SEÑALES DE HUMO

La propuesta catalanista del conseller podría ser en realidad una apuesta para ganarse un futuro al margen de MontillaDestaca sin discusión en esta semana el acuerdo entre el gobierno -Antoni Castells- i CiU -Artur Mas- para alumbrar la Agencia Tributaria de Cataluña. La noticia ha sido subrayada por la prensa al completo. Pero lo aprobado en el Parlamento catalán es relevante en sí mismo y por sus matices simbólicos y posible alcance político.

Pese a los aspavientos y rasgados de vestiduras, la Agencia sólo recaudará y gestionará los impuestos que ya recauda y gestiona la Generalitat. Lo que se ha hecho es dar cumplimiento a lo que manda el Estatuto, y todo lo demás dependerá de las relaciones de fuerza que se den más adelante. De mayor significación a corto y medio plazo resultan la disposición del PSC y la decisión de CiU, que han propiciado que la ley cuente con el apoyo del tripartito y de la principal fuerza parlamentaria.

En los últimos días, Castells, el único obiolista que sobrevive en primera línea, letrista de Llach en sus años mozos, ha estado bajo los focos no solamente por la exitosa negociación con CiU, sino también por haber dado un paso al frente y haber abogado públicamente por añadir catalanismo al socialismo de Montilla.

El PSC debe ser «el partido central del catalanismo», ha recomendado.¿Es casualidad? Tras lo de la Agencia Tributaria, Mas lanzó un nuevo envite y ofreció al tripartito un pacto sobre el aeropuerto de El Prat. Algo, pues, se mueve. Es como si el líder de CiU hubiera abandonado el duelo y el enfado por haberse quedado por segunda vez compuesto, sin novia y en los bancos de la oposición.

Como si Artur Mas dispusiera ya un cálculo y un plan, y hubiera comenzado a mover sus piezas.

Bien puede ser que lo que le ocurrió a CiU tras las elecciones catalanas, cuando el PSC se negó a ceder el paso a Mas pese a la noche monclovita de éste con Zapatero, le haya servido a la federación nacionalista para convencerse de que sintonizar con el PSOE no es suficiente. Por su parte, quizás los socialistas catalanes se hayan empezado a dar cuenta de que los acuerdos con CiU, amén de buenos para Cataluña, pueden serlo así mismo para el PSC, según como se desarrollen los acontecimientos. Y surge aquí la incógnita sobre Castells. ¿Hasta qué punto el consejero tiene una agenda propia?, ¿el catalanismo que exhibe Castells -junto a Tresserras el miembro del gobierno de mayor prestigio- está destinado a servir a los intereses de Montilla o lo que en realidad está haciendo el consejero es invertir en su mañana?, ¿o ambas cosas a la vez?Luego está ERC, el eslabón débil del tripartito. La agitación interna persiste y tiene un doble plano. Por un lado, están los dos sectores oficiales (el de Carod y el de Puigcercós) que a veces -como ocurrió en el consejo nacional celebrado el día 7- defienden unidos sus intereses compartidos contra los embates de los dos sectores críticos (encabezados respectivamente por Carretero y Uriel Bertran). Por otro, está la batalla entre Carod y Puigcercós. El primero, por conservar su posición, el segundo, aunque a veces dude del cuándo y del cómo, por arrinconar al primero de una vez por todas. Quien parece tener todos los número para seguir en pie tras la tormenta es Puigcercós. Sin embargo, la tormenta será dura y la batalla interna -originada sobre todo por las agudas contradicciones inherentes a la alianza de los republicanos con el PSC- provocará importantes daños -veremos cuán importantes- en Esquerra.

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