La emergencia del periodismo participativo obliga a las organizaciones periodísticas a nuevos modelos de gestión del ‘asalto ciudadano’. El nuevo poder de la audiencia implica desafíos urgentes, pero también nuevas oportunidades.

El 22 de noviembre de 1963, un industrial ruso llamado Abraham Zapruder filmó con su cámara Bell & Howell de 8 milímetros el paso de la comitiva del presidente John Fitzgerald Kennedy a través de la Plaza Dealey, en Dallas. Fue el fin de Kennedy, y quizá uno de los comienzos del periodismo ciudadano.

Zapruder no sabía que estaba filmando un documento histórico, una de las grandes noticias de su tiempo... Si aquel hecho hubiera ocurrido hoy, cientos, quizá miles de Zapruder habrían filmado en directo el asesinato con sus cámaras digitales y sus teléfonos móviles de alta resolución, todos conectados a redes digitales. No habría teoría de la bala loca, Jim Garrison no tendría trabajo, y Oliver Stone se habría quedado sin argumentos para su película.

La emergencia del periodismo ciudadano supone un cambio fundamental de democratización en el que todos somos potenciales creadores de medios y contenidos. Dan Gillmor, uno de los mayores gurús del llamado periodismo 3.0 –el periodismo como conversación–, que participó ayer en un curso de la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial, asegura que “estamos hablando de acceso, no de distribución; de consumidores que se convierten también en productores y de productores que se transforman en colaboradores”.

Enrique Dans, experto en nuevas tecnologías del Instituto de Empresa, añade que “estamos en la era del ‘tú’, un consumidor simultáneo de medios que se encuentra en una posición central. Incluso podríamos hablar del ‘metatú’, de avatares, Second Life y metaversos”. Dans explica que el usuario pasa de ser lector a convertirse en agente activo que tiene una página en su propio periódico: “los medios se transforman en brókeres de atención”.

Gillmor señala que los nuevos presupuestos de este periodismo 3.0 nos llevan a preguntarnos quién es periodista y qué es el periodismo. “Yo he aprendido en Silicon Valley que mis lectores sabían más que yo. Nuestra audiencia sabe más que nosotros, y las organizaciones periodísticas deben adaptarse a esto. Los periodistas han de dejar de pensar en ellos mismos como oráculo y deben convertirse en guía”.

El experto estadounidense explica que “el cambio está en tener conversaciones; que todos participemos. La primera regla es que hay que escuchar, algo que no se nos da bien a los periodistas, que sólo atendemos a quienes nos convocan a las ruedas de prensa o a quienes llenan nuestras agendas. Pero no escuchamos al público”.

Juan Varela, consultor y editor del blog Periodistas 21, subraya que “los ciudadanos crean agenda. Ahora la gente te vuelve a contar cosas, y las informaciones circulan de una forma diferente, al margen de lasorganizaciones tradicionales”. Varela cree que uno de los grandes desafíos es “gestionar bien el asalto ciudadano al periodismo” y convertir la información en una conversación sin ruido.

El nuevo poder de la audiencia implica una nueva participación. así, Dan Gillmor asegura que “el bajo coste de los fracasos significa que alguien con una nueva idea no tiene que convencer a nadie más para ponerla en marcha. Ya no hay barreras entre el pensamiento y la acción. Estamos ante la mejor oportunidad para que muchos puedan convertirse en emprendedores periodísticos”.

Enrique Dans añade a esto que, por primera vez en la historia “es más barato lanzar algo, probar algo, que realizar focus groups para comprobar si es una buena idea”. Gillmor cita grandes éxitos de emprendedores como el de OhMyNews, a los que le han seguido Flickr o YouTube.

También NowPublic –que se autodenomina una red informativa y participativa y que incluye imágenes e historias procedentes de sus más de 31.000 reporteros ciudadanos en 130 países, enganchados a lo que algunos llaman ya “la sabiduría de las muchedumbres”–, o Scoopt, que en 15 meses ha conseguido registrar a 12.000 colaboradores en 97 países.

Sin contar con la confianza que el capital riesgo otorga a los llamados blogs de nicho, como GigaOm. Nueva financiación para nuevos actores en un escenario distinto.