CANELA FINA
'Las brujas de Salem'
Antes que nada, la dirección. Alberto González Vergel ha volcado toda su sabiduría teatral sobre Las brujas de Salem, una comedia que está todavía friéndose en la sartén. A él se debe en parte sustancial el éxito de la versión que triunfa en El Español. Tenía yo poco más de veinte años cuando asistí al estreno de Las brujas de Salem, con dirección de José Tamayo, todavía joven pero ya en su ronca madurez creadora, que no acertó a ver, vaya usted a saber por qué, el alcance de la obra de Miller. González Vergel, bien ayudado por Julián Escribano y un excepcional montaje escenográfico de José Miguel Ligero, ha hecho un trabajo de dirección impecable.Carmen Bernardos, a la que sigo desde que era una niña, me emocionó con su interpretación de Rebecca Nurse. Buero Vallejo se hubiera sentido orgulloso de los matices con que Victoria Rodríguez adorna a Ann Putnam. Juan Ribó, Manuel Gallardo, Sergi Mateu -espléndido en el papel de John Proctor- José Albiac, Marta Calvó, Lia Chapman y otros varios actores y actrices han entendido la dirección de González Vergel y se han plegado a ella como la piel al músculo.Y María Adánez. Yo creí que no era capaz de hacer lo que hace porque la había visto en algún intento anterior. Saltar de la alegre popularidad de la televisión a las tablas de un teatro como El Español es una pirueta de circo. María Adánez, que tiene muchas cosas que aprender, no sólo hace lo que sabe sino que sabe lo que hace. González Vergel la ha dirigido en el gesto, la expresión corporal, la dicción, el movimiento escénico hasta hacer de ella un éxito de interpretación, en ese personaje incierto y malvado que es Abigail.La crítica especializada ha señalado los defectos de estas brujas de Salem. No voy a entrar en ellos porque el balance con los méritos resulta altamente positivo para la obra. McCarthy es una página pasada de la reciente historia norteamericana. No hay ya caza de brujas en el gran país de Poe y de Whitman. Hay guerras y atrocidades pero la tolerancia es un hecho social conquistado.Arthur Miller se basó en un episodio real sucedido en Salem en 1692 para denunciar el fanatismo y la intolerancia de una etapa norteamericana agobiada por el fulgor de un obsesivo anticomunismo sólo comparable con el desatado por el dictador Franco en España. Liquidada aquella circunstancia histórica, Las brujas de Salem es una comedia que sigue viva. En eso consiste el gran teatro, en superar la anécdota del momento. La obra de Miller es ya un clásico que González Vergel ha sabido inundar de modernidad para el público nuevo.El fanatismo, la intolerancia, los despropósitos, la violencia, la crueldad, forman parte de las permanentes pasiones humanas. Al llevarlas a escena, Arthur Miller seguramente no pensó que podrían aplicarse en la España libre de la Monarquía de todos, a una banda terrorista y a ciertos partidos nacionalistas que la apoyan o justifican, emponzoñando la vida del país. Al final, porque la Historia, aunque sea en zigzag, avanza siempre hacia la libertad, los fanáticos, los ultras, los intransigentes, serán derrotados por los que han querido construir la sociedad sobre el juicio justo y la decisión democrática.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
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