Rajoy eligió Galicia, no por casualidad, como escenario para el anuncio de su segunda promesa electoral en las dos últimas jornadas. Al día siguiente de presentar en Madrid, ante un foro de empresarios, su «alternativa» en materia de rebaja de impuestos, el líder del PP se comprometió en Vigo a llevar a su programa la reforma de la propia Ley Electoral.
«Yo plantearé en el programa de las próximas elecciones generales una modificación de la Ley Electoral para que se respete, lo más posible, la voluntad de los ciudadanos», afirmó en la Reunión Interparlamentaria del doliente PP de Galicia, despojado del poder por la coalición PSG-BNG, pese a haber ganado los comicios autonómicos de 2005.
Fue precisamente ese verano, y a consecuencia de este resultado, cuando Rajoy habló por primera vez de la necesidad de abordar dicha reforma, hasta el punto de encargar un informe explícito a Faes, la fundación política vinculada al PP y presidida por José María Aznar.
La fundación cumplió, pero Rajoy nunca hizo público el estudio. En realidad, no volvió a hablar de ello hasta noviembre de 2006, en una de las Conferencias sectoriales celebradas por el PP sobre la reforma del modelo de Estado.
En aquella ocasión, lejos aún de la convocatoria electoral, el presidente popular hizo más hincapié en la necesidad de que dicha reforma sea pactada entre los dos grandes partidos nacionales que en su propio contenido. Pero en plena campaña de las municipales de mayo de 2007, y sobre todo, nada más contabilizar los resultados, la necesidad de reformar la Ley cobró cuerpo en el discurso de Rajoy.
En junio, tras la pérdida de Baleares, y ante la Junta Directiva de su partido, anunció por primera vez su intención de incluir la reforma en el programa.
Este mes de julio, tal como recordó ayer Rajoy, el Grupo Popular la incluyó entre las propuestas de resolución del Debate sobre el estado de la Nación, para «evitar que partidos con un apoyo minoritario y residual se erijan en componedores de soluciones de gobierno que no responden a la voluntad expresada por la mayoría de los electores». El texto, que fue rechazado, proponía dos fórmulas: la elección directa de la lista más votada, o la doble vuelta.«Ya veremos cuáles son los procedimientos», matizó ayer Rajoy, quien se mostró, una vez más, dispuesto a «negociarlo».
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