La entera oposición acierta al acusar a Zapatero de haber efectuado el reajuste del Gobierno con vistas electorales. Pero se equivocan al considerarlo una prueba de fracaso, pues en España no se ha encontrado la manera de reactivar un Ejecutivo si no es con esos cambios, o sea, la teatralidad. A los que absurdamente llaman crisis, cuando en sentido estricto sólo lo es a veces; pero la palabreja, convertida ya falsamente en definición de un reajuste, confunde sugiriendo un incendio donde sólo había un fogoncillo de butano. Encima, el propio Zapatero explica que cambia los titulares de esas carteras para alcanzar mejor los próximos comicios. La oposición, luego, mete la pata.

Y a fondo, pues el reajuste parece sensato y no un pegote, como sugiere la contra. Bernat Soria es un científico de prestigio, que investiga la aplicación de las células madre a la diabetes; C. A. Molina, un escritor de fuste y un eficaz gestor cultural; Elena Salgado, dicen que una excelente administradora, que además en Sanidad tomó medidas básicas sin importarle las críticas, como las relativas al tabaco y a la investigación de embriones; y de Carme Chacón no sé nada, salvo que se le burlaban cuando empezó a remolonear por el Congreso, pero he ahí que echó adelante con contenida energía, mientras sus criticones siguen royendo clavos.

A la par, la oposición catalana - aunque, ¿quién es aquí oposición, aliado o Gobierno o Govern?- clama que la remodelación es mala para Catalunya, pues sigue la ministra de Fomento. Y, sin duda, Catalunya padece problemas de ese tipo, pero también otros. Entonces, ¿por qué Soria y Salgado no serán previsiblemente, y no han sido ya hasta hoy, buenos para Catalunya? Las células madre y el tabaco a muchos nos importan tanto o más que otra carretera en Mollerusa. Aunque no a la Generalitat, que dificulta la investigación. En cuanto a Molina, seguro que será mejor que los otros ministros socialistas de Cultura que se han sucedido en este reinado, y además conoce bien la realidad literaria catalana. En lo que respecta a Chacón, con sus compañeros de sensibilidad y origen, como Montilla, han logrado con realismo adecuar el PSC a su marco electoral mayor, incluyendo su entrelazado español.

Y deseo precisar que diciendo todo esto no dedico ningún elogio a Zapatero, salvo el de no haberle visto ahora deslizarse vaporoso como hace a menudo, sino que me limito a constatar los hechos a partir de su naturaleza. En cuanto a invocar Catalunya, también sería de desear que los políticos usaran el nombre con propiedad, pues no haciéndolo muchos echan a muchos ciudadanos de ella, a mí mismo por lo que vengo diciendo.