LOS ACUSADOS: JAMAL ZOUGAM

El primer detenido, el principal acusado

«Sí, se rompió mi presunción de inocencia por esa tarjeta». No sólo por esa tarjeta de la que habla, la de la mochila de Vallecas que no llegó a estallar, sino por las otras nueve que se vendieron en su tienda y que fueron utilizadas por los suicidas de Leganés. A pesar de todo, desde el primer día hasta el último, en que hizo su alegato final ante el tribunal, Jamal Zougam se defendió de las acusaciones como gato panza arriba, con convicción y eficacia evidentes. De aspecto casi occidental, piel clara y mucho parecido con un famoso torero español de hoy, peleó de entrada contra las preguntas de la fiscal, que le hizo un interrogatorio superficial de apenas media hora. «Se le ha escapado crudo», fue entonces el comentario repetido entre los periodistas.

Pero había algo más, algo que le colocó de nuevo en una posición extraordinariamente comprometida: las declaraciones de los testigos que le habían reconocido a bordo de nada menos que tres de los cuatro trenes de la muerte, aunque con versiones que no siempre cuadraban con los hechos: no se puede ver a un señor poniendo una bomba en el piso bajo de un vagón si la realidad dice que la bomba estalló en el piso alto. El fiscal Zaragoza, que ese día actuaba, defendió al final la tesis de que Zougam recorrió todos los trenes, bajándose de uno y subiéndose a otro a toda velocidad mientras al mismo tiempo se cambiaba de ropa. Si eso fuera así, Zougam sería un mago de la ubicuidad. Pero, además de ubicuo, sería decididamente idiota: un tipo que se deja ver de esa manera el día de la matanza, que se pone y se quita escayolas de la nariz, que empuja a los pasajeros, que les pregunta por el nombre de la estación siguiente, que presuntamente ha suministrado las tarjetas para activar las bombas y que, una vez cometido el crimen, se queda en su casa a esperar a que la Policía vaya a detenerle, es un débil mental en grado sumo. Pero eso es lo único que este sujeto no parece.

APOYO#La Policía identifica a medio centenar de los nuevos terroristas de ETAEstos jóvenes eran perfectos desconocidos para los responsables policiales, ya que hasta ahora no tenían ninguna referencia que les hiciera sospechar de su relación con ETA.En estos momentos, fundamentalmente tras la desarticulación del aparato de falsificación de ETA, las arcas documentales del Ministerio del Interior se han visto golosamente incrementadas.

Estas fuentes consideran que los hallazgos realizados durante las últimas semanas permiten aumentar la presión sobre la organización terrorista y sobre su cantera. De hecho, según estos especialistas, este tipo de datos son de los más valorados.

Los nuevos etarras, que ya están viviendo en Francia, escondidos desde hace meses, son siempre unos grandes desconocidos para los servicios de Información. Unicamente cuando comienzan a actuar es cuando los especialistas pueden detectar sus pistas y avanzar en su futura identificación.

Haber logrado descubrir la identidad de los nuevos legales de ETA ha ahorrado muchos meses de trabajo a las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado.

Estas identificaciones son una de las consecuencias más importantes de la detención, en las cercanías de París, de los etarras Iker Beristain Gutiérrez y Liher Rodríguez Aretxabaleta. Ambos circulaban el pasado 2 de julio en una furgoneta por las cercanías de la capital francesa. Además, formaban parte de los más de 30 presuntos etarras que las Fuerzas de Seguridad del Estado tenían controlados desde hacía meses y contra los que decidieron actuar después de la ruptura del alto el fuego y tras detectar movimientos relacionados con nuevas acciones de los comandos.

En el interior del vehículo donde fueron interceptados, los agentes de la policía francesa, que actuaron con información de la Policía española, localizaron abundante material informático y de impresión.

Según informó el Ministerio del Interior tras la captura, en la furgoneta había varios ordenadores completos «con todos los instrumentos para la falsificación». Entre el material intervenido en la furgoneta, oficialmente localizada en un control rutinario, había varios discos duros y memorias USB, abundantes CD y CD-ROM, tarjetas de memoria, material de imprenta y planchas de impresión..

Falsificaciones.

