LA LUCHA ANTITERRORISTA: Las últimas operaciones contra ETA
Hace tres años por estas fechas, el dirigente de ETA Garikoitz Aspiazu, Txeroki, fue sometido, literalmente, a un consejo de guerra por varios de sus compañeros en la cúpula de la banda terrorista. Se le juzgaba por elaborar un documento en el que se mostraba extremadamente duro con los que habían sido jefes de los comandos de ETA, a los que acusaba de realizar "a la ligera" la planificación de atentados, de no tener en cuenta las opiniones de los miembros de las células etarras, de caer "en el coyunturalismo".
El documento provocó una crisis dentro de ETA, aunque no trascendiera al exterior, por lo que Txeroki tuvo que comparecer ante un "tribunal" formado por otros cinco dirigentes de la banda ante los que justificó su actuación en que "tenía necesidad de hablar y reventó". Alegó que había escrito sus críticas "en un mal momento" y que la causa de tal comportamiento había sido la "falta de ekintzas"(atentados). La falta de atentados invocada por Txeroki estaba plenamente justificada por el descenso de la actividad terrorista de ETA en los dos años anteriores: en el 2002 y en el 2003 el nivel de actividad etarra, tanto por número de atentados como por víctimas mortales, había sido el más bajo de los treinta años anteriores.
Ahora Aspiazu ocupa el puesto de aquellos a quienes criticaba en el 2004 y si aplicara el mismo nivel de exigencia que planteaba entonces posiblemente tendría que flagelarse. Desde hace tres meses, los cuerpos de seguridad han mostrado una gran eficacia en la lucha contra ETA y gracias a ello todavía no se ha hecho efectiva la ruptura de la tregua con que nos ha amenazado la banda terrorista.
Ayer fue en Santander, en el norte, donde el Cuerpo Nacional de Policía abortó la infiltración de un terrorista, pero hace unos días fue la Guardia Civil en Ayamonte, el último rincón del sur, la que puso en fuga a otra célula etarra y se incautó del material con el que iba a cometer atentados.
Txeroki y sus lugartenientes lo han intentado de todas las formas posibles: han tratado de infiltrar a sus pistoleros por el punto más mediterráneo de la frontera, Portbou, y por el extremo casi cantábrico de Valcarlos, sin éxito en ninguno de los dos casos. Han enviado gente a Inglaterra y a Portugal para que pasaran luego a España por accesos insospechados y han sido detectados.
Unas veces ha sido el buen hacer de las tareas de información lo que ha permitido capturar a los terroristas, como ocurrió hace nueve días en la frontera con Navarra o con la captura del comando Urederra en marzo; otras veces, como ayer en Santander, el éxito hay que atribuírselo a la existencia de planes de prevención que han colocado agentes en el lugar adecuado. No es la casualidad la que permite este tipo de detenciones, sino el tener en el sitio preciso policías que saben actuar con profesionalidad en el momento oportuno.
El reconocimiento del buen trabajo que están realizando las fuerzas de seguridad no debe llevarnos a echar las campanas a vuelo porque, como toda sociedad libre y abierta, somos extremadamente vulnerables. Nuestros policías y guardias civiles necesitan tener éxito todos los días para evitar los atentados, pero a los terroristas les basta con tener éxito en una sola ocasión para consumar sus propósitos.

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