Vamos a pedir a Zaplana, que tanto habla de las actas de negociación con ETA, que nos entregue las actas de sus conversaciones con el Pocero de Seseña —suponemos que las de Terra Mítica ya las habrá perdido—, porque esas actas, que seguramente redactó el tal Sánchez, como secretario y gran coordinador, provocarían un gran contento e interés en el público general. Vamos a ver qué dicen las actas de los encuentros de Zaplana con Paco el pocero de Seseña, y si en ellas aparece la entrega al mandril Losantos de la COPE de alguna donación para sus andanzas de Internet.
Luz y taquígrafos, pues, para todos. Queremos las actas de los encuentros de todos: Pedro J. con Zapatero, de la bronca, por los derechos del fútbol, de Roures con Cebrián, de las reuniones coordinadoras de la conspiración del 11M, que son las mismas que tratan del apuñalamiento de Rajoy en la sede central del PP, a manos de Acebes en el papel de Bruto. Como queremos las actas de los apoyos financieros de las fundaciones del partido de Bush a FAES y las cuentas secretas de los fondos de las islas Caimán.
Queremos todas las actas. También las de la intriga secreta de Barroso en la Moncloa para colocar a su Carme Chacón del alma en el Gobierno de la nación, al lado de Rubalcaba, y las del último encuentro supersecreto entre Duran Lleida y Zapatero, donde se pactaron las resoluciones del debate, y donde el presidente, otra vez, engañó a los de CiU, prometiendo al catalán el Ministerio de Moratinos en la próxima legislatura, que está al llegar.
Venga las actas de una vez, que los españoles no nos chupamos los dedos. Que desembuche Antich el pacto sibilino con la banda del Bloc sobre la piscina de Pedro J., que se ha convertido en asunto de Estado y de interés nacional, porque según todas las noticias, la famosa piscina pronto será declarada parque natural por el Gobierno balear. Y queremos las actas de la compra por Matas del palacete de Mallorca, y los contratos de compraventa de los chalecitos de Altea de la pandilla de Zaplana. Y las listas de los comilones del periodismo que visitan habitualmente a Zapatero y que luego lo llenan de elogios en el debate de la nación, sin tocarle un pelo, y riendo tan contentos las mentiras que repite, sonriente, el presidente, y sin cesar.
Venga las actas, las de ETA y todas las demás, las de las seguras intrigas de Bermejo, que las habrá, en el Tribunal Constitucional, y también las de la negociación triangular que se habrá celebrado en la Moncloa a petición de las gentes de Polanco para que los de La Sexta compartan el fútbol y ni se atrevan a sacar un nuevo periódico —El Público— nacional, en el ámbito del diario El País, ni aunque sea de contenido popular. Menudo es don Jesús del Gran Poder para que le toquen el sombrero —“no hay cojones”, decía tiempo atrás—.
Queremos las actas de todo y de una puñetera vez. Y, a ser posible, antes de las vacaciones que están al caer. Sobre todo las del Pocero con Zaplana, porque queremos saber si está disponible el yate Clara o nos lo podemos pedir para que Anson se dé una vuelta al mundo con Cayetana, antes de que Rodrigo Rato aparezca por Madrid con las del Beri en la mano, porque ya tenemos las actas de otra secreta reunión, con Costa, Montoro y Folgado, el tridente del nuevo desembarco en el PP. Actas, queremos las actas, antes de que Zapatero tome el camino de la Zarcuela y Rajoy el de Santa Pola, y también queremos las actas de los nuevos fichajes del Real Madrid, y de las comisiones, si las hay, porque aquí hay mucho pájaro de cuenta escondido y que se quiere escurrir.

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