EL ÚLTIMO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE COMUNICACIÓN
"Publica o muere" es la fatalidad del científico moderno. La carrera, la financiación de los investigadores dependen de su capacidad de publicar en las mejores revistas. Estas se clasifican por un ranking que se denomina índice de impacto. Por encima de todas ellas hay un grupo de revistas que no solo tienen un impacto considerable, sino que lo tienen en muchas disciplinas al mismo tiempo, y por esta razón tienen una influencia de primer orden en la ciencia contemporánea. Este grupo está formado básicamente por Science y Nature, dos revistas rivales que representan al mismo tiempo la tradición científica (anglosajona) de los dos lados del Atlántico. Por su impacto en la comunicación científica, acaban de recibir el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación.
CUANDO EN EL siglo XVII la ciencia renacentista iba tomando forma se vio la necesidad de crear sistemas para que se hicieran públicos los descubrimientos y se estableciera la autoría de los mismos. Aparecieron las sociedades científicas, como la Accademia dei Lincei en Roma en 1603, la Royal Society en Londres en 1660 o l'Académie des Sciences en París en 1665. Pronto estas academias rivalizaron en acoger los debates más avanzados en cuestiones científicas. Pero había que dejar constancia de lo que se presentaba en las sesiones académicas y por ello comenzaron a aparecer las revistas científicas, como Philosophical Transactions de la Royal Society, editada desde 1665.
En la actualidad es prácticamente imposible saber el número de revistas científicas que se publican en el mundo, por ello ha sido necesario establecer unos rankings que se basan en las veces que los artículos publicados en una revista son citados por otros autores. La existencia de las telecomunicaciones ha cambiado a fondo el panorama. Hay revistas que ya no se publican en papel, y los nuevos centros de investigación se construyen prácticamente sin biblioteca, espacio que era el centro de la actividad de los institutos hace poco tiempo.
La imposibilidad práctica de un investigador de seguir lo que se publica en su disciplina ha hecho que se pongan en marcha revistas de comentarios que llaman la atención sobre lo más relevante que se publica y sistemas online que avisan de los artículos más interesantes.
EN ESTE panorama, Nature y Science ocupan una posición muy particular. Se trata, sin duda, de revistas que publican artículos científicos, pero no solo de una disciplina concreta como la mayoría de las revistas. No son las revistas de mayor impacto, ya que alguna de biología básica o medicina las supera, pero en sus páginas se han publicado algunos de los grandes descubrimientos del siglo XX. Además de esto, las dos revistas tienen otras secciones muy influyentes. Tienen editoriales que expresan el punto de vista de la comunidad científica sobre temas generales. Hace poco, Nature, por ejemplo, se sorprendía de que en España, con el aumento del dinero dedicado a ciencia, no se hicieran reformas estructurales necesarias para usarlo mejor. Hay también secciones que llaman la atención sobre los artículos más relevantes y los ponen en su contexto, secciones de revisiones de libros y anuncios de empleo. Y, evidentemente, publicidad muy bien pagada, y por eso las dos son muy buenos negocios.
Nature y Science son revistas distintas en muchos aspectos. Science está vinculada a una sociedad científica, la Sociedad Americana para el Progreso de la Ciencia (AAAS), fundada en 1848, que en gran parte depende de los ingresos de la revista. Nature ha sido siempre una revista profesional desde su fundación en 1869. Estaba editada por la editorial de la familia del primer ministro Harold Macmillan. En sus años heroicos se editaba en unas vetustas oficinas junto a Fleet Street, en pleno centro del Londres periodístico, con unos medios muy limitados, pero en las que parecían vivirse la profesionalidad, el rigor y la ironía de Oxford o Cambridge. En este momento, Nature es una constelación de más de 30 revistas de distintas disciplinas que tratan de conservar el carácter de la revista originaria.
LAS DOS revistas no se han librado de los problemas ligados a la presión mediática y económica que tiene la ciencia moderna. Publicar un artículo en Science o Nature puede representar para un investigador la culminación de una carrera científica y un seguro para la financiación de sus trabajos. Por ello, solo publican un pequeño porcentaje de los textos que reciben tras un análisis riguroso que no evita, sin embargo, que se cuelen artículos fraudulentos, lo que les ha hecho reconsiderar los procedimientos que utilizan para revisar los textos que les llegan.
Fuera de los profesionales de la ciencia, las dos revistas son la fuente de aquello que cuenta en ciencia. Cada semana los periodistas científicos esperan las noticias de prensa de las revistas, en las que se encontrarán sin duda los avances más relevantes de la ciencia. Quizá esto es lo que las hace merecedoras del Premio de Comunicación. Su misma importancia es la demostración de un poder que ha sido discutido, pero que ha sido ejercido, en términos generales, teniendo en cuenta que representan la excelencia del avance en el conocimiento.
Pere Puigdomènech. Director del Laboratorio de Genética Molecular Vegetal. CSIC-IRTA.

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