TIEMPO RECOBRADO
Oigo por las mañanas las tertulias. Leo ávidamente la prensa. Veo los noticiarios de la televisión. Me conecto a internet cada hora. Pero no puedo evitar la impresión de que nunca pasa nada o, mejor dicho, que todo se repite. Los mismos temas, las mismas opiniones, los mismos tópicos. La vida política española es reiterativa hasta la saciedad. Nada nuevo bajo el sol, que decían los latinos.
Al llegar a casa, me sumerjo en la lectura de Dostoievski. Releo Los demonios por tercera vez. Sus páginas me atrapan de nuevo. Reaparece el pusilánime Stepan Trofimovich, la frustrada Varvara Petrovna, el caprichoso Stavrogin, el temible Piotr Verhovenski, el correveidile Liputin...
La narración se convierte en una verdadera novela negra, en la que el autor cruza magistralmente los hilos de una compleja trama mientras profundiza en el carácter de sus personajes. No es el alma rusa sino el alma humana la que queda retratada en esta maravillosa e inquietante obra maestra.
Dostoievski se inspiró en el asesinato de un estudiante llamado Ivanov, que fue encontrado muerto en un estanque en Moscú en 1869. Tenía un orificio de bala en la cabeza. Fueron detenidas cinco personas, cuyo líder era Sergei Nechaiev, joven revolucionario anarquista, discípulo y seguidor de Bakunin, que en la novela es encarnado por Verhovenski. Este aparece como víctima de una especie de posesión demoniaca que le impulsa al crimen.
La ficción supera a la realidad en esta obra hasta convertirse en una terrible profecía sobre el futuro de la sociedad rusa y el advenimiento sangriento de la Revolución bolchevique. El escritor ruso, que sufría ataques de epilepsia, era una persona desgarrada, golpeada por la desgracia, aferrada a una visión mítica de la sociedad rusa, basada en los valores del campesinado frente a las nuevas ideas que venían de Europa como el anarquismo.
Las cuatro o cinco grandes novelas de Dostoievski -especialmente Los hermanos Karamazov- constituyen una insuperable descripción de la Rusia del siglo XIX, que es imposible encontrar en ninguna otra fuente documental, incluyendo los periódicos de la época o los trabajos históricos.
Tengo para mí que la obra de Dostoievski es una demostración de que la literatura puede reflejar la realidad mejor que el periodismo, excesivamente sesgado por la ideología o los intereses, o que la Historia, demasiado lejana por la distancia. Su acierto es el asombroso conocimiento de la naturaleza humana y la invención de tipos como Stepan Trofimovich, en el que podemos ver un remedo de Bakunin. Sus personajes nunca son lineales ni previsibles. Encierran secretos y dramas interiores que les llevan al desastre cuando las circunstancias se precipitan.
Para leer a Dostoievski hay que sentarse en una tumbona, servirse una buena bebida fría y dejarse seducir por su hipnótica prosa mientras pasan perezosamente las horas de la tarde. Al cerrar las páginas de Los demonios, uno empieza a ver la realidad con otros ojos, como si acabara de despertarse de un sueño.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados