Curioso país, España. El hundimiento de un buque con combustible en sus costas trae consigo que el Gobierno de turno minimice sus efectos hasta convertir una catástrofe ecológica en hilillos, regueros o meras líneas de fuga. La negación de una crisis medioambiental parece que afecta a todo residente en La Moncloa, al margen de su signo político. El último caso ha ocurrido en Ibiza, a donde se desplazó nada más ocurrir el accidente del carguero Don Pedro la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, para proclamar que la fuga era un simple “reguero”. Su afirmación fue desmentida horas después por la constatación de que el pecio tenía tres boquetes, luego taponados para convertirse en “líneas de fuel” y, ayer, en un sellado del que no sale “prácticamente nada”.

Si el Prestige desembocó en un Mariano Rajoy, entonces vicepresidente primero, hablando de “hilillos de plastilina”, el del Don Pedro sigue su estela con un José Luis Rodríguez Zapatero y sus dos vicepresidentes eclipsados y unas ministras del ramo que rivalizan en la foto y en el despliegue de datos donde faltan respuestas claras a preguntas esenciales. El accidente de Ibiza no alcanza la misma envergadura que el desastre de Galicia, pero el riesgo medioambiental es muy elevado en la isla, por su pequeño ecosistema y porque albergar al mayor ser vivo del planeta: una planta marina de 25 kilómetros y cien mil años de vida, la poseidonia, que habita en el Parque Natural de Las Salinas, a escasos kilómetros del hundimiento.

Son numerosas las preguntas sin respuesta. Por ejemplo, cómo es posible que aún no se haya informado a la población de si ha habido consecuencias para la planta desalinizadora que abastece de agua potable a la capital de Ibiza y que tiene las tomas de entrada y salida de agua enfrente mismo del lugar del siniestro, en el dique de Botafox. El ministerio de Medio Ambiente no respondió a este diario cuando ayer era preguntado al respecto, ni tampoco la empresa responsable, Aqualia.

Pocas respuestas

Más preguntas en el aire. ¿Qué ha pasado para que el miércoles pasado un buque se estampara contra un islote perfectamente señalizado? ¿Cómo es posible que el PSOE bramara en la oposición en demanda de sanciones por delito ecológico para casos similares? Ahora, el Gobierno socialista no ha anunciado medida alguna aparte de lo obvio: que la naviera armadora, Iscomar, extraiga el combustible hundido bajo control oficial. Por cierto, que aún no ha quedado claro si será obligada a extraer también el pecio o permitirá que continúe hundido.

La negación llega a tal nivel que la palabra ‘chapapote’ ha desaparecido del lenguaje oficial para ser reemplazada por ‘fuel’, un vocablo que queda más políticamente digerible. Pero la realidad es la que es: el carguero se hundió a las puertas de Ibiza con 150 toneladas de fuel –es cierto-, pero también con 50 toneladas de gasóleo.

Es más, los peritos de los seguros escribían ayer partes y sacaban fotos de los barcos dañados por el chapapote endurecido en sus cascos y sistemas de navegación. Estos barcos, atracados en los puertos de Ibiza y de Marina Botafox, resultaron afectados porque en las primeras horas no hubo barrera alguna que impidiera el avance del gasóleo (hubo que traerlas de la península). Al mismo tiempo, los operarios retiran bolas de chapapote –que no fuel- de las playas de Talamanca, D’en Bossa y Figueretas.

Esas playas permanecían ayer cerradas por “seguridad” y “precaución”, a pesar de que su aspecto era “bueno”, según el Ayuntamiento. Sin embargo, esta mañana las autoridades han abierto D'en Bossa, la más turística. Mientras en la cercana playa de Las Salinas los bañistas se apelotonan, los establecimientos hoteleros de la zona –la más famosa de la isla- reconocieron ayer que su facturación ha caído hasta un 60%.

‘Esto no es una crisis’

Tampoco hay una coordinación informativa sobre esta crisis. Todo lo relacionado con el accidente queda bajo competencia de los ministerios de Medio Ambiente y Fomento, aunque no existe un único portavoz que transmita y coordine todo la interlocución gubernamental. Y eso a pesar de que las dos titulares de la cosa, Álvarez y Cristina Narbona, visitan un día sí y otro también la isla.

“Contaminación informativa”. Así definió Gaspar Llamazares, coordinador de Izquierda Unida, la tendencia del Gobierno de Zapatero a minimizar los efectos del accidente y de la oposición del PP a maximizarlos. Es tal el empeño en salvar las distancias con la tragedia del Prestige que un funcionario de un ministerio reconocía ayer que cada uno tiene un trabajo asignado y desconoce lo que hace el otro departamento, mientras negaba la mayor: “¿Crisis? Esto no es una crisis”.