AL ABORDAJE
Los minutos de la basura antes de la dispersión estival todavía alcanzan para que vuelva Bono con el velcro de su jota y la tiesura de banderillero que alguna vez soñó con no ser sólo un hombre de plata.'Zetapé' hace fichajes para vitaminarse, como Super Ratón. Para enviar una prueba de vida que evite que el Gobierno entre en el mes de septiembre con síntomas de catalepsia y demasiadas jornadas vacías de contenido por atravesar. Al estrenarse con su petición de un Nobel para el presidente, Bernat Soria ha malogrado su distante prestigio académico y ha dejado la sospecha de que será a Zetapé lo mismo que Smithers al señor Burns. Pero, con Bono, Zetapé no contrata un pelota. Contrata una coartada. Un torito de Osborne con el que hacerse perdonar por esa parte del electorado socialista que jamás aceptó que todo aquel que se negara a enviar rosas blancas a De Juana era por definición un miembro de la derecha más extrema.Ésta será la segunda vez que José Bono se deja desactivar con la promesa de un cargo. Si los principios de los que tanto se ufana con una jerga de patio de armas fuesen más sólidos que su gula de poder, habría sido capaz de soportar el mismo ninguneo que Rosa Díez y la misma soledad del repudiado con tal de ofrecerse como cabeza visible de un socialismo alternativo.Uno que no masacrara los principios fundacionales de la democracia actual para pactar con los nacionalismos los cimientos de un Régimen con vocación de perpetuidad. Uno que no consintiera que el PP se definiera como último refugio para aquellos que no entienden la vida política como un modo de relegar más allá del cordón sanitario a millones de ciudadanos que no merecían un intento de aniquilación civil para que su espacio lo ocupara Otegi con todos los salvoconductos del hombre de paz. Uno que no obligara a personajes como Savater a experimentar con aventuras políticas porque de repente pasaron a sentirse incómodos bajo las siglas que siempre les prolongaron y les dieron cobijo.Bono pudo haber sido el hombre alrededor del cual se levantara ese otro socialismo en el que creen Rosa Díez y los militantes no cegados por la disciplina de partido, ni por los beneficios de las prebendas, ni por la superstición de la derecha cavernaria que estaría agazapada para devolvernos al 36. Pero otra vez va a dejarse sobornar por una cuota ínfima de poder personal y de protagonismo en el escenario a cambio de la cual sólo habrá de prestarse a servir de coartada electoral para Zetapé.Si alguien creyó que, más allá de los asuntos personales, en su dimisión como ministro había un poso de dignidad ante los principios agraviados, ahora sabe que tan sólo era palabrería. Como siempre, tratándose de Bono, quien siempre se las arreglará para no coincidir con Rosa Díez en el exilio interior. Otro profesional de la supervivencia.
@FIRMA:DAVID GISTAU
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