación de 3.200 placas solares fotovoltaicas. También hay proyectos en las comunidades indígenas.

Algo mas desarrollado esta el biofuel, es decir, obtención de energía (bioetanol y biodiesel) de los productos agrícolas. Pero, por el alto precio de las materias primas, esta fuente de energía todavía tiene un elevado coste de producción. Y la energía nuclear es algo a debate: Australia tiene el 40% de las reservas mundiales de uranio, aunque no lo dedica a la producción de energía, sino que, básicamente, lo exporta.

Fuera de Kioto

El problema es que, hasta hace poco, el Gobierno federal presidido por Jonh Howard parecía bastante escéptico sobre el cambio climático y son algunos de los Estados regionales, sobre todo Victoria, quienes llevaban la batuta. El Ministerio de Medio Ambiente de Victoria, un estado que sufre con frecuencia restricciones de agua, ha elaborado recientemente un pormenorizado informe sobre los efectos del cambio climático para detallar las acciones necesarias para paliar las consecuencias del efecto invernadero en la región. Planes que afectarán a los sectores de agua, electricidad, telecomunicaciones, transporte y edificios. “Nosotros somos más conscientes del problema y, por eso, estamos cooperando con el resto de los estados y el Gobierno federal”, dice Jennifer Cane, del citado ministerio.

Lo cierto es que, seguramente por la importancia del asunto y la proximidad de las elecciones, el Gobierno de Howard ha empezado a hacer bandera del cambio climático, aunque con una particular visión. “Es un asunto que nos preocupa desde hace tiempo; hemos dicho que queremos cumplir con los objetivos de reducción de emisiones de gases contaminantes. De hecho, lo estamos cumpliendo, pero no creemos que Kioto sea el camino porque está diseñado para países desarrollados, no para economías emergentes. Está cojo y hay que encontrar otra vía”, explica Robert Owen-Jones, el negociador internacional de Australia para los asuntos del cambio climático. Australia, que no ha ratificado Kioto, planea introducir un sistema de asignación de gases contaminantes a las industrias y crear un mercado de negociación de esos derechos.

Australia juega a llevar de la mano al resto de economías de Asia-Pacífico que son sus principales socios comerciales, especialmente China, porque castigar a sus industrias con sobrecostes dejaría al país en menor posición competitiva frente a sus vecinos. “Hay que crear un sistema más flexible, un mecanismo que nos permita a todos trabajar conjuntamente, sin castigar el crecimiento económico”, añade Owen-Jones, convencido de que ni China ni India van a admitir un sistema de objetivos para recortar los gases contaminantes. Australia es consciente de la paradoja que supone defender el cambio climático, no firmar Kioto, y, al mismo tiempo, ser uno de los mayores productores de carbón del mundo y exportarlo sin complejos a China, el gran contaminante.

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