EL RUNRÚN

A principios del siglo XXI, un nuevo tópico se está haciendo un lugar en el panteón de ideas comunes: el de los estudios científicos que desmienten tópicos. Éste parece ser el único destino posible de los investigadores que aspiran a obtener eco mediático. El último tópico desmentido salió la semana pasada en la revista Science y de ahí saltó a muchos medios de comunicación: un estudio establece que hombres y mujeres pronunciamos una media de 16.000 palabras al día. Es decir, que el supuesto contraste entre la locuacidad (insustancial) femenina y el laconismo (práctico) masculino no existe. Para establecerlo, los investigadores dedicaron su precioso tiempo a transcribir horas y horas de cháchara entre 396 estudiantes universitarios estadounidenses y mexicanos. Pues qué bien. De entrada, lo leí con alivio. Pensé que, por fin, la ciencia me rescataba de una cierta zozobra identitaria. Nunca he contado las palabras que pronuncio en un día normal, pero no me extrañaría que mi sinhueso pulverizase todas las marcas. No son pocos los amigos, conocidos y saludados que me llaman Màrius Xerra. Jamás me planteé dejar de hablar por los codos sólo porque los sabelotodos de turno dijeran que eso era "cosa de mujeres", aunque, por decirlo con Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco,soy un hombre (nadie es perfecto, ya ven). La ciencia, pues, restablece mi adscripción genérica. Ya puestos, pediría otro estudio sobre los porcentajes de hombres y mujeres que sabemos hacer más de una cosa a la vez.

Al releerlo, me dije: ¿qué credibilidad científica tiene medir la producción verbal en palabras en vez de hacerlo en sílabas? Una sílaba es un golpe de voz de longitud comparable. Prueben a pronunciar las sílabas "bron" y "ca" seguidas y lo comprobarán (aunque mejor que no las alteren de orden si no quieren que la bronca pase a mayores). Ahora pronuncien "no" y "anticonstitucionalmente". Ya sé que se trabaja con medias, pero en la era digital los textos han dejado de medirse por palabras. Las unidades de longitud son los caracteres (3.250 en el caso de este runrún).Más grave aún me parece que Science (y por ende, sus altavoces) se conformen con una población tan connotada. Si no tenían capacidad para moverse de su universidad, ¿por qué no lo completaban con el personal subalterno: personal de limpieza, cocina, administración, transporte, seguridad...? Reducirlo a universitarios implica una predeterminación latente hacia la igualdad de resultados que al final se ha dado. Huele a tongo. Puede que no saber si las bedeles hablan más que los bedeles no importe demasiado. De hecho, reconozco que a mí me importa un pimiento, pero es un pimiento cuyas dimensiones coinciden en importancia con las del que se me aparece cada vez que releo el estudio de Science.¿A qué viene esa obsesión de comparar siempre a hombres con mujeres? ¿Es que no hay otros ejes de contraste? La verdad, ya puestos a conocer datos idiotas, me interesaría más saber si le da más a la sinhueso un finés políglota o un ecuatoriano monolingüe, un multimillonario o un mileurista. Si se habla más en el campo o en la ciudad, en el Liceu o en el Auditori, en los prostíbulos de la zona alta o en las multisalas del sexo, en las tribunas del Camp Nou o del Bernabeu.