SEXO EN BCN
Con cinco dedos podría enumerarse la lista de qués para despertar el interés femenino hacia ellos:1. Que sea hetero (ni «bi», ni leches).2. Que nos haga reír (por ingenioso, no por gracioso).3. Que tenga la VISA saneada (a partir de cuatro dígitos de riesgo).4. Que no haya cerca una mujer que sufra (o una desinformada).5. Que nos ponga físicamente (aunque no tenga el abdomen a pastillitas).
Ocurre que una, que ya ha construido familia, tiene hipoteca, ex marido con novia, ex novios con depresión y deudas, amigos y amigas fieles (no confiarse), y un montón de obligaciones, lo de tener nueva pareja, aunque sea sólo un poquito estable, se lo mira con lupa. Resulta insoportable, por lo típica, la frase «qué mal está el mercado», cuando en realidad lo que hay que hacer es esperar a que te traigan la compra a casa. Si recojo opiniones, frases e ideas de aquí y allá, resulta que, en según qué momentos de la vida, para disfrutar de una buena comida las gambas han de ser de Palamós, los guisantes del Maresme, los caracoles de Lleida, la ternera de Girona, las galeras de Tarragona, las alcachofas de Benicarló, el jamón de Huelva y la langosta del Cantábrico. Para líquidos: los tintos, de la Ribera del Duero, los blancos del Penedès y el champagne, afrutadito y muy seco. Si no es así, no hay concesiones que valgan, a no ser una tapa de queso con tinto, que el queso aguanta cualquier caldo y viceversa.
Hace unos días leí que los alimentos con formas fálicas estimulan la sexualidad (espárragos, pepinos, plátanos ), otros son afrodisiacos porque conducen a los genitales femeninos (higos, mejillones), o lo son por su propia composición (pistachos, caviar, gingseng ).
Entro en la cocina, miro los plátanos y nada. Empiezo con los pistachos y nada. Otro tanto con el gingseng y con los espárragos.
Absolutamente nada. Por mucho que me empeñe, mis feromonas no se tiñen de colores. ¿No será que la comida estimula al sexo sólo cuando hay puchero donde cocerlo? Ni Isabel Allende, ni Madame du Barry ni el Marqués de Sade, que ya intelectualizaron lo de la comida y el sexo, aportaron luz al tema. Probado, pues, que hay que montárselo forzosamente entre dos, aunque uno sea un apéndice manual. Volvamos al principio, contemos con los cinco dedos, y convirtamos la flor de calabaza en la flor de nuestro secreto, el sexto apéndice: si él sabe cocinar, entonces sí hay conexión entre sexo y fogones.¿Pueden imaginar algo más sexy que un hombre con delantal entre pucheros? A poder ser, sólo con delantal. Pero ojo al dato, que sin los cinco puntos iniciales, no hay cocido.
anna.alos@yahoo.es
© Mundinteractivos, S.A.

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