AL ABORDAJE
Rajoy y 'Zetapé' de pronto comienzan a comportarse como bancarios ansiosos por que se les domicilie el voto a plazo fijo. Cuando los bancos compiten por quedarse con nuestras nóminas, es posible salir de una sucursal con una cubertería, una cafetera, un ajuar de playa y hasta un iPod o una Play Station. De momento, Rajoy y Zetapé sólo prometen a quien se pase por su mostrador bajadas de impuestos y subvenciones a la natalidad.Pero uno cree que, si nos fingimos poco convencidos y les obligamos a ir mejorando la oferta de soborno colectivo, puede ocurrir que el día de las elecciones los interventores nos cambien el voto por un cheque-regalo de El Corte Inglés válido por la Play. Pero que sea la 3, que por la 2 no le parece a uno elegante concienciarse y abandonar la abstención.El discurso de estos dos desinteresados servidores de la comunidad -¿y usted de que se ríe?- se ha trasladado de lo ideológico a lo económico. Y tal vez sea en ese preciso instante cuando España intenta dejar de serlo para convertirse en Suecia y así salvarse aplicando el diagnóstico de Ortega: «España es el problema. Europa, la solución». La solución sería un Estado que sólo tuviera que hablar de impuestos y subvenciones porque nuestra democracia ya hubiera evolucionado lo suficiente como para resultar tan tediosa en el plano ideológico como esas otras que sólo se sobresaltan cuando inventan el reloj de cuco, que diría Orson Welles. El problema es que eso no es posible, no en España, no al menos todavía.Si un extranjero tuviera que hacerse una impresión de España con las más recientes declaraciones de Rajoy y Zetapé, las de la cubertería a cambio del voto, creería que aquí no existen ciertas tradiciones folclóricas que se distinguen de la cabra arrojada desde el campanario por su raíz ideológica y que ya han sido superadas en todo nuestro entorno. Los asesinatos políticos o la inminencia de su regreso. El sabotaje y el eterno desgarro de los nacionalismos. La cizaña que al final siembran incluso espíritus colectivos como el de Ermua. El pretexto de la memoria histórica para no dar por cerrada la Guerra Civil.El siempre interesante García Domínguez le reprochaba ayer a Rajoy la nueva táctica dadivosa porque dice que la batalla política no se libra en los estómagos de los votantes, sino en su mente. Eso será en los bares donde se juntan los intelectuales para discutir sobre el marco territorial con el meñique tenso. Porque, en el Metro, es el estómago, la calidad de vida, lo que importa a unos votantes hartos de los conflictos creados por la clase política para abastecer a su propia endogamia, tertulianos incluidos. Lo que quiere saber la gente es con quién llegará mejor a fin de mes. Aquí y en Suecia, donde las ideologías están tan relegadas que ya nadie muere por ellas, porque no hay terroristas prestando más atención a la cabeza que al estómago.A eso aspiramos, aunque aburra y aunque los intelectuales se queden sin excusa para la indignación en el bar donde se junten.
@FIRMA:DAVID GISTAU
© Mundinteractivos, S.A.

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