Según se explicó entonces, a los detenidos se les incautó todo el material necesario para la falsificación, incluidos los elementos químicos precisos para la elaboración de los documentos y tarjetas falsas. Además, Beristain y Rodríguez llevaban consigo 16 documentos falsificados a su nombre y una importante cantidad de documentos falsos con identidades diferentes y países de origen distintos, sobre todo europeos. Algunos de estos documentos estaban ya listos para ser utilizados.

Además, los detenidos contaban con tarjetas de crédito falsificadas y algunas tarjetas de identificación de la Guardia Civil.

Los especialistas han logrado conocer las identidades de los nuevos terroristas como consecuencia del análisis del material informático, de los ordenadores y de las memorias portátiles intervenidas.

Por otro lado, el presidente del PP andaluz, Javier Arenas, lamentó ayer las informaciones que aseguran que el comando Andalucía de ETA tenía una base fija en Sevilla desde 2006, al tiempo que consideró que «este hecho pone de manifiesto que la banda terrorista se rearmó y se reorganizó durante la pasada tregua».

LOS ACUSADOS: RABEI OSMAN, 'El Egipcio'

Un 'autor intelectual' de muy escasa inteligencia

«Nunca he tenido ninguna relación con lo sucedido en Madrid [...] Nunca, nunca he inducido a ninguna persona o grupo. Lo reitero: nunca», dijo el primer día del juicio el hombre que llegaba con la leyenda de tenebroso diseñador de la matanza, de modo que casi todos le vimos enseguida el aire satánico que no puede por menos de tener un sujeto capaz de idear y planificar algo tan atroz. Si a eso le añadimos que, según se contó en las primeras sesiones, este individuo celebró en su casa con comentarios de inaudita ferocidad las escenas de un vídeo en el que terroristas iraquíes degollaban ante las cámaras al rehén norteamericano Nick Berg, estaba claro que lo que teníamos en la pecera a muy pocos metros de nosotros no era un sujeto religioso, ni siquiera un fanático: teníamos a un auténtico monstruo.

Le veíamos cabecear de vez en cuando. Quizá rezaba. Lo que no hacía era hablar. Era un tipo silencioso e inexpresivo, que seguía con gran atención, a través de sus cascos, lo que se decía en la sala. Al principio daba miedo. Luego ya no; sería la costumbre. Él fue uno de los que encabezó el intento de huelga de hambre que duró lo que un suspiro. «Es que está desesperado porque se siente inocente y le piden 40.000 años», nos explicaba su abogado en un esfuerzo de que nos pusiéramos en el pellejo de su defendido. Imposible. Los prejuicios también hacen.

Su imagen de líder espiritual y autor intelectual de la matanza fue cuarteándose poco a poco: con las pruebas aportadas, y una vez escuchadas sus conversaciones telefónicas -las que se tradujeron bien y también las que se tradujeron mal-, se hizo evidente para muchos que su capacidad mental era francamente escasa. Todo es posible en esta vida, pero para planificar una matanza de la naturaleza de la que padecimos aquí el 11 de Marzo, con esa caravana de muerte milimétricamente medida para que haga cuanto más daño mejor, se necesita una cabeza tan maligna como clara. Y no parece que ésa sea la suya. ¿Quizá es tan inteligente El Egipcio como para conseguir convencernos de que es un obtuso? Podría ser. La sentencia dirá, pero una alberga serias dudas.

Lo que sí es seguro es que este acusado ha tenido la suerte infinita de contar con un espléndido abogado defensor que ha creído sinceramente en su inocencia. Y que se ha dejado la piel en el intento de demostrarla.

LOS ACUSADOS: RAFA ZOUHIER

Comediante confidente

«No voy a montar ningún show», dijo el último día, pero eso es superior a sus fuerzas: el show es su naturaleza. Desde el primer minuto en que tuvo la oportunidad de dirigirse al tribunal se declaró «superinocente» y aguantó con insolencia el extenuante interrogatorio, a cargo del fiscal Zaragoza, por el procedimiento de atarse, como al palo mayor de una carabela, a la idea repetida mil veces y en todos los tonos de que él avisó a la Guardia Civil reiteradamente, antes y después de los atentados. Antes, porque les contó que había 150 kilos de explosivos que Trashorras quería vender en Madrid, y después, porque le proporcionó a su controlador Víctor todos los datos de que disponía para que detuvieran a El Chino, cosa que no se hizo.

