TESTIGO IMPERTINENTE
Se ha desvelado uno de los secretos mejor guardados de Occidente: se ha casado Paloma Segrelles. Mamá Segrelles ha visto recompensado su sueño: la hija ha pillado. El flamante marido es el hijo del presidente de Eulen, un 'holding' cuya joya de la corona es el vino Vega Sicilia
Me tengo prohibido ir de boda por la misma razón que me tengo obligado usar bronceadores con factor de protección: por salud. Yo sólo me he casado una vez, pero he divorciado a todos mis amigos y ninguno ha tenido a bien ahorrarme el regalo de boda en su segundo (y no precisamente definitivo) matrimonio. Peor aún: ellos ya no se conforman con un marquito de plata para exponer el retrato nupcial, sino que me mandan el número de cuenta corriente para que me retrate yo. Dicho lo cual, mi decisión tiene carácter irrevocable. Pocas bromas (y menos bodas).
Gracias a la revista Hola, sin embargo, me mantengo informada de los usos y costumbres imperantes en los bodorrios madrileños. Las casas de alquiler de chaqués van al alza, también los escenarios rurales (fincas propias o prestadas: el toque campestre fotografía muy bien), así como el suplemento Novias, de Telva, los menús decontractés y los vestidos de Pronovias, aliviados de caspa gracias al fichaje de nuevos diseñadores. También vuelven los curas progres, pero dada su escasez, van rifados (y no me consta que Enrique de Castro, de Entrevías Village, esté en el mercado).
Esta semana se ha desvelado uno de los secretos mejor guardados de Occidente. Lo ha hecho Hola, advirtiéndolo en los titulares: «Se ha casado Paloma Segrelles tras dos años de noviazgo secreto». ¿Y quién es Paloma Segrelles?, se preguntará el lector. Pues la hija de su madre, llamada también Paloma Segrelles, presidenta del Club siglo XXI y denominador común de muchos ecos de sociedad (sufre una patología descrita como «retratitis aguda»: cuando ve un fotógrafo, se le hace el culo pepsi cola). Tras varios años de veranear en Mallorca intentando colocar a su criatura en el círculo del Príncipe, mamá Segrelles ha visto recompensado su sueño. La hija (una estudiante de relumbrón) ha pillado. El flamante marido es el novio que durante dos años ha permanecido secreto: Emilio Alvarez. Pero ¿quién es Emilio Alvarez?, volverá a preguntarse el lector, harto ya de tanto misterio. Tranquilos, que aquí estoy yo para despejar incógnitas. Emilio Alvarez es hijo uno de esos millonarios que, observadores del lema «millonario a tus millones» (tipo Amancio Ortega), nunca dan la cara en la prensa. Emilio ocupa la vicepresidencia de Eulen (su papá es el presidente), un holding con 65.000 empleados. Hacen a todo: empresas de seguridad, limpieza, telemarketing, construcción, maquinaria y productos químicos, trabajo temporal, etcétera, etcétera. Pero la joya de la corona es el vino Vega Sicilia, cuya propiedad da lustre al imperio Eulen, marcado durante años por el éxito del sector limpieza (como tantos otros magnates, Alvarez empezó fregando suelos o mandándolos fregar).
La boda fue una homenaje al detalle. Mamá Segrelles es primorosa y lo había organizado todo escrupulosamente. Vistió a la niña de Elio Berhayer y al padrino, de capitán de navío (parecía recién salido de Cornejo). Ella se apañó con una modista que le hizo un traje a la medida de una hebilla art decó. La joya era lo más moderno que se despachaba en la boda, envuelta en un tufillo premeditadamente sepia. La niña, pese a no ser noble, lucía una diadema en la cabeza. Segrelles hizo saber que muchos objetos eran del siglo XVIII y llevaban dos siglos esperando a mostrar su esplendor. Sin duda, la mamá de la novia quería neutralizar el peso mediático de las empresas de limpieza.
Invitados, todos (la familia es una consumada relaciones públicas de sí misma). Políticos, aristócratas y gente vistosa. Aznar y Botella. Alberto Ruiz-Gallardón y Mar Utrera (él, dicharachero; ella, lánguida, sin abandonar ese aire de «sufridora en casa» que le acompaña desde hace tiempo). Todos los hijos de doña Pi de Borbón. Norma Duval, pendiente de las miradas de José Frade. Simeón-sin-trono de Bulgaria. Toreros con señora (Ponce y Paloma Cuevas, Espartaco y Patricia Rato, Litri y Adriana Herrera). Y Konstantin de Bulgaria, que aprovechó la ocasión para hacer un ensayo general de protagonismo con vistas al bautizo de la Infanta Sofía, de la que él será padrino sin disfrazar.
APOYO:Todos con la Infanta
BAUTIZO.
Hoy reaparece la Infanta Sofía con motivo de su bautizo. El personal está pendiente: todos queremos saber cómo ha evolucionado, si está mofletuda y comestible (no se me asusten: los bebés mofletudos son tentadoramente apetitosos) y si se parece al Príncipe o ha cogido un aire de la abuela Menchu. Comprobaremos de paso los avances de Leonor y las nuevas picardías de sus primos, que como todos los primos del mundo, cuando se juntan son de temer.
El bautizo se celebrará en La Zarzuela con agua del río Jordán (dada la frecuencia con que nacen nietos en la familia real, supongo que guardan agua en un bidón) y la pila bautismal de Santo Domingo de Guzmán, que para estas ocasiones viaja desde el Monasterio de Santo Domingo (en la calle Claudio Coello de Madrid) a la residencia de los Reyes. Los padrinos serán Paloma Rocasolano (le tocaba) y Konstantin de Bulgaria (no le tocaba, pero a lo mejor le adjudicaron el premio en una rifa). La infantita lucirá el traje de cristianar que ya usaron el abuelo, el papá, la hermana, las tías y todos los primos por parte de padre en sus respectivos bautizos. El vestido ha ido pues 11 veces a la tintorería, aunque puede ir muchas más, lo cual es un aliciente para que la Familia Real siga trayendo niños al mundo. Oficiará la ceremonia religiosa Rouco Varela: esperemos que la infantita no se asuste.
El festejo tendrá lugar en los jardines de palacio. Sólo en otra ocasión se celebró al aire libre: fue cuando el bautizo de Irene (la hija de la Infanta Cristina, que también nació reinando ya los calores.) Quien no asistirá es ZP, de viaje en México. Le pondrán falta.
© Mundinteractivos, S.A.

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