La Coctelera

Reggio

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10 Julio 2007

Vuelve el latín, de Manuel Hidalgo en El Mundo

A CONTRAPELO

Benedicto XVI va a devolvernos la misa en latín, sacra medida que constituye un acierto total y que nos alegra un montón a quienes cursamos en aquellos tiempos el bachillerato de letras a base de traducir La Eneida y La Guerra de las Galias. El latín no es como nadar y montar en bicicleta, que nunca se olvidan, y resulta que ya teníamos el clásico idioma un poco oxidado por falta de práctica. Esperamos que el Papa tenga pronto alguna idea brillante respecto al griego, que también lo tenemos un poco hibernado, y que podría aflorar en algún aspecto de la liturgia, por la cosa del ecumenismo y como detalle de acercamiento a los hermanos ortodoxos.La idea de Pablo VI de decir la misa en las lenguas locales para facilitar la comprensión de los fieles estaba llena de buena voluntad, pero el misterio es el misterio, y la gracia del misterio está en que no se acabe de comprender del todo, en que conserve sus veladuras y su sabor de lejanías, razón por la cual también sería de agradecer que volviera el gregoriano y fueran retirando las guitarras y las canciones ye-yés de las iglesias.Esta iniciativa del Papa agradaría mucho a Buñuel, por ejemplo, y a todos los ateos y dudosos ilustres y cultos que se quedaron un poco cortados cuando a los curas se les empezó a entender todo, bien entendido que entonces comprobaron que todavía se les entendía menos o que no había nada que entender.El aprendizaje del latín despeja y agudiza la mente -como sucede con las matemáticas-, de manera que, si se exige más latín en los seminarios, los curas futuros van a salir más listos y espabilados, que buena falta hace.Item -yo voy practicando-, el regreso del latín a los templos es una excelente compensación de la burricie de los sucesivos gobiernos que han dejado el estudio de las lenguas clásicas en un estado irrisorio. Nuestros pobres estudiantes no aprenden una palabra de latín ni de griego, y entre el castellano de móvil y un mixto de lengua vernácula -si procede- e inglés de videojuego salen todos del colegio perfectamente convertidos en analfabetos funcionales y audiencia de televisión y cine americano, lo que viene a ser lo mismo. Con un poquito más de latín, igual hasta salvamos a la siguiente generación sin necesidad de poner toda la carne en el asador de Educación para la Ciudadanía. Con el latín es verdad que no se llega muy lejos, de momento, pero se deja de ser un zopenco en el acto, lo cual, hoy en día, sin duda es ir demasiado lejos para los que quieren reducir al ciudadano a la condición de público.Y, hablando de televisiones, Luis Fernández no tendrá más remedio que retransmitir la misa del domingo en latín, por lo que este pequeño espacio se convertirá de repente en, prácticamente, el programa más culto de la televisión pública -y no digamos de las otras- fuera del horario de madrugada y de las horas de sueño profundo o de insomnio pernicioso, lo cual constituirá una mejora todo lo colateral que se quiera de la cochambrosa parrilla. Por todo ello, Laus Deo.

@FIRMA:MANUEL HIDALGO

© Mundinteractivos, S.A.

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