La desaparición de la bipolaridad ha propiciado una nueva carrera armamentística auspiciada por la 'guerra contra el terror'

Con la escalada de tensión diplomática entre Rusia y EEUU por el controvertido proyecto de la Casa Blanca de instalar un escudo antimisiles en Europa del Este, los nostálgicos de la Guerra Fría tienen razones de sobra para alegrarse y recordar los viejos tiempos. La implosión de la Unión Soviética y sus satélites a comienzos de los 90 fue saludada con entusiasmo en los dos bloques, como si del alba de una nueva era de paz permanente se tratara.Sin embargo, la última década ha dejado claro que la desaparición de una llave de lectura bipolar en la geopolítica planetaria, con todo lo que ésta conllevaba en términos de ponderación diplomática y equilibrio militar, ha propiciado el comienzo de otra carrera armamentística, en una nueva y más inestable etapa caracterizada además por el auge del terrorismo islamista.Según un reciente informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en el periodo 1997-2006 el gasto bélico anual ha subido un 37% en total. «Esta cifra se calcula en términos reales, es decir, sin tener en cuenta la inflación», explica a este periódico el investigador Petter Stalenheim, añadiendo que el dinero empleado en este sector «equivalió el año pasado al 2,5% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial», hasta llegar a unos 890.000 millones de euros, una cifra casi 60 veces mayor que el presupuesto de la ONU para misiones de paz. Se trata de un incremento del 25% desde 2001, el año del 11-S.En este sentido, aquí como en otros terrenos, EEUU marca tendencias. El incremento de los recursos destinados al Pentágono hace que el país norteamericano acapare aproximadamente el 43% del gasto militar mundial. Muy de lejos le siguen Rusia, Reino Unido, Japón y Francia, con presupuestos bélicos que corresponden a entre el 4% y el 6% del total. Según datos del lobby pacifista Friends Committee on National Legislation, el 41% de los impuestos recaudados por Washington se emplea en la actualidad para actividades bélicas. EEUU y sus aliados llegan a gastar juntos casi las tres cuartas partes del dinero destinado en el mundo a fines armamentísticos, aunque la UE es una de las pocas zonas donde este tipo de financiación se encuentra en franco retroceso.Pero la guerra contra el terror de la Casa Blanca no es el único factor decisivo en el aumento del gasto militar. Hay que tener en cuenta asimismo el encarecimiento de recursos naturales como gas y petróleo, algo que ha permitido llevar a cabo mayores esfuerzos armamentísticos a países como Rusia y Arabia Saudí.Por otro lado, también el importante crecimiento económico de los gigantes asiáticos ayuda a explicar por qué el gasto militar está a punto de alcanzar el nivel de los últimos años de la Guerra Fría, cuando empezó a caer y no volvió a subir hasta 1997.A este escenario hay que añadir el aumento del número de militares en el mundo -uno por cada 200 personas en 2005- y del comercio de armas, que ha crecido en un 50% desde 2002 a 2006, siendo Washington y Moscú los mayores exportadores, y Pekín y Nueva Delhi los que más importan. «EEUU y la UE siguen suministrando una gran cantidad de armas a Oriente Próximo, aunque saben que es una región muy inestable», comenta el analista del SIPRI Siemon Wezeman..Arsenal atómico.Se opone a la tendencia general el arsenal atómico, que está siendo gradualmente desmantelado, aunque siguen existiendo unas 27.000 cabezas nucleares en el mundo, según un estudio presentado recientemente en Madrid por el ex inspector de la ONU en Irak Hans Blix, quien alerta sobre el fracaso de las últimas conferencias de no proliferación y el riesgo de que este tipo de armas caiga en manos de actores no estatales.A este nuevo escenario post Guerra Fría se añade la irrupción de la amenaza terrorista como fenómeno global y la multiplicación de conflictos asimétricos, como la guerra entre Israel e Hizbulá del pasado verano o los combates entre las tropas lideradas por EEUU y los grupos insurgentes en Irak y Afganistán. Gary Schmitt, analista del American Enterprise Institute, advierte que ganar en este tipo de contiendas «no es una simple cuestión de dinero, sino también de estrategia».Pese a estos nuevos fenómenos, el número de conflictos ha ido menguando a partir de 1998, según un informe de la Escola de Cultura de Pau (ECP), que cifra en 13 las guerras libradas en 2006. Sin embargo, los últimos años han visto desarrollarse graves crisis diplomáticas, como los desafíos atómicos de Teherán y Pyongyang. Además, el hecho de que Moscú haya recuperado en los últimos meses su retórica desafiante hacia Washington ha vuelto incluso a agitar el fantasma de la Guerra Fría, un periodo histórico que todavía es objeto de interpretaciones encontradas entre los analistas.Así, Stephen Biddle, del Council of Foreign Relations de Washington, subraya que, antes de la caída del Telón de Acero, el aumento de la tensión diplomática fue acompañado de un nivel de actividad bélica relativamente bajo. Y añade: «Puesto que no vamos a tener otro sistema bipolar en breve, la incidencia de la guerra en el mundo actual está destinada a superar la que se registró durante la Guerra Fría aún por mucho tiempo».

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