VUELTA A LAS ARMAS: La opinión
Hace 10 años, a estas horas, Miguel Angel Blanco estaba ya privado de libertad, en manos de sus secuestradores, con muy pocas, por no decir nulas, esperanzas de conservar su vida. Y así fue: un día como mañana, hacia las 16:00 horas, los terroristas de ETA que le habían secuestrado le descerrajaron dos tiros en la cabeza. Por eso, lo primero, lo más importante a la hora de recodar aquel terrible asesinato a cámara lenta es tener un recuerdo muy especial para sus padres -Consuelo y Miguel- y para su hermana -Mari Mar- porque, por muchos años que pasen, seguro que lo que nunca desaparecerá de sus vidas será la angustia, el sufrimiento, el dolor por la pérdida, de forma tan cruel, de un hijo y de un hermano.Los padres y la hermana de Miguel Angel Blanco, al igual que el resto de las víctimas del terrorismo, representan lo mejor de nuestra sociedad y deben tener la seguridad de contar con el apoyo y el afecto de una inmensa mayoría de españoles que siempre estaremos incondicionalmente a su lado, para defender su memoria, su dignidad y exigir que se haga justicia con los asesinos. Al menos, aunque para sus familiares fuera un precio muy alto, el asesinato de Miguel Angel sirvió para que nunca más las víctimas sintieran la soledad, cuando no la indiferencia, del resto de los ciudadanos. En ese sentido, Ermua fue un punto de inflexión para bien, para mejorar una situación de clara injusticia con las víctimas que se había vivido en los años anteriores.Ermua, pese a quien pese, sigue vivo, porque aquel espíritu fue, y sigue siendo, algo que está muy por encima de las coyunturas y de los avatares de un gobierno o de un partido político. Ermua supuso la rebelión cívica de las víctimas y, junto a ellas, la de una sociedad que le plantó cara a los terroristas, a quienes les apoyan y a ese nacionalismo gobernante en el País Vasco que siempre ha estado muy cómodo con esa situación, tan bien como miserablemente definida por Xabier Arzalluz en su día: «Unos agitan el árbol y otros recogen las nueces».Es verdad que en el terreno de los hechos ha habido retrocesos en estos 10 años: nadie podía prever entonces que por, primera vez, un presidente de Gobierno se aviniera a negociar políticamente con ETA como ha hecho José Luis Rodríguez Zapatero; nadie podía prever que el brazo político de los terroristas fuera a volver a las instituciones de las que la marea que comenzó en Ermua había conseguido expulsarle; nadie podía prever que la unidad entre los dos grandes partidos nacionales fuera a estar tan maltrecha; nadie podía prever que las víctimas del terrorismo fueran a ser tan maltratadas, ninguneadas e incluso, en algunos casos, perseguidas, sí, perseguidas, por el poder; nadie podía prever que un Gobierno socialista fuera a tratar con más deferencia a los verdugos -De Juana, Otegui, pongo por caso- que a sus víctimas; nadie podía prever que el PSOE de Rodríguez Zapatero prefiriera el entendimiento con partidos que en su actuación política contienen dos factores letales: no haber hecho nunca nada por acabar con ETA y tener un proyecto fuera de la España constitucional.Todo eso, y algunas cosas más, configuran la parte más negativa del balance de estos 10 años. Pero, junto a eso, también se ha demostrado, especialmente en estos tres años de empeño negociador de Rodríguez Zapatero, que hay una parte muy importante de la sociedad española que está dispuesta a resistir no solamente a los embates de los terroristas, sino a lo que en otro orden de cosas en más grave: a un Gobierno, a un presidente, que ha mostrado con creces, y me temo que sigue mostrando, su disposición a negociar y a pagar un precio político por la paz.Ermua es en estos momentos más necesario que nunca, porque es imprescindible la fortaleza moral de una sociedad para no claudicar, para resistir, para apuntalar el proyecto de esa España constitucional -que ETA tanto odia y que siempre ha querido destruir- que pasa por momentos muy delicados, por la irresponsabilidad de algunos y la pasividad de otros.El espíritu de Ermua sigue siendo necesario para mantener la memoria, la dignidad y la justicia hacia las víctimas del terrorismo. Ermua es un grito de libertad para todos aquellos conciudadanos nuestros del País Vasco que no pueden disfrutarla plenamente; Ermua tiene que significar un apoyo y un estímulo para personas tan admirables como la nueva alcaldesa de Lizartza, Regina Otaola; Ermua representa lo mejor de España y de los españoles que no están dispuestos a doblegarse ante los terroristas; que quieren la derrota de ETA desde el Estado de Derecho y no la negociación.Ermua es, en estas horas, una gran marea de calor y de solidaridad humana que quiere estar muy cerca, compartiendo la pena y el dolor de Consuelo, Miguel y Mari Mar, los padres y la hermana de Miguel Angel Blanco.
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