EL RUNRÚN

No es que yo lo crea ni lo piense siquiera. Es un suponer. Es un suponer que lo que dijo la señora Carmen Posadas sobre los hombres, en la entrevista de la contra publicada el 6 de este mes, en estas mismas páginas, lo hubiera dicho un hombre sobre las mujeres. Entonces el caballero en cuestión hubiera dicho eso, que la mayoría de las mujeres son "casi", porque doña Carmen dijo que la mayoría de los hombres somos "casi". Nuestro hombre -por ejemplo- no se anda con chiquitas y afirma: "Los hombres de un cierto éxito sufrimos el problema de las mujeres casi". Usted a estas alturas de la entrevista ya está diciendo para sus adentros que se trata de un machista asqueroso.

Y aclara, por si no nos habíamos dado cuenta, que "un hombre de éxito se puede permitir veleidades pasajeras mientras encuentra a una mujer de éxito, que esté verdaderamente a su altura, pero lo que es imperdonable es que entable una relación duradera con un casi". ¿Y qué es un casi?: "Los casi son esas chicas que no están mal, pero tampoco son para tanto... Son casi mujeres de éxito, casi escritoras famosas, casi periodistas de relumbrón, casi médicas de prestigio, pero sólo casi". Es una vida repleta la de nuestro caballero/ Carmen Posadas, una vida donde sólo caben el éxito, la fama, el relumbrón y el prestigioso, precisamente todo aquello que no quiero ser de mayor. Un perfecto gilipollas. Una vida donde no hay sitio para nada más. Pero aún hay más. Ala hora de aparejarse, nuestro hombre declama: "No lo tenemos fácil para encontrar pareja. Hay quienes optan por liarse directamente con un cacho de carne".

Las feministas deben de estar echando fuego por las narices. ¿Cómo puede calificarse a una mujer de "pedazo de carne"? ¿No podría considerarse incluso una incitación a la violencia sexista? ¿Acaso la carne no se corta en pedazos? A la señora Carmen Posadas no le pasó ni le pasará nada por decir que la señor Ana Obregón se ha liado con un "cacho de carne" que - ¡oh, casualidades de la vida!- pertenece al sexo masculino. "Otra posibilidad - narra el caballero/ Carmen Posadas- es el del ultramillonario que todos conocemos que ha optado por una aristócrata de rancia alcurnia, sí, pero aburrida y genéticamente muy discretita la verdad". Y entonces aquí ya la tenemos liada si se limita la función de la mujer a la simple capacidad reproductora. ¿Qué me pasaría si califico en estas mismas páginas a una señora de "genéticamente muy discreta?". Prefiero no imaginar mi final en la hoguera. Pero con los hombres, con el sexo masculino, no pasa absolutamente nada. Al fin y al cabo, para la señora Carmen Posadas somos como los pañuelos de papel: usar y tirar. A los hombres se nos puede decir de todo, desde pedazo de carne hasta sementales, pero pobres de nosotros que nos pasemos ni así, porque hay mil ojos vigilando, desde la señora vicepresidenta del Gobierno hasta el Consell de l´Audiovisual de Catalunya, para discernir dónde está el bien y dónde el mal.

Yo, señora Carmen Posadas, soy un casi auténtico, es decir, un casi nada. Un mal hijo, un mal padre, un mal marido y un mal amante. Pero no pienso pedir perdón por el hecho absolutamente involuntario de no haber nacido mujer. Lo siento mucho.