James E. Buchanan, antikeynesiano confeso y padre del neoliberalismo, dice que «un individuo no es otra cosa que un conjunto de preferencias o, en otras palabras, una función de utilidad». Buchanan, Premio Nobel de Economía en 1986, fue un observador agudo de las primeras grietas que comenzaban a socavar el estado de bienestar. No creía en la fábula popular que presentaba a los electores de su tiempo, como un credo de cohesión social, la existencia de un supuesto interés general. Ya en 1957 definía a los votantes como «buscadores de rentas», trasponiendo a los procesos electorales la conducta de los agentes económicos en los mercados privados, es decir, la consecución del máximo beneficio individual. Por su parte, los partidos políticos siguen idéntico comportamiento -son también buscadores de rentas- en la persecución de un simple beneficio privado que logran (naturalmente, sólo los ganadores) al apoderarse de los organismos públicos.Buchanan subestima el talento de los políticos (nos sacan de los bolsillos los impuestos menos indoloros, generalmente los tributos indirectos que forman parte de los precios, por lo que no tenemos clara conciencia de su impacto real), pero su enfoque sociológico no se aparta demasiado de la realidad. En una época como la actual -hipnotizada por «el fetiche del crecimiento», en palabras de Clive Hamilton- ¿quién no propone la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio, como hizo ayer Mariano Rajoy en su discurso ante los miembros de la Asociación para el Progreso de la Dirección? El Presidente del Partido Popular se unió, en este asunto y sin que sirva de precedente, a las voces que desde hace tiempo insinúan esta eliminación fiscal en los cenáculos de La Moncloa y en el viejo caserón del Ministerio de Economía y Hacienda. Rajoy también insistió en las reducción de los tipos del IRPF (situando el mínimo en el 12% y el máximo por debajo del 40%, frente al 24% y al 43% actuales), tirando a la baja respecto a la previsible oferta del PSOE en las próximas elecciones generales, que en todo caso irá en una dirección parecida, aunque, desde el Gobierno, será lógicamente más realista. Y el dirigente conservador igualmente prometió la supresión del Impuesto sobre Operaciones Societarias, la del Impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados y una reforma del Impuesto sobre las transmisiones patrimoniales onerosas, una oferta que me parece muy poco respetuosa con las haciendas de las comunidades autónomas, a las que pertenece el rendimiento de estos tributos en su totalidad. Rajoy cerró el círculo virtuoso con su propuesta de reducir los tipos del Impuesto sobre Sociedades.No se puede hablar de derecha cuando la izquierda ha sido barrida del mapa político. Sólo en este sentido existen dos derechas en alternancia, la del PSOE y la del PP. Pero a las dos les cuadra perfectamente esta marca electoral respecto a dos piedras de toque elementales: su poca preocupación por las rentas del trabajo (las que sostienen los presupuestos, a pesar de su decreciente participación en la tarta de la globalización) y su exclusivo enfoque nacional, de orden público, sobre la tragedia de la inmigración.

Félix Bornstein es abogado.

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