TIEMPO RECOBRADO
Putin amenazó hace unos días con instalar armas nucleares en Kaliningrado como respuesta al proyecto estadounidense de un escudo antimisil. Muchos europeos desconocen que Kaliningrado se llamaba antaño Königsberg y que era la próspera capital de Prusia Oriental. La bellísima ciudad fue tomada por el Ejército Rojo a comienzos de 1945. Los 200.000 alemanes que quedaban abandonaron sus hogares. Los rusos cambiaron su nombre por el de Kaliningrado, hoy enclave bajo soberanía rusa entre Polonia y Lituania.Königsberg era famosa por sus siete puentes sobre el río Pregel. Euler desafió a los matemáticos a demostrar si era posible cruzar esos siete puentes sin repetir por ninguno, lo cual parece que nadie ha logrado. Pero la ciudad báltica ha pasado a la historia por ser la cuna de Emmanuel Kant, que nació allí en 1724. Se dice que el gran filósofo, hijo de un guarnicionero, nunca abandonó su lugar natal hasta su muerte.Los rusos se afanaron en borrar cualquier huella de la cultura prusiana de la urbe, donde no quedó ni un sólo habitante de origen germano ni vestigios de su arquitectura barroca. Hace pocos días, navegando por internet, tropecé con una fotografía en la que se veía la inconfundible figura de Kant en un parque. El pie de foto señalaba que esa estatua se encuentra en Kaliningrado.Sentí una profunda emoción al ver la imagen del maestro en ese parque. Los habitantes, los edificios, la historia, la cultura... todo había sido destruido en Kaliningrado, pero al menos quedaba la estatua de Kant entre tanto horror.Kant fue el mayor sabio de su tiempo. Sus conocimientos eran inabarcables. Intuyó que la esencia de las cosas es incognoscible porque el hombre está condicionado por sus sentidos. Pero no era, sin embargo, un escéptico. Buscaba con pasión la verdad. Y defendía, pese a su relativismo epistemológico, que el hombre tiene que actuar conforme a un imperativo moral.La supervivencia de esa estatua me parece una verdadera alegoría de la Historia de Europa, destruida primero por la barbarie nazi y luego por el avance del Ejército Rojo hacia Berlin, que arrasó Prusia y los territorios alemanes del Este.Cientos de ciudades fueron borradas del mapa, más de un millón de soldados alemanes perdieron la vida, las propiedades fueron saqueadas y las mujeres, violadas, en esos últimos meses de la guerra que concluyó en abril de 1945. Fue una venganza innecesaria. Alemania quedó reducida a escombros, lo mismo que había sufrido Rusia tres años antes, y toda una generación desapareció tragada por la guerra. Pero sobrevivió esa estatua de Kant, símbolo de la resurreción de la cultura en medio de esa terrible destrucción.En lugar de instalar misiles nucleares, los rusos deberían marcharse de Kaliningrado y proclamarla ciudad abierta para toda la humanidad. Tal vez Kant bajaría entonces de su pedestal, daría cuerda a su reloj y cruzaría los siete puentes de la ciudad para demostrar que Euler no tenía razón.
@FIRMA:PEDRO G. CUARTANGO
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