LA LUCHA ANTITERRORISTA: Las últimas operaciones contra ETA
La sala de lo penal resolverá la pugna desatada entre Garzón, Del Olmo y Marlaska
Las luchas intestinas y la aparente falta de rigor de la Audiencia Nacional ante delicadísimas cuestiones de Estado, como los contactos con ETA durante el proceso de paz, han causado un profundo malestar en el seno del Gobierno. El último episodio ha sido la pugna procesal desatada entre tres jueces de la Audiencia por llevar la investigación derivada de la detención de dos etarras en Francia el pasado 29 de marzo. Uno de ellos dijo estar relacionado con esos contactos, para lo que disponía de teléfonos supuestamente pertenecientes a autoridades españolas y francesas.
La juez antiterrorista francesa Laurence Le Vert dio cuenta del hecho a la Audiencia un día que estaba de guardia el juez Marlaska, quien ordenó de entrada diversas diligencias, las que consideró inaplazables, y luego envió el asunto al juzgado decano, para su reparto. El titular de este juzgado, Ismael Moreno, la entregó por turno al juez Juan del Olmo, quien ha seguido la investigación del asunto. En el camino, sin embargo, ha aparecido el tercer juez en liza, Baltasar Garzón, a quien en puridad le corresponde el asunto, según la Fiscalía.
Garzón ha reclamado el caso, en efecto, porque estima que está relacionado con otras diligencias de su juzgado, las relativas a la red de extorsión de ETA y al bar Faisán, desde donde supuestamente se controlaban los pagos. Meses atrás, Marlaska y Garzón ya tuvieron algún roce por esa investigación. Los argumentos técnicos por los que la Fiscalía prefiere que el asunto quede en manos de Garzón no se conocen, porque a pesar de diversas filtraciones el asunto está en teoría bajo secreto. Pero los antecedentes dicen que, siempre que ha existido alguna disputa entre ambos jueces, la Fiscalía ha apoyado a Garzón, quien a su vez ha mostrado más receptividad que Marlaska a las tesis defendidas en cada caso por los fiscales.
El Gobierno, a su vez, está asistiendo a la reproducción de las tensiones de la Audiencia con una mezcla de profunda desazón y gran perplejidad. El Ejecutivo habría querido contestar a la juez Le Vert por el cauce procesal oportuno, y en todo caso con la mayor discreción. Pero las pugnas personales y los intereses políticos convierten a la Audiencia Nacional en terreno abonado para casi todo, menos para el comedimiento y la mesura.
De modo que, una vez conocida la existencia de la investigación de la juez Le Vert, la Audiencia ha demostrado nuevamente su porosidad y la relativa facilidad con que unos y otros resuelven sus diferencias tirándose diligencias supuestamente secretas a la cabeza. La marea también arrastra a la Fiscalía, obligada ahora a explicar en público por qué se decanta por Garzón, cuando hubiera preferido que este juez se hiciera con el asunto sin ruido. En la Audiencia, en suma, ya nadie se fía de nadie. Y al Gobierno le toca poner buena cara y mostrarse obviamente dispuesto a colaborar con la justicia.
Ante este estado de cosas, será la sala de lo penal la que decida qué juez debe seguir el caso. Se ignora si el asunto será resuelto por una sección de tres magistrados o por el pleno de la sala, como en su día sucedió con el caso De Juana Chaos. El presidente de la Audiencia, Carlos Dívar, se entrevistó anteayer en este contexto con el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, para entregarle la memoria de la Audiencia Nacional. Dívar tiene un lema para las situaciones complicadas, sacado de santa Teresa de Jesús. Cuando van mal dadas, Dívar suele pedir calma con los célebres versos de la mística: "Que nada te turbe, que nada te espante".

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