La reyerta PSOE-PP sobre ETA oculta el proyecto económico de Rajoy, de Antonio Casado en El Confidencial
El aniversario del asesinato de Miguel Angel Blanco, el protagonismo de ETA en la reyerta PSOE-PP y los fuegos artificiales de una democracia palabrera que se alimenta de fogonazos verbales. Son los árboles que no nos dejan ver el bosque. Esta vez no nos han permitido reparar con el debido sosiego en las propuestas económicas del principal partido de la oposición. Y aquí sí cuadra lo de "es la economía, imbécil" o el turno para hablar de las cosas de comer.
Muy interesante, pero de escasa repercusión mediática, ha sido la reciente conferencia de Mariano Rajoy sobre el estado de la economía en la España de Zapatero y los principales rasgos del proyecto alternativo que el PP presentará en las próximas elecciones generales. La pronunció el martes pasado ante el cualificado auditorio de la APD (Asociación para el Progreso de la Dirección), pero sus ecos no han sido ni de lejos los que reclaman tanto el momento, el orador y lo que representa como opción de Poder.
En su muy elaborada disertación sobre política económica, una primera sorpresa es su falta de sectarismo, por contraste con lo que a mi juicio está ocurriendo, por ejemplo, en política antiterrorista. Podría pensarse que ello se asienta en la lógica de una práctica, la de Solbes, básicamente continuista respecto a la de Rodrigo Rato en los Gobiernos del PP. Eso es cierto, y así lo señaló Rajoy en el reciente debate sobre el estado de la Nación. Sin embargo, en la conferencia del martes remontó ese argumento para acabar elaborando un discurso de luces largas, constructivo y de futuro.
Además de constructivo, perfectamente ortodoxo. Aun reconociendo que "la economía española no va mal", advierte de los males que se avecinan si no se afrontan los profundos cambios estructurales que necesita. Y además de ortodoxo, didáctico: "Hay veces que es preciso que alguien cambie el rumbo para que la nave no se estrelle contra los arrecifes", dijo después de haber señalado los peligros de un modelo de crecimiento excesivamente recostado en la construcción y los servicios.
Aunque la conferencia de Rajoy fue exhaustiva en todos los ángulos de aproximación a la política económica, tanto en el diagnóstico como en las terapias, lo más novedoso, al menos desde el punto de vista mediático, fue el esbozo de una ambiciosa reforma fiscal que afectaría al impuesto de sociedades (25% tipo general; 20 % pymes), al de la renta de personas físicas (mínimo, 12%; máximo, por debajo del 40%), suspensión del impuesto de patrimonio, reducción o eliminación del impuesto sobre actos jurídicos documentados, y otros que implican modificar el sistema de financiación de Autonomías y Ayuntamientos. Siempre bajo la filosofía de que se pueden bajar los impuestos sin afectar gravemente a los ingresos públicos. Y sin perder de vista el dato de que en la España de Zapatero la presión fiscal se ha encarecido dos puntos, en buena parte por el aumento de precios y salarios.
Una propuesta de reforma fiscal en la que, en fin, puede uno toparse con principios tan progresistas como el de utilizar el sistema para fomentar el ahorro familiar o el de acomodar el pensamiento fiscal a los compromisos medioambientales de nuestro país.
