A FONDO
Lo más significativo, desde el punto de vista político, de la remodelación del Gobierno anunciada el pasado viernes es que despeja todas las dudas sobre un posible adelanto electoral.Quedan, por tanto, ocho meses para los comicios y apenas tres de vida parlamentaria. Corto trecho para poner en marcha nuevas leyes, demasiado para sobrellevar la tensión de una larga precampaña que, por desgracia, estará centrada en ETA.El Debate sobre el estado de la Nación fue un avance de lo que nos espera. Rajoy atacará a Zapatero por haber propiciado con su proceso de paz la vuelta a las instituciones del brazo político de la banda y por haber mentido a los ciudadanos al negar que hubo concesiones políticas en la negociación. La petición de las actas de las reuniones secretas con ETA, de cuyo contenido Gara ya ha adelantado algunos jugosos pasajes, sólo tiene ese objetivo: demostrar que el presidente no ha dicho la verdad.La respuesta de Zapatero se centra en acusar al líder de la oposición de utilizar el terrorismo como herramienta electoral. Algo «inaudito» en democracia, según el secretario general del PSOE.Pero, ¿qué es más importante? ¿La verdad o la utilización política de la lucha antiterrorista?Si volvemos la vista atrás, por ejemplo a lo que ocurrió entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, resulta evidente que el PSOE utilizó el ataque terrorista para ganar las elecciones. Pero lo hizo bajo la justificación de la defensa de la verdad. La frase talismán de Rubalcaba («Nos merecemos un Gobierno que no nos mienta»), se convirtió en el catalizador de la movilización de los votantes de izquierda contra el PP.Para el Gobierno, sin embargo, ahora lo prioritario es el consenso en la lucha contra ETA. La verdad, saber de qué se ha hablado en esas reuniones y hasta dónde se ha cedido para que los terroristas declarasen un alto el fuego, no es relevante. Es, según el PSOE, «hacerles el juego a los terroristas».Pero la argumentación a la que se aferran los socialistas encierra una terrible consecuencia. Finalmente, los autores del 11-M (fueran sólo islamistas o islamistas asesorados o ayudados por otros) lograron su objetivo: acabar con el Gobierno del PP. Pero ello no hubiera sido posible si el PSOE no hubiera aprovechado con habilidad la coyuntura (responsabilizando al Gobierno de lo ocurrido por la Guerra de Irak) para alzarse con el poder. Parafraseando a Arzalluz, unos sacudieron el árbol y otros recogieron las nueces.Zapatero, por tanto, es el menos indicado para hablar de demagogia o de utilización espuria de la lucha contra el terrorismo.Su particular manera de enfocar la negociación ha comenzado a pasarle factura y seguirá teniendo un coste para su credibilidad en tanto que a ETA le interese desgastarle.La información que hoy publica Fernando Lázaro revela hasta qué punto el presidente ha utilizado todos los medios a su alcance para que ETA no rompiera el alto el fuego. Por lo que sabemos hasta el momento, no sólo la fundación Henri Dunant ha estado al tanto de todo, también el Gobierno británico, el Sinn Fein, el Gobierno noruego (que facilitó las reuniones de Oslo) y ahora ¡Cuba! Sólo falta que aparezca Hugo Chávez en escena.Lo peor, con todo, no es que la negociación con ETA se haya divulgado con tan frívola profusión, mientras aquí se clama por el más absoluto respeto a la confidencialidad, sino que, al cabo, la banda ha sacado tajada de todo el asunto.La experiencia, una vez más, ha demostrado que es un grave error abordar cualquier negociación con los terroristas sin un consenso sólido entre el partido del Gobierno y el principal partido de la oposición.Para encarar el proceso con ciertas garantías de éxito, ETA tendría que haber sido consciente de la fortaleza de su interlocutor, edificada sobre la sólida base de la unidad de los demócratas.Por contra, la ruptura del consenso proporcionó a la banda una indudable ventaja de partida.Mientras que ETA ha utilizado el alto el fuego como un mero recurso táctico, el Gobierno ha hecho del proceso la columna vertebral de la legislatura. Es decir, en términos prácticos, la consecución de un acuerdo ha sido mucho más importante para el Gobierno que para los terroristas, que se han planteado esta fase como un medio para lograr concesiones concretas y para rehacer su maltrecha infraestructura.Ni siquiera todo el Gobierno ha compartido la fórmula o el modelo elegido por el presidente. Muchos dirigentes del PSOE, bien es cierto que en privado, también lo han criticado abiertamente.Pero esas diferencias se han circunscrito a la rentabilidad política de determinados gestos. Es decir, si medidas como la excarcelación de De Juana Chaos, por ejemplo, beneficiaban al PP.La mayor equivocación del Gobierno, o, para ser más exactos, de su presidente, ha sido pensar que ETA estaba sinceramente dispuesta a dejar las armas, a poner fin a casi 40 años de asesinatos, sin lograr a cambio cesiones políticas sustanciales.Probablemente no se le pueda achacar al presidente mala fe, pero sí cierta ingenuidad y, lo que es peor, la responsabilidad de haber diseñado una estrategia en la lucha contra ETA que implicaba, de haberle salido bien, un rédito político exclusivo para el PSOE y el arrinconamiento del PP. Hay que recordar que el acuerdo adoptado por el Congreso de los Diputados dando el visto bueno al Gobierno para iniciar negociaciones con ETA fue el comienzo del llamado «cordón sanitario» contra el PP.Sólo desde una perspectiva de Estado se puede derrotar a ETA. Cualquier enfoque partidista está destinado al fracaso. Esa es una de las grandes lecciones de este abortado proceso en el nos encontramos.Es verdad que ETA ha logrado parte de sus objetivos:- Ha conseguido que ANV estuviera presente en las elecciones municipales.- Sus comandos se han rearmado y tienen más capacidad que hace tres años.- Ha roto parcialmente su aislamiento internacional- Ha dado alas a los nacionalistas para que desempolven su programa de máximos (plan Ibarretxe).- Se ha convertido en el centro del debate político.- Tiene en sus manos el manejo de los tiempos en virtud de la comisión de nuevos atentados.Pero el Estado de Derecho es infinitamente más fuerte que ETA. La organización terrorista está destinada a desaparecer sin remedio si la maquinaria del Estado se pone a funcionar con toda su contundencia y con la legitimidad que le proporciona el estar apoyada por la inmensa mayoría de los ciudadanos.ETA debe perder toda esperanza de lograr algún día sus objetivos políticos por medios violentos. Sólo puede aspirar a la generosidad del Estado tras su derrota.Pero, para que ello sea así, es necesario que el PSOE y el PP vuelvan al camino marcado por el Pacto Antiterrorista.Lo visto en el Debate sobre el estado de la Nación, sin embargo, no deja siquiera un resquicio para el optimismo. Si el PSOE sigue prefiriendo el calor del PNV, IU y ERC, lógicamente nunca se enterrará del todo el proceso. Porque ninguno de esos partidos estuvo nunca de acuerdo ni con el Pacto Antiterrorista ni con la Ley de Partidos.Zapatero, por tanto, volverá a intentarlo..
casimiro.g.abadillo@el-mundo.es
@FIRMA:CASIMIRO GARCIA-ABADILLO
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados