DEFENSA: ENDIKA ZULUETA
Brillante defensor de una causa que parecía imposible
«Ese comentario sobra, señoría». Habían pasado unos segundos de silencio que hicieron aún más tensa y más angustiosa la situación. Estábamos en la primera jornada del juicio y el presidente del tribunal había empezado soltando varios mandobles a letrados y traductores en un intento de disuadir a todos de la tentación de reventar un juicio que, ya de por sí, se anunciaba muy difícil. Pero el único hachazo realmente serio por parte de su señoría lo recibió en la frente este joven abogado vasco encargado de lo que se presentaba como una defensa endemoniada: la de Rabei Osman, El Egipcio, acusado de ser el inductor de los atentados de Madrid. Después de haber sido cortado ya mil veces por el presidente con un «no ha lugar», Zulueta osó rebelarse levísimamente y, en voz baja y suave, que es la que tiene, le replicó: «Es que yo no sé si mi defendido va a responder exactamente lo mismo o algo diferente». Y entonces su señoría, también en tono bajo, pero con su voz grave y poderosa, le lanzó el cañonazo: «Ah, que está usted haciendo de acusación», dijo sardónico. Eso es lo peor que se le puede decir a un abogado defensor, porque es tanto como acusarle de traicionar a su defendido. Y no digamos si se le dice en público y retransmitido por televisión. Pero Zulueta sacó fuerzas de flaqueza y, tras esos segundos de silencio tremendo, acertó a reprochar: «Ese comentario sobra, señoría».
Bien, pues lo que sucedió entre este episodio y el final del juicio fue que las cosas dieron un vuelco radical. Primero, porque el juez Bermúdez tuvo al día siguiente la nobleza de pedirle perdón públicamente. Y, segundo, porque el tiempo fue demostrando la extraordinaria calidad del trabajo de este letrado que trabajaba gratis en defensa de El Egipcio y que, en cierto modo, representa en estas páginas la admirable tarea desempeñada en esta causa por todos los abogados de oficio, que se han dejado vida y hacienda en un esfuerzo de gran calidad en términos generales y cuyo trabajo merece ser reconocido. Y Zulueta especialmente, quizá por haber sido el primero, quizá por tener la defensa más complicada y haberla resuelto con solvencia y eficacia, ha contado con el apoyo cerrado de todos sus colegas. El último día, cuando leyó su informe de conclusiones definitivas, tuvo a un espontáneo a su lado: otro letrado le llenaba de agua el vaso de plástico porque el extraordinario esfuerzo que estaba haciendo le secaba la boca. Al terminar su gran intervención, todos acudieron a felicitarle. Y después, cuando la sala se quedó vacía, él siguió sentado en el estrado, completamente solo, durante largos minutos. Pero alguien, yo, vio cómo le caían las lágrimas por la cara, mientras se recostaba en la silla y dejaba caer la cabeza hacia atrás.
DEFENSA: GERARDO TURIEL
Lección magistral en auxilio de Trashorras
«¡A nosotros sí que no nos da igual! [cuál sea la dinamita] ¡Y mientras no se diga cuál es, no le se puede acusar a este señor nada menos que de 192 asesinatos!». El abogado de Suárez Trashorras lanzó esta primera e importantísima señal al comienzo del ejercicio de defensa más brillante, más erudito, más contundente y más complicado que se ha visto en este juicio. Turiel resultó demoledor en su crítica a la injustificada prolongación del secreto del sumario, posición que ha sido secundada por los demás defensores, algunos de los cuales han pedido la nulidad de las acusaciones mientras otros han anunciado incluso la interposición ante el Constitucional de un recurso de amparo por vulneración de derechos fundamentales. La sentencia tendrá que enfrentarse sin duda a la existencia de ese grave problema, que Turiel glosó en pocas palabras: «Si a mí se me hubiera dejado, yo habría podido intervenir en que supiéramos antes ¡y no hace 20 días! qué era lo que estaba pasando con el análisis de la dinamita»» dijo casi indignado. «La indefensión absoluta», resumió.
DEFENSA: J. L. ABASCAL
Un letrado perseguido por la ortodoxia oficial
Jamal Zougam fue «el cabeza de turco que se le ofreció a esta sociedad» en víspera de las elecciones generales, dijo este letrado, que sostiene que su defendido es víctima propiciatoria de un «invento de marketing policial». No sabemos si Zougam ha sido víctima de algo, pero sí sabemos que Abascal lo ha sido. Víctima de un juicio de intenciones sumarísimo con condena previa, de la que él parece haber hecho caso omiso habida cuenta de la implacable crítica que hizo en su informe a los elementos que incriminan a su defendido. Abascal ha sido el defensor más vituperado, perseguido y señalado por quienes decretaron el primer día que todo estaba claro, que los culpables lo eran en grado indubitado y que todo intento de defender a algunos de ellos no podía provenir sino de inconfesables motivaciones sórdidas. Y ese acoso pasó a ser ataque cuando Abascal cerró su intervención «implorando» una «sentencia justa por el bien de todos y por el bien de España». Entonces en la sala varios gritaron muy alto: «¡Ja, ja, ja!» Pero no era risa, era imprecación.
© Mundinteractivos, S.A.

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