¿Cuántos empleados de una gran multinacional serían capaces de renunciar voluntariamente a su trabajo, sin ningún tipo de contraprestación, por salvar el puesto de sus compañeros? ¿En cuántas compañías el jefe es la persona con más experiencia del sector y la que más trabaja para mantener motivados a sus empleados? Aunque muchos piensen que no se puede aprender nada de los animales, hay especies que podrían dar más de una lección sobre cómo organizar una empresa, ya que su instinto de supervivencia les obliga a diseñar estrategias ante nuevas amenazas.
Hay especies, como las hormigas, que rigen sus organizaciones a través de lo que se conoce como inteligencia de grupo, donde el individuo es capaz de sacrificarse por el resto de la colonia. Ante un ataque del exterior, las hormigas más débiles se colocan a la entrada de los túneles para ser las primeras en morir y así salvar a sus compañeras.
Éstas son algunas de las ideas que ha recogido Jesús Fernández Morán, director técnico del Zoo de Madrid, en el libro Fauna S.A. De los animales pueden aprenderse distintos trucos para enfrentarse a un jefe autoritario, como hace un gorila hembra frente al macho. En lugar de retarle, lo que podría provocar aún más su ira, opta por comportamientos más evasivos y sutiles.
Cuando dos machos de cualquier especie se enfrentan por el poder de la manada, el perdedor suele ofrecer su cuello (la parte más débil) a su rival para así apaciguar su ira y, finalmente, salvar la vida. Ya habrá otras oportunidades de luchar.
Los lémures (animales originarios de Madagascar) son un ejemplo de cómo sacar el máximo partido al entorno. No permiten que ningún competidor se adentre en su terreno, pero si los recursos escasean, no dudan en fusionarse con otro grupo para lograr sinergias. Pese a todo, los animales tienen el mismo reto que los humanos: la innovación. Ambos comparten ese miedo a lo desconocido y sólo la necesidad les empuja a salir de su entorno más cercano.
El león sabe gestionar su tiempo
¿Por qué no existe el estrés en el reino animal? La cebra es el eterno sufridor, siempre hay alguien que lo intenta cazar y, sin embargo, no sabe lo que es una úlcera. Lo mismo ocurre con el león, cuya ventaja competitiva no sólo está en su fuerza y su velocidad, sino también en saber desconectar y pensar en algo que no sea la caza. El secreto para no tener estrés radica, sobre todo, en que los animales no piensan en el futuro, sólo en el presente.
Elefantes, la sabiduría del líder
Uno de los mejores ejemplos de liderazgo que existe en la naturaleza es el de los elefantes. Además de ser una sociedad matriarcal, para alguien de fuera de la manada, es muy difícil identificar quién es la jefa, hasta que verdaderamente hay un peligro. En ese momento, es la primera en defender y guiar a su gente. A diferencia de otras especies, su liderazgo no está basado en una lucha de poder, sino en la experiencia y la sabiduría.
El gorila y la antiempresa
Los gorilas forman uno de los colectivos donde la ética y la moral brillan por su ausencia. El autoritarismo de los machos es una realidad en la que las hembras aceptan una jerarquía impuesta por sexos. El caso del orangután es todavía más extremo, ya que puede llegar a violar y agredir físicamente a las hembras. Los chimpancés son unos genios en el arte del mobbing y no dudan en atacar otros grupos.
El lobo y el arte de la opa hostil
En la naturaleza, al igual que en la empresa, hay grandes estrategas. Uno de los mejores ejemplos son los lobos, considerados unos expertos en el arte de lanzar opas hostiles. Primero, estudian detenidamente a las empresas rivales y eligen a la más débil o la que tiene más posibilidades de caer en sus manos. Después, elaboran una estrategia y cada individuo toma posiciones antes de lanzar su ataque para absorber a su presa.

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