La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, afirmó este fin de semana en una entrevista publicada por el diario El Mundo que el PP debería ofrecerle al PSN la presidencia de la Comunidad Foral de Navarra. Y se armó la que se armó. Bueno, se armó porque a Miguel Sanz, que en ocasiones –demasiadas- le pierde la imprudencia, soltó ayer por la mañana sapos y culebras respecto de la presidenta regional de Madrid. Y el caso es que lo dicho por Aguirre, bien pensado después de una lógica sorpresa inicial, tiene mucho sentido común, muchísimo. Sobre todo si de lo que se trata es de salvar Navarra de un destino fatal. Porque, vamos a ver, ¿qué es lo que importa aquí? O, dicho de otra manera, ¿para qué han votado los navarros a UPN, sino es para evitar que triunfe el afán anexionista de los independentistas de Nafarroa Bai?

Este es el quid de la cuestión, y si realmente Miguel Sanz –porque yo estoy seguro de que mucha gente en UPN piensa como Esperanza Aguirre- quiere evitar que Navarra corra ese riesgo de dejar de ser Navarra, lo mejor que podría hacer es, en efecto, pactar con el PSN y cederle a Fernando Puras la Presidencia del Gobierno Foral. De esa manera, supuestamente, desactivaría el presunto pacto entre socialistas navarros y anexionistas de Na Bai que, según parece, está más que firmado a falta de algunos flecos que no van a ser obstáculo para que la unión de estas tres fuerzas de la izquierda le arrebate el gobierno a la derecha regional pese a haber sido la fuerza política más votada.

Pero es que, ademas, la propuesta de Esperanza Aguirre encierra mucho de estratagema política y si Miguel Sanz tuviera dos dedos de frente se daría cuenta de la idoneidad de tal oferta. Aguirre parte del convencimiento, bastante generalizado, de que el acuerdo entre socialistas e independentistas ya está hecho, que está hecho desde antes de las elecciones, y que ni el resultado de las mismas ni la ruptura de la tregua por parte de ETA han modificado un ápice este hecho, a pesar de que incluso en el PSOE haya quienes han defendido la bondad de que sea al revés, es decir, que el PSN deje gobernar en minoría a UPN. Pero por razones electorales, claro, conscientes de que el pacto con Na Bai, como reconocía hace poco en la intimidad un dirigentes socialista, les quita tantos votos como lo de De Juana. Pero Rodríguez es Rodríguez y ha defendido el pacto con los anexionistas contra viento y marea, y a mí me dicen que ya hay hasta fecha para la investidura de Puras: el próximo 17 de julio, con los votos de Na Bai.

Eso significa que la probabilidad mayor es la de que, incluso cediendo al PSN la Presidencia, el PSN se vea obligado por sus pactos con Na Bai a rechazarla, lo cual le proporciona a UPN y al PP una mayor solidez en sus argumentos y, sobre todo, cuestiona seriamente la voluntad de Rodríguez Zapatero de no volver a plantear en ningún caso una nueva negociación con ETA. Es obvio que no la tiene –en caso contrario se habría retirado la moción del Congreso que le autoriza a hablar con la banda-, pero hacen falta más evidencia de que esto es así. Por lo tanto, lo más probable es que Puras rechace una oferta semejante, lo que deja, reitero, a UPN y al PP en una posición privilegiada en el debate sobre la lucha antiterrorista. Un debate que, aunque Rodríguez quiera excluirlo de la campaña electoral, inevitablemente va a estar presente.

Existe, sin embargo, la probabilidad, más remota, de que el PSN se avenga a negociar. Lo que propone Aguirre tiene también bastante sentido en este caso, puesto que la generosidad de UPN tampoco tiene porque ser ilimitada. Se trata de ofrecer al PSN la Presidencia y alguna consejería menor, reservándose UPN las más importantes, entre ellas la de educación, de manera que se evite cualquier intento de asomo de ideas anexionistas o de defensa de la estrategia del apaciguamiento –es decir, la de la negociación- que en el futuro pudieran estar presentes en la sociedad navarra. Que UPN se reserve en esa negociación las consejerías clave parece lo más sensato si cede la Presidencia al PSN, y sería muy poco razonable que el entorno mediático y político de los socialistas lo criticaran, puesto que la generosidad de ceder la Presidencia supera, con creces, la que tendrían nunca los socialistas hacia el PP. Con todo, y precisamente por la reserva que haría UPN de esas consejerías clave, lo más probable es que el PSN rechazara la oferta, dejando de nuevo en el mejor lugar a los regionalistas.

Hay una última posibilidad, la de que también en ese caso el PSN acepte la propuesta. Pero entonces cabría alegrarse por Navarra y por los navarros porque, en definitiva, ese debe ser el objetivo último de todo representante político: servir a quienes le han votado, y a todos los ciudadanos a los que gobierna. Si es evidente que los navarros no quieren formar parte de Euskal Herria, lo mejor que podría pasar es que ese acuerdo llegara a formalizarse y evitar cualquier destino fatal a la Comunidad Foral. Además, por la experiencia, ese tipo de acuerdos acaban haciendo que el partido que ha sido más generoso, es decir, en este caso UPN, vea mejorar sustancialmente sus resultados en las siguientes elecciones, y sería muy factible pensar que en 2011 los regionalistas obtuvieran mayoría absoluta, y sin necesitar a nadie para gobernar.

La lógica, y la estrategia política, dicen por tanto que ofrecer la Presidencia de Navarra a Puras tiene muchas más ventajas que inconvenientes. Pero Miguel Sanz parece no entenderlo así. No se lo que opinan en Génova 13. Ayer, Ángel Acebes intentó eludir un pronunciamiento claro sobre el debate abierto por Aguirre, por lo que nos quedamos sin saber lo que realmente opinan en la sede del PP. Me consta que la opinión de Aguirre suma adeptos, sobre todo entre quienes quieren que la verdadera actitud del PSN y de Rodríguez quede al descubierto. Sería bueno, desde luego, que en la Dirección del PP tomaran nota e hicieran una reflexión seria sobre este asunto, en lugar de dejarse llevar por los exabruptos de Miguel Sanz. Pero ya veremos.