DECADENCIAS

Aunque las biografías serias en España son pocas y en su mayoría pudorosas, siempre oí decir que nuestro Nobel de Moguer, el neurótico e hipersensible JRJ, había sido hombre (acaso por su propia hipersensibilidad) altamente erótico y aún con cierta obsesión por las mocitas. La llegada de Zenobia a su vida en 1913 -tenía él 32 años-, amor o paz que iba a representar todo para él, frenó o resguardó aquellas tormentas pasionales y llegó a impedir indirectamente que Juan Ramón publicara, como tenía pensado hacer, sus eróticos y bellos poemas de Libros de amor que ahora ha editado Linteo en cuidada edición de José Antonio Expósito Hernández.En ese libro, aún de suave aura modernista (bellos alejandrinos asonantados, y no sé por qué se tiende aún a desdeñar esa etapa magnífica y crucial en Juan Ramón) el poeta pasaba revista a buena parte de los amores o amoríos -bien carnales a menudo- que habían incitado su pasión, desde que a los 20 años (en 1901) se enamora de una chica francesa de 17 que trabajaba en el sanatorio de Castel d'Andorte, donde él seguía tratamiento psiquiátrico.Es la Francina de los poemas. Pero es que al poco, siguió otra pasión (quizá más de ella esta vez, pero seguida por él sin remilgos) adulterina. Pues JRJ no dudó en consolarse con la mujer de 29 años esta vez (seguimos en 1901) del director de otro sanatorio, el doctor Lalanne, al que le recomendó el doctor Simarro. Un Juan Ramón de 19 años se solaza golosamente (sabiendo que eso no era amor) con una fogosa hembra de 29, necesitada probablemente. «Yo te pedía más, tú me lo dabas todo/ hasta un sinfín ignoto de lujuria». Incluso le gustó al poeta la hija mayor de Jeanne Lalanne, una muchachita llamada Marthe... Luego llegarían las novicias que trabajaban en el sanatorio del Rosario, en Madrid (donde también estuvo el poeta mágico y doliente), como la hermana Pilar, a la que llama «mi Venus de Milo».Pilar no fue la única novicia, en absoluto, que consoló al ardiente poeta -estamos en 1903- que atrajo hasta a la propia Madre Superiora, quien al verse rechazada, mandó al coro de novicias a otra parte, y puso gentilmente al venusto poeta en la calle... JRJ escribiría que en el sanatorio del Rosario pasó «los dos mejores años de mi vida». No es difícil ver la sonrisilla del marqués de Sade, el divino.«Tu sexo negro, suave como un plumón de pájaro...». O bien: «Impudicia es tu nombre, mujer (...) me besas locamente sin esperar mis besos». Y más: «Con los senos nacientes, redondos como rosas,/ separados aún, en su gracia temprana...». ¿Es este el mismo poeta de Espacio o Dios deseado y deseante? El hombre es cambio y mudanza, pero el JRJ más erótico (aunque algo ya conociéramos) nada tiene de desdeñable. La poesía puede ser sexo y lujuria también, y hasta Juan Ramón, el exquisito de las lilas, lo dejó demostrado. Lo que no quita sino que confirma la maldad ingeniosa que dijo Ramón Pérez de Ayala (ya en Madrid) al saber por Walter Starkie, en una cena, que Zenobia acababa de fallecer en Puerto Rico: «¡Pobre!», exclamó el asturiano, «Santa Zenobia, virgen y mártir» (Es sabido, los ingeniosos venden al padre por una frase).

@FIRMA:LUIS ANTONIO DE VILLENA

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