LOS TESTIGOS: J. J. SANCHEZ MANZANO
Todo un profesional de la incompetencia
«Lo ignoro». Esta frase fue su lema durante la jornada aciaga en la que el hombre que ocupaba en aquellos momentos trágicos la jefatura de la unidad Tedax eludió todas sus responsabilidades, además de fulminar con datos inesperados, como traídos al vuelo, la columna vertebral de la versión oficial que con tanto esfuerzo mantenía la Fiscalía. Dubitativo, inseguro, elusivo y tramposo, el que tenía que haber sido el testigo clave para aclarar miles de dudas cruciales en torno a los atentados acabó dejando al descubierto muchas de las artimañas policiales escondidas entre los pliegues del sumario que EL MUNDO había desvelado meses atrás. Por ejemplo, que no existía constancia escrita de los resultados de los primeros análisis que se hicieron en esa unidad sobre los focos de las explosiones. «Teníamos cosas más importantes que hacer», dijo sin ponerse colorado. Por ejemplo, y a pregunta directa del presidente del tribunal, que eso de que en los trenes había estallado Goma 2 ECO era una mera «deducción», toda vez que en el laboratorio Tedax sólo se había podido establecer que había «componentes de la dinamita», así, en general.
Lo que más hizo el señor Sánchez Manzano durante su comparecencia como testigo para escurrir el bulto fue tratar de presentarse como un perfecto inútil, fronterizo con ignorante y, desde luego, carente de los conocimientos técnicos mínimos para dirigir una unidad de tanto riesgo. «No lo sé, yo no he hecho ese análisis». «Yo no entiendo, la perito tendrá que explicarlo», fue todo lo que se le pudo sacar sobre la composición de los explosivos.
Hubo, sin embargo, dos excepciones sobrevenidas que llegaron de la mano de su torpeza. Una de ellas, a cuenta la mochila de Vallecas. Sánchez Manzano confesó que no tenía ni idea de dónde había podido salir porque sus hombres habían revisado de arriba abajo y de abajo arriba todos los trenes varias veces sin que la mochila hubiera sido detectada. «¿Qué pasó entonces con la mochila?», se le preguntó. «Lo ignoro», dijo por enésima vez.
El segundo asunto sobre el que dejó escapar un torpedo contra la versión oficial tuvo que ver con Leganés. Lo que dijo en la sala, con una voz temblorosa que no se correspondía con el poderoso torrente que había exhibido ante la Comisión de Investigación del Congreso, fue que a él le avisaron por la mañana del 3 de abril para que preparara un equipo porque se iba a registrar «un domicilio de Leganés». Y al precisar que «serían las 12.00 o 12.30» le asestaba un estacazo a la versión policial, que sostiene que su primera noticia sobre ese piso le llega a las 15.00 horas, y reforzaba el paso el incómodo relato hecho por el confidente Cartagena. En fin: que el hombre ni era Tedax, ni era químico, ni siquiera era capaz de calibrar la gravedad de lo que estaba diciendo.
LOS TESTIGOS: A. DIAZ DE MERA
Salto de trampolín olímpico a piscina seca
«No escribiré ese nombre. Acepto las consecuencias». Hizo bien en decirlo en plural, «las consecuencias», porque han sido varias. Una, la judicial. Ya veremos qué hace con él el Tribunal Supremo, que ya ha recibido la deducción de testimonio acordada por la Audiencia Nacional después de que el ex director general de la Policía se negara rotundamente a darle al juez Bermúdez, ni siquiera por escrito, el nombre de quien le contó la historia que él había denunciado meses antes en una radio. Luego sí le mandó una carta con el nombre, pero ya era tarde. El juez le acusó de un delito de desobediencia grave al tribunal. La otra consecuencia, la política, es que, al no poder demostrar lo que denunció públicamente, los enemigos y los indiferentes le han colgado el cartel de mentiroso y con él le perseguirán durante años. Por lo que se refiere a los amigos, se dirán unos a otros que pocas veces se ha visto cometer un error tan mayúsculo. Y guardarán después un atribulado silencio.
Su intervención en el juicio del 11-M fue de una tensión insuperable. Algo realmente dramático. Allí se oía el vuelo de una mosca. Nadie emitía sonido alguno. Sólo se oía la voz del presidente del tribunal rogando a Díaz de Mera, rogándoselo, que le dijera por cualquier vía quién la había contado eso de que había existido un informe que relacionaba a los islamistas con ETA, y que se informe había sido destruido y sustituido por otro, que constaba en el sumario, en el que tales vínculos se descartaban por completo. Luego se vio que le hubiera dado lo mismo dar el nombre que no darlo porque su fuente acudió días más tarde a declarar y le remató en vivo: «Jamás le he dicho que haya una prueba que relacionara a ETA con el 11-M», repitió con firmeza. Y como el juez no admitió un careo entre los dos, no hubo más que hablar. Sólo el veredicto: Díaz de Mera se había tirado de cabeza desde un trampolín olímpico a una piscina aterradoramente seca.
