CATALUNYA CIUDAD
El ingeniero Bohigas, poeta de la luz y autor de las fuentes de Montjuïc, fue un auténtico visionario. Oírle hablar era una manera de soñar despierto con una visión de futuro. Barcelona seguía con idénticos problemas que los de anteguerra: su confinamiento entre los límites municipales, impuestos desde la capital del reino. Un corsé que, ensanchado, sustituyó a las antiguas murallas.
La ciudad del mañana, para Bohigas, debía desatar tantas trabas y convertir en metrópoli la urbe, saltando Collserola. El nuevo centro de la gran capital sería el Tibidabo, un Central Park catalán. Así me lo explicó en una entrevista publicada hace más de medio siglo. Ahora los planificadores viven en una permanente contradicción. Por un lado, reivindican con razón la condición metropolitana de Barcelona. Y por otra, siguen con la idea de que la plaza Catalunya es el centro-centro, cuando lo es de la ciudad del siglo XX, no del XXI, que reconoce la existencia de otros polos urbanos estratégicos.
De ahí que deba evitarse que todo deba pasar por ese famoso Quadrat d´Or que nuestro admirado Lluís Permanyer nos ayuda a penetrar en algunas de sus valiosas obras y trabajos periodísticos. Admito mi pobre cultura técnica, pero presumo de haber conocido a uno de los genios del transporte ferroviario internacional, el francés Louis Armand. Reconstructor de la red francesa (SNCF) Armand, el álter ego de Jean Monnet, proyectó la red de trenes de gran velocidad. Que hoy ya es una realidad en marcha en la Europa occidental.
Uno de los objetivos de Armand y otros genios, cual el geógrafo Deffontaines, también previeron las autopistas del mar. Era cuestión de descargar parte del gran tonelaje que invade las comunicaciones por tierra. Ése es uno de los fines, entre otros, de la alta velocidad.
Todo ello abona la tesis que exponía Josep Piqué el pasado sábado, que evita el paso por el centro del AVE: estación terminal en Sants, para los trenes procedentes de Madrid, y estación, hacia Francia, en la Sagrera, pasando por el Vallès.
Crear un enorme nudo en el centro del Quadrat d´Or es una temeridad. No sólo obras de Gaudí - la Pedrera, la casa Batlló y, desde luego, la Sagrada Família-, sino gran parte de las joyas modernistas podrían correr peligro. Son incontables los ciudadanos que piensan así. Merece la pena darse más tiempo de reflexión. Sin ignorar que el problema de cercanías no puede soslayarse y espera prontas decisiones. Los técnicos saben más que nosotros.

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