Y de ahí no se le ha podido sacar, a pesar de todos sus aspavientos, de todos los incidentes que ha provocado, de haber sido el más reconvenido por Gómez Bermúdez y el que más veces ha sido expulsado fuera de la jaula de cristal blindado. Inasequible al desaliento, ha venido lanzando por tierra, mar y aire infinitos mensajes en defensa de su inocencia. Pero, para su desgracia, mucho más inasequible que él ha sido la Fiscalía que, de considerarle inicialmente sólo colaborador, con unos ocho años de condena, ha pasado al final a acusarle de colaborador necesario de la matanza, lo cual significa más de 38.000 años de cárcel. Otras acusaciones particulares suscriben esa posición. Veremos lo que le vale ante el tribunal su último alegato: «En vez de acusarme de no avisar, ¿por qué no acusan a la UCO de no hacer nada?».

LOS ACUSADOS: FOUAD EL MORABIT

La mente más clara de la jaula de cristal

«Porque no hay nada contra mí, porque no puede haber nada, apelo ante el tribunal primero a la lógica y luego a la Justicia». Hace falta tener mucho valor y una mente cartesiana para plantarse ante tres magistrados que llevan 57 días examinando pruebas y soltarles lo que este estudiante de ingenierías soltó cuando ejerció su derecho a la última palabra. Segundos antes de pronunciar esta frase lapidaria, había cortado un traje a los acusadores que calificaron algunos comportamientos de los acusados durante el juicio como indicios de culpabilidad: «Esa actitud desesperada» sentenció el procesado, que hablaba sin papeles, «refleja claramente lo que se denomina el síndrome de Diógenes, en el que resulta que los valiosos tesoros incriminatorios acaban por no ser nada». Apabullante. Si este hombre se hubiera hecho pasar por uno más de los muchos sujetos tirando a cerriles que se han sentado en el banquillo, quizá se habría difuminado entre el grupo. Pero no lo hizo. O no sabe comportarse de otra manera o la soberbia intelectual le impidió disimular. El caso es que, después de oírle, se llega a la conclusión de que él es el único a quien se le podría atribuir sin esfuerzo la capacidad intelectual para planificar una matanza para la que se requirieron conocimientos electrónicos y un gran sentido táctico y de sincronización. Además de una maldad infinita. No está acusado de ser autor intelectual del crimen, pero es el más intelectual de sus presuntos autores.

LOS ACUSADOS: E. SUAREZ TRASHORRAS

El villano en su rincón

«En octubre de 2003 transmití a los agentes de la Brigada de Oviedo la información sobre Jamal Ahmidan y Rafá Zouhier de tráfico de explosivos». Fue en ese momento, cuando se sentó en el banquillo para responder al fiscal y a los abogados, cuando se comportó como un hombre inteligente y rápido de mente, con las instrucciones de su defensor bien aprendidas y capaz no solamente de defenderse, sino de acusar a otros y de dejar bien sentado, también él, que toda la información que tuvo sobre El Chino y sus secuaces la transmitió ce por be a la Policía a través de su amigo, el patético Manolón. Pero a partir de esos momentos iniciales y hasta el final, el asturiano asistió al desarrollo del juicio con una actitud cada vez más ausente, cada vez más ajena. Cierto que ha disfrutado de una defensa brillante, naturalmente pagada por su padre, que debe de ser un santo. Pero el caso es que, salvo para sonreír de vez en cuando a su ex mujer, este hombre en tratamiento psiquiátrico, cuyo comportamiento antes del atentado fue el de un tipo sin escrúpulos, villano extorsionador de chicos sin amparo, ha asistido a esta vista como si no fuera con él la cosa. Ni siquiera quiso hablar el último día, cuando los acusados tienen la oportunidad de tratar de convencer al tribunal de que ellos no han sido. Trashorras ni se molestó en salir de la jaula acristalada. Debe de tener muy claro que, por más que se esfuerce en evitarlo, le espera la cárcel.

© Mundinteractivos, S.A.