LOS TESTIGOS: 'CARTAGENA'
Un testimonio de altísimo riesgo
«¡Pero si todo esto a ti ya te lo había dicho!». Es 3 de abril de 2004 y el confidente Cartagena, antiguo imam de Villaverde, habla con el policía al que transmite información sobre los islamistas en nuestro país.
Esa madrugada varios agentes habían ido a buscarle a Almería y le habían traído zumbando a Madrid para que contara a otro, que dijo ser comisario, todo lo que sabía sobre la célula de radicales de El Tunecino. Su respuesta fue la que encabeza este texto. El que dijo ser comisario llama entonces por el móvil a alguien y resume: «Como el moro éste hable, la hemos cagao». El moro ése habló, vaya si habló, durante casi cuatro horas ante el tribunal y, si dijo la verdad, puede que algunos la hayan cagao,en efecto,porque se confirmaría lo que ya había contado el jefe de los Tedax, Sánchez Manzano, a saber: que la Policía tenía localizado mucho antes de lo que dice al grupo de fanáticos de Leganés. Y que Cartagena ya había informado a sus controladores, de quienes dio nombres y apellidos, del intento de El Tunecino de reclutar «mártires que estén dispuestos, allí donde estén. Si viven en España, que estén preparados en España. ¿Quién está preparado?», había preguntado Serhane. Y «todo el mundo levantó la mano», contó Cartagena, presente en la reunión. «Pero la Policía me dijo: 'Vete a tu casa y no vuelvas a reunirte con ese grupo'. Y me di cuenta de que algo fallaba».
LOS TESTIGOS: TENIENTE 'VICTOR'
Mentiras con tricornio
«Sí, lo olvidé». El juez Bermúdez no daba crédito y los demás tampoco. El ya teniente de la Guardia Civil que había recibido durante años los soplos del confidente Zouhier se había «olvidado» de contar a la Comisión del Congreso, y también al juez instructor, que él sabía desde 2003 que los asturianos Toro y Trashorras andaban poniendo a la venta nada menos que 150 kilos de explosivos.
No se olvidó, en cambio, de llamar a la Comandancia de Oviedo para pedir a un compañero suyo que destruyera la nota en la que se hablaba de esos 150 kilos. Que lo que el teniente de la Guardia Civil estaba contando en el juicio era una trola descomunal lo veía hasta el más tonto. Lo mismo que era evidente que su único interés, y el de la Fiscalía, estaba en contarnos que las informaciones de Zouhier sobre ese asunto, y también sobre El Chino, en realidad habían sido muy pocas y muy insuficientes. Hasta que pudimos oír en la sala la conversación telefónica en la que Zouhier le da a Víctor una información absolutamente exhaustiva sobre el terrorista que habría bastado y sobrado para detenerle. Pero no se le detuvo. Y fue entonces cuando casi todos los presentes sentimos el bochorno de ver cómo un miembro de la Benemérita se comportaba como un vulgar chorizo con la complacencia y el aplauso de sus superiores, de la Fiscalía y de los demás defensores de la inmaculada versión oficial.
LOS TESTIGOS: LOS PERITOS QUIMICOS
Sólo saben que no se puede saber
«¿Hay acuerdo en que no se puede saber la marca comercial que explosionó en las 23 muestras?», preguntó el presidente.«Cierto», contestaron al unísono los ocho peritos químicos que habían analizado las escasísimas pruebas que, para vergüenza de los responsables, se conservan de los focos de las explosiones. Sólo se pusieron de acuerdo en eso, en que no es posible saber qué estalló en los trenes, pero sucede que eso resulta ser un dato absolutamente capital para el proceso. Hubo algo más ese día, y fue que la aparición durante los análisis de nitroglicerina y de DNT en los focos descabalgaba la tesis de que lo que había estallado en los trenes era Goma 2 ECO y sólo Goma 2 ECO. ¿De dónde procedían tales elementos? El esfuerzo del fiscal Zaragoza por demostrar que esos molestos huéspedes químicos -que sí forman parte de un explosivo que mejor ni mencionar, cual es el Titadyn- habían llegado hasta las muestras volando por el aire o por haberse mezclado, llegó a resultar angustioso.«Ha aparecido lo que ha aparecido [...] y ese análisis cualitativo va a misa, a misa técnica, química, analítica», afirmó un perito.«No buscamos razonar la sinrazón», sentenció otro.
© Mundinteractivos, S.A.

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