Para desesperación de ambos partidos, los dos grandes, se parecen bastante en sus propuestas y en sus procedimientos. Probablemente nunca ha sido tanto lo que les separa en cuanto a sentimientos, pero no en sus propuestas efectivas; lo que hacen, más que lo que dicen. La antipatía entre Rajoy y Zapatero, entre “peperos” y “sociatas” ha desbordado la que se profesaron González y Aznar desde primera hora, desde el áspero debate del escaño manipulado o perdido en las elecciones de 1989. El carácter de ambos les hacía incompatibles, pero no es ésa la forma de ser de sus sucesores que hoy están al mando, su natural les debía llevar hacia cierta simpatía o tolerancia. Como no es así, las diferencias son más profundas.
Pero al margen del carácter, sus estrategias en algunos campos de la política tienen muchas semejanzas; por más que algunos se escandalicen, las diferencias, por ejemplo, en política económica están en el margen, en los detalles, son poco relevantes.
De hecho, aunque tanto Rajoy como Zapatero reiteran que el milagro económico la han protagonizado sus respectivos partidos, la política económica es consistente desde hace treinta años y los dos giros introducidos, adicionales al impulso y sesgo que supusieron los Pactos de la Moncloa, lo dieron Boyer en 1985 y Rato en 1997. De manera que los méritos se reparten, y también los deméritos. Y a Solbes hay que atribuirle, durante sus dos mandatos, serenidad y ortodoxia presupuestaria.
Todo esto viene a cuenta de la oferta fiscal de Rajoy y del dibujo que hizo ante la APD de objetivos de política económica. Respecto de estos últimos se parecen como dos gotas de agua al programa nacional de reformas que dejó Miguel Sebastián como herencia en la Oficina Económica. Lo cual no es bastante tranquilizador. Los dos grandes partidos (y buena parte de los otros presentes en el Parlamento) están de acuerdo en esos objetivos. Otra cuestión es que luego pongan música e interpretación a ese libreto.
Con respecto a la oferta fiscal de Rajoy, es probablemente más ambiciosa que la que van a proponer los socialistas, en cuanto a rebaja de tipos (abatimiento, dicen los especialistas); pero el planteamiento que hizo Rajoy en la APD es tan efectista, electoralista... como el de Zapatero con los cheques-bebe. Bajar impuestos es un planteamiento insuficiente, parcial, lo que hay que bajar es el gasto y, como consecuencia, los ingresos. La oferta de Rajoy, al no venir cuantificada en sus efectos, es un mero “viva Cartagena”, las rebajas de tipos necesitan calendario y explicaciones en cuanto a sus efectos.
La música fiscal de Rajoy es lo habitual, lo que se lleva ahora: rebajar impuestos directos. Es lo que pretende hacer Sarkozy, que merece seguir atentamente en cuanto a sus consecuencias. Pero cabría pensar que ésta es hora y circunstancia para mayores audacias. Los socialistas estuvieron a punto de asumir el tipo único del IRPF, pero les faltó audacia e intuición. Lo incomprensible es que Rajoy no asuma esa bandera, debe ser la cautela, la timidez.
Y otro tanto para el mayor rubro presupuestario, las pensiones, las cotizaciones sociales. ¿Cómo es que nadie se atreve a intentar un sistema público de pensiones mixto, de capitalización y reparto, con el horizonte de cincuenta años para completarlo? Pero esto último mejor se lo cuento otro día.
FGUrbaneja@wanadoo.es

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