El PP rescata su plan de bajar los impuestos y acusa a Zapatero de errar en las prioridades
Mariano Rajoy dio ayer un primer aviso de que no es impermeable a quienes lo acusan de atornillar tanto la crítica al rumbo -o ausencia de él- del Gobierno que olvida componer una alternativa política atractiva y concreta. El marco era idóneo: un almuerzo con empresarios de la Asociación para el Progreso de la Dirección y PriceWaterhouse Coopers, donde Rajoy mudó el discurso y colocó el progreso económico en el mascarón de proa de su oferta electoral.
Es cuestión de prioridades, admitió Mariano Rajoy, que, a la sazón, acusó al presidente del Gobierno de haberlas equivocado. Hizo encomio de la política de Rodrigo Rato en los gobiernos del PP - poniendo cuidado en no nombrarlo, para no dar pábulo a más especulaciones sobre su regreso-, un círculo virtuoso de convergencia real con Europa que se truncó, según Rajoy, cuando en el 2004 "pasó lo que pasó". El nuevo Gobierno, en el relato del líder de la oposición, erró los objetivos y se dedicó a desautorizar la transición, discutir lo que es España y negociar con ETA. Y desde entonces, "no ha existido ninguna política económica". La afirmación fue calculada, pues su discurso llevaba el hilván de una metáfora de gremio antiguo: la economía es un reloj al que hay que dar cuerda; versión matizada de la parábola rural que usara en el debate sobre el estado de la nación, en el que retrató a Zapatero como gallo que canta creyendo que hace salir el sol.
Traspasada la autoría de la estresante agenda de la legislatura al PSOE, Rajoy prometió que hará de su plan estratégico de competitividad el ariete de su campaña. Además de reducciones del IRPF y del impuesto de sociedades y de la supresión del de patrimonio, ofertas desempolvadas de anteriores programas del PP, apostó por un crecimiento que descanse en otra reforma de la educación y en la inversión en investigación e infraestructuras.
Que ETA no fuera prioridad, empero, no evitó que Rajoy arrancara con una mención al aniversario del secuestro de Miguel Ángel Blanco y el mantra sobre la querencia de Zapatero a dialogar con ETA. Aprovechó también para anunciar que en septiembre habrá caras nuevas en el PP - sin prescindir de nadie: "Tengo gente de sobra para formar un gobierno infinitamente mejor que el que existe hoy en España; o el de la semana pasada"- y lanzó un guiño al presidente navarro en funciones, Miguel Sanz, allí presente, que fue enmienda a Esperanza Aguirre: no sólo debe gobernar, sino que el PSN debe apoyarlo, pues no sería justo que Sanz mandara, "con la espada de Damocles de una moción de censura" sobre su cabeza cana.

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