El imperio británico hizo a la India un regalo, la lengua inglesa, y a China otro, Hong Kong. Deng Xiaoping, muy consciente de que Hong Kong era una gallina de los huevos de oro para su "política de reforma económica y apertura al exterior", inventó la fórmula "un país, dos sistemas" para preservarla. China y Hong Kong han establecido una simbiosis altamente beneficiosa para ambos.

Hong Kong, sede de la economía de mercado más dinámica y abierta del mundo, es para China la escuela soñada. Sus aportaciones al desarrollo de China han sido decisivas. Ante todo, Hong Kong ha sido el principal inversor directo en China. Entre 1978 y 1985 los dos tercios del total de la inversión extranjera recibida por China procedían de Hong Kong. Hasta 1995, Hong Kong aportó todos los años más del 50% de la inversión extranjera (entre Hong Kong y Taiwán los dos tercios). Luego, sobre todo tras el ingreso de China en la OMC, aumentó la inversión procedente de los países desarrollados. Aun así, en el 2003 un 31,5% de la inversión extranjera en China procedía de Hong Kong.

Para la China maoísta, Hong Kong era la única puerta abierta al mundo, el cauce de su comercio exterior, amén de una gran fábrica de ropa o juguetes. A partir de 1978 Hong Kong empezó a invertir en la República Popular. En la contigua región del estuario del río de la Perla, la principal zona fabril de China, se concentra la mayor parte de esta inversión: 77.000 empresas que en el 2003 daban empleo a más de once millones de personas. En Hong Kong ya no hay apenas fábricas, sino la dirección de las empresas y los servicios de todo tipo (financieros, logísticos, de marketing, etcétera). De este modo, Hong Kong se ha reinventado a sí, mismo, concentrándose en el sector terciario (que supone el 88% de su PIB) y utilizando China como base manufacturera. El modelo creado por Hong Kong es hoy imitado por empresas de todo el mundo.

En el 2005 la Bolsa de Hong Kong era la octava del mundo por su capitalización (1,3 billones de dólares) y la segunda de Asia después de la de Tokio. El 90% de los créditos sindicados de las empresas chinas se hicieron en el 2006 en Hong Kong. De las 1.150 empresas que cotizaban en bolsa, unas 350 eran de la China continental (red chips).Desde el punto de vista logístico, Hong Kong cuenta con uno de los mejores aeropuertos del mundo, el mayor de carga, con un total de cinco mil vuelos semanales. En cinco horas de avión desde Hong Kong se cubre la mitad de la población mundial. Tiene el mayor puerto de contenedores del planeta. Diariamente más de 30.000 vehículos cruzaban la frontera entre Hong Kong y la China continental, el 70%, camiones. Se trata de la frontera más activa del mundo. Más de 200.000 hongkoneses residen en China: proporcionan un capital humano altamente cualificado, son anglófonos y conocedores del mundo. Hong Kong es, por otra parte, una plataforma para empresas internacionales para acometer el mercado chino. Más de 6.500 empresas extranjeras y más de cien bancos extranjeros tienen su sede en Hong Kong.

Hong Kong no recibe del resto de China menos de lo que aporta. Aparte de disponer de una inmensa reserva manufacturera con bajos salarios, de un ingente mercado que conocen como nadie y de vehicular una buena parte del comercio exterior chino, Hong Kong goza de una ventaja política singular: Pekín desea mantener a toda costa su prosperidad para mostrar a Taiwán la eficacia del modelo "un país, dos sistemas", que espera sirva de ejemplo para la reunificación pacífica. Así, China sacó a Hong Kong de la crisis económica en la que se encontraba a principios de este de siglo con la firma del acuerdo para crear una zona de libre cambio entre ambos, el lanzamiento del proyecto para la Integración Económica de la Cuenca del río de la Perla (en el que participan ocho provincias chinas con 450 millones de habitantes), la eliminación de las restricciones al turismo de China a Hong Kong (en el 2004 más de la mitad de los 21,8 millones de turistas que recibió Hong Kong procedían de la China continental y gastaron 11.700 millones de dólares), la decisión de construir el macropuente Hong Kong-Zhuhai-Macao y la autorización a los bancos de Hong Kong para efectuar operaciones en yuanes. La atmósfera económica cambió y Hong Kong volvió a convertirse en un importador neto de capital. Siempre que la economía de la región autónoma especial lo requiera, China acudirá al quite; por ejemplo, autorizando a los chinos a invertir en la Bolsa de Hong Kong o fusionando ésta con la de Shanghai.

China es el mayor inversor extranjero en Hong Kong. En el 2003 había invertido unos 100.000 millones de dólares, un 26% de la inversión extranjera total acumulada. Más de dos mil empresas de la China continental estaban entonces establecidas en Hong Kong, con activos por encima de los 220.000 millones de dólares.

Así, diez años después de recuperar la soberanía, China es el principal garante de la prosperidad económica de Hong Kong, desmintiendo a los muchos que en su día auguraron que la soberanía china significaría la muerte de Hong Kong.

E. BREGOLAT, embajador de España en la RP China de 1987 a 1991 y de 1999 al 